Neisy Belalcázar comenta cómo el ejercicio de la política de hace 50 años al día de hoy, pasó de ser un servicio social, a una empresa rentable.

PERFIL

Por: Hugo Andrés Arévalo González

En las calles, o en su casa, cuando es solicitada por las personas que la conocen, quieren o admiran, recibe palabras como: ‘’abuela’’, ‘’mamá’’, o ‘’tía’’, con cariño. A ése llamado oral de cariño, una respuesta corporal majestuosa: siempre que se desplaza, lo hace con elegancia en su porte; su manera de caminar, a modo de una paloma que saca el pecho con la cabeza alta pero sin mirar por encima del hombro a nadie, como si fuera una figura de la farándula, o una protagonista clásica del cine o del teatro, que se  atesora en este tiempo, acentúa su preocupación en el rol actual de las mujeres: ‘’se doblegó la responsabilidad de la mujer porque de ama de casa pasó a empleada, pero eso no significa que pierde la responsabilidad como madre, hermana e hija’’.  En su caso, ese rol de mujer trabajadora del que habla, lo ha  construido desde que era niña: cuidaba de los niños y los vecinos enfermos.  Es tanta su obsesión por servir a las demás personas,  que lo confirma así una de sus nietas, Laura Peña: ‘’ayuda a personas enfermas, así se enferme ella’’.

Cuando se le pregunta sobre el servicio social, los recuerdos a Neisy se le hacen tan vívidos, que cuando habla de las satisfacciones de su trabajo a lo largo de los años, se le dibujan en los ojos y la boca, alegres y tiernos gestos, como los de un niño pequeño cuando se le hace mimos: ‘’me considero la persona más privilegiada de la tierra, porque donde me encuentre siempre estoy recibiendo bendición y agradecimientos’’. Esos logros de los que hoy en día la hacen asistir a muchas casas de conocidos, amigos y familiares, son posibles gracia a las personas a las que ha aconsejado y a quienes de igual manera ha escuchado, estando o no como representante de las causas sociales en la política. Fueron el fruto del trabajo como concejal de Palmira durante siete períodos y, luego, dos períodos como diputada, dedicando así, 16 años de su vida, oficialmente a la política del Partido Liberal. Sin embargo, hace una aclaración: “me considero siempre una libre pensadora; todo menos de derecha. Tampoco la extrema izquierda; yo creo que los extremos no dejan de ser peligrosos’’.

Habría que mirar dentro de la familia de Neisy para ver cómo aplica lo que profesa; una de sus hijas, Luz Stella Mercado, la ve como “una persona correcta, responsable y comprometida en todos los aspectos de la vida’’, y añade, enfatizando que su formación, ‘’incidió en un espíritu solidario y en ir evolucionando en la parte de querer aportar a la sociedad’’. Lleva viviendo con su esposo cerca de 20 años; este hombre, Ulises, nombre de héroe griego, le colabora a Neisy a las seis de la mañana, haciendo el oficio en la casa: dejan las plantas regadas, barren, trapean, hacen el desayuno, lavan los platos, etc. Neisy se preocupa por él y él por ella; se apoyan en lo que necesiten. Tal vez por eso, Ulises la describa como ‘una gran mujer’.

Neisy nació un 2 de abril, y eso la hace pertenecer a las tantas personas del signo del zodíaco Aries, que hace parte de los signos del elemento fuego; tienden a ser personas con un poder de presencia acentuado y generalmente son líderes, sobre todo en los ámbitos sociales. La gente de este signo, nace para brillar y dejar huella. No por nada, el pensamiento y los deseos de esta mujer vallecaucana nacida en Buga, no se quedaron en el aire, y el carácter constante, hicieron posible su realización: ‘’es dinámica; brava, ni se diga’’, como lo cuenta una de sus amigas cercanas, la de casi toda su vida, Mariela Parra.

Durante su ejercicio político logró, estratégicamente, conciliar fuerzas, creando y fortaleciendo junto con otros colegas, distintos espacios para la protección y apoyo de personas en situación de necesidad. Los sitios, evidenciables en la ciudad palmirana hoy en día, son: La Casa de Protección del Menor Nuestra Señora del Palmar (creada en 1967; ubicada en la Calle 31 No.1-16 en el Barrio ‘El Bosque’), donde a niños y jóvenes entre los 7 y los 17 años, se les forma y acompaña en la construcción de sus proyectos de vida; de igual manera, se fortaleció La casa de la viuda, lugar de apoyo a las madres viudas y sus hijos;  el Hogar Santa Cecilia (hogar para huérfanos ubicado en el barrio ‘Villa de las Palmas’). La zona rural tuvo la misma importancia para el desarrollo de centros de formación, por lo que gracias a Neisy y colegas de ése momento, se gestó y amplió la cobertura de los Hogares Juveniles Campesinos, para la preparación  de los niños y jóvenes para un ‘’futuro mejor’’.

La obsesión que comenta Neisy por su compromiso social, se refleja en su trato con las plantas, sobre todo con las de su casa, a quienes trata como si fueran su familia. En las mañana cuando las riega, les sonríe y les habla como si la entendieran: ‘’buenos días, mis bebés, ¿cómo están?’’, comenta su nieta Laura. ¿Cómo están?, les pregunta ella a sus plantas; inquietud que sería necesaria hacérnosla cada uno de los colombianos para que repensemos el papel de la política actual que desde hace 50 años ha ido tomando una dirección distinta a la de su comienzo: ‘’el ideal se quedó atrás y predominó el capital’’, agrega la funcionaria pública con cara de preocupación. La política de hoy es un rompecabezas de otra caja, donde esta mujer, como muchas otras personas, es la ficha que no concuerda, o al menos eso quieren hacer creer en el país. Este rompecabezas de política de otra caja nació como democracia en Grecia para los ciudadanos, que son ciudadanos en la medida en que participen activamente de la construcción de ella. Si se puede generalizar, Colombia sigue siendo un pueblo: alborotado por los partidos de fútbol y dormido en las cantinas.  Si hay una frase de Neisy, que retumbe más que cualquier otra, es el desconocimiento del papel de esa política: ‘’de lo mío (papel en la política en sus años) a lo actual, hay una distancia kilométrica. Significa que en estos momentos yo no sabría hacer política. Desconozco en su totalidad, la modalidad y la forma’’.

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¿Por qué dice Neisy Belalcázar que desconoce la forma de hacer política? La desazón de esta mujer, se da en tiempos, donde por ejemplo, a los congresistas colombianos, con sus millonarios salarios y pensiones, no les alcanza para echarle gasolina a los autos; como lo manifestó el presidente del Congreso, Juan Manuel Corzo en 2011, año en que sus ingresos eran de 16 millones de pesos: “yo ando en un solo carro y me toca meter a tres o cuatro escoltas ahí porque no tengo cómo pagar gasolina de dos vehículos. Y lo digo con sinceridad”. En un intento por medir la pobreza, en el 2011, Planeación Nacional comunicó algo parecido a lo dicho por el congresista Corzo; ésta vez, el alboroto y la indignación nacional se dio  porque el comunicado manifestaba que quien ganara 190 mil pesos por su trabajo, no clasificaba como “pobre”. Para terminar de ejemplificar, el 11 de mayo de 2013, la Corte Constitucional acabó con las pensiones que oscilaban entre 20 y 30 millones de pesos para los jubilados de cargos públicos, para dejarlas a 14,7 millones, que equivalen a 25 salarios mínimos (589.500 mil pesos al año 2013). Estas pensiones o salarios del Congreso con valores astronómicos, que se apartaban –y todavía se apartan- de lo que gana la mayoría de los colombianos: un salario mínimo, o incluso, menos, son la propia vida de uno de los malestares sociales que coinciden con aquel vieja y repetida frase: todo tiempo pasado fue mejor.

A Neisy Belalcázar, le correspondió una época dorada no por el dinero con que el que no se podían lucrar los políticos, sino por el poder al servicio de los ciudadanos, donde el que quería ejercer la política, debía comprar su puesto, y a la vez debía ser  una persona caracterizada tanto por la excelencia profesional como por sus valores humanos, como lo expresa la concejal: ‘’el ideal de la política ha ido demeritándose…anteriormente ocupaba un peldaño o una curul en cualquiera de los puestos colegiados, la persona por excelencia, por su trayectoria, por su capacidad, por su don de gente’’. El reto es ahora de todos los colombianos, para hacer memoria de sucesos que como éste, han dado un vuelco total de sus principios al servicio de, más que un país, la humanidad. Por otro lado, hay que articular la participación del futuro: las juventudes del país dispuestas a repensar el poder como herramienta colectiva y no particular, reconstruir la historia, y recuperar el valor de ser ciudadanos.