LA POSADA ALEMANA, CUENTO CRIOLLO DE UN CAPO

A finales de 1978 a la ciudad arribó un avión, regalo para la capital del Quindío, entregado por Carlos Lehder Rivas, un hombre que a sus escasos 30 años de edad era dueño de un sin fin de propiedades.

El 8 de diciembre de 1981 se inauguró La Posada Alemana. En el acto aparecen, entre otros, Carlos Lehder Rivas y el entonces obispo de Pereira, Darío Castrillón Hoyos. Foto / Archivo

Por / Eliécer Santanilla

“Hotel Posada Alemana, un sitio al que hay que venir, un sitio en el que hay mucho qué ver, mucho qué hacer, mucho qué sentir. Aquí le esperamos.”

Era el texto de una vieja postal que muestra en una pintura al óleo una panorámica de la magnificencia del lugar, una buena forma de empezar a hablar de La Posada Alemana, sin que el genio y la gracia de Carlos Lehder Rivas, su creador, se robe toda la atención.

“Todo sobre Lehder parecería estar escrito, todo sobre el primer gran capo nacional está hecho”. Fue la sentencia de muchas de las personas que traté de consultar; en definitiva, hubiese desistido considerando que estaba renombrando lo ya dicho por todos.

Pero, como tal vez lo dictaría Lehder, hace más de una treintena de años, a algún viejo litógrafo de Armenia, a La Posada Alemana hay que ir, porque hay mucho qué ver y mucho qué sentir.

A finales de 1978 a la ciudad arribó un avión, regalo para la capital del Quindío, entregado por Carlos Lehder Rivas, un hombre que a sus escasos 30 años de edad era dueño de un sin fin de propiedades, entre ellas, se decía, una mítica isla en las Bahamas.

Rivas regresa a su tierra natal lleno de ideas y, sobre todo, con el dinero, genio y la osadía para desarrollarlas, un trinomio único y sin igual sólo creíble en la humanidad del Capo.

 

 

El hotel se había convertido en una obsesionada ilusión para Lehder. “Ilusión”, término prohibido para el soñador, porque su desparpajo y poder hacían que todo fuese posible.

Es así cómo en un lote con una extensión de 4.867 metros cuadrados, en el recorrido de la carretera Armenia-Pereira, se construyó el más completo hotel campestre de toda la región y tal vez del país para la época, un concepto que hoy nos es sumamente familiar, pero que hace 30 años solo podía provenir de su genio visionario.

Tal vez el primer y único hotel temático de Colombia, 16 cabañas, con suite y chimenea cada una de ellas, mobiliario clásico, además de 16 mini cabañas de dos pisos. Zonas verdes, sendero ecológico de seis kilómetros, caballerizas, taberna, discoteca, restaurante de comidas rápidas, restaurante de vedas, comida internacional, cava, vinería, salón de conferencias, tienda de recuerdos, helipuerto y una imponente estatua de bronce del consentido de Liverpool, el exBeatle Jhon Lennon, ídolo musical del capo.

Dos leones en medio del patio principal y muchas aves exóticas, unas domesticadas al aire libre y otras en un enorme domo de hierro.

Cóndores y águilas se sumaban a los atractivos del hotel, que en poco tiempo se convirtió en sitio de reunión de grandes personalidades. Las historias sobre las magnificas fiestas son innumerables, donde participaban representantes de las altas esferas sociales y políticas del país y del mundo.

La Posada Alemana en construcción. Fotografía / Museo Gráfico y Audiovisual del Quindío

Lo más selecto de la escena musical nacional e internacional se paseaba cada fin de semana en el hotel. Fausto, La Negra Grande de Colombia, Leonardo Favio, Camilo Sesto, por nombrar unos cuantos.

“Carlos nos decía, este fin de semana viene tal artista y prepárense que el otro vendrá uno mejor” recuerda, no sin dejar entrever una pícara sonrisa en sus labios, María Mercedes Áurea. Quien fuera administradora de la vinería y del restaurante en su época dorada.

Los domingos se preparaban exorbitantes bufets de comida internacional con que el patrón colomboalemán agasajaba en su día de descanso a la gente de la región.

María llegó a preparar bufet para cerca de mil personas y ni así era suficiente para atender el número de visitantes domingueros.

El león, emblema de un escudo alemán, se encontraba por doquier: en la papelería, la vajilla y en un sin fin de tallas en madera que adornaban el lugar. Fotografía / Eliécer Santanilla

Aún hoy, más de cuarenta años después y con los avances  de la industria turística del departamento, sus parques temáticos y grandes hoteles, no se iguala la magnificencia de la Posada.

“Recuerdo La discoteca John Lennon con lo último en tecnología de sonido del mundo y domótica”, expresa un viejo trabajador que rogó guardar su identidad.

“Cuando tu estabas dentro de la cabina, las luces y el humo cambiaban de color, la pista giraba al ritmo salsa, rock and roll y las baladas del grupo de Liverpool, chicas vestidas de conejitas al mejor estilo de la mansión Play boy excitaban el ambiente del lugar, al fondo… metidas en canastillas un par de beldades se meneaban sexualosamente”. Es solo una de las alegóricas descripciones de las escenas vividas por María en el mágico lugar que aún persiste, mientras sus desvencijadas estructuras se niegan a la completa desaparición. El alma de un lugar que aun sobreviviendo al terremoto de 1.999 lucha contra el sismo de la indiferencia.

“Tristeza me da, mucha tristeza pasar por el hotel… yo que conocí su apogeo, ver unas ruinas que reclaman la intervención del gobierno y de la ciudadanía que con su indiferencia han hecho que la posada sea solo el recuerdo de unos pocos”, enfatiza María Mercedes.

La Posada es un umbral de vestigios de riqueza y de vanguardia, hace unos años celebrábamos con sorpresa la instalación de las primeras escaleras eléctricas en un Centro Comercial de la ciudad, desconociendo que hace casi cuatro décadas atrás Ledher habilitaba un puente eléctrico tan grande que podían usarlo sus caballos, para ir de la estructura principal a un apartado donde cruzando la carretera se encontraban las caballerizas.
Lehder el mágico, como lo denominase una pieza documental sobre su vida, fue un hombre sencillo, pero de ideales. Con una visión utópica y futurista trataba de implantar un estilo europeo en un país tercermundista, su ascendencia alemana, heredada de Guillermo, su padre, se reflejó en el diseño y decoración del hotel. Construcción que  fue su sueño personal y  ensoñación para todo aquel que pisó el depurado adoquín de un paraíso lleno de sorpresas .

Usted se ubica a la orilla de la carretera entre Armenia y Pereira, sobrepasa la entrada del hotel, circundada por dos torres de arquitectura desconocida, blanca y sobria, de tejados color verde, muy lejos del folclórico colorido de la arquitectura de la colonización antioqueña.

Camina una atractiva mampostería de miles y miles de ladrillos apostados milimétricamente uno al lado del otro, que cubren el patio principal y cada uno de los caminos del recinto, pasando por un enorme restaurante de comidas rápidas y tiendas de recuerdos.

Estatua en bronce de John Lennon, obra del maestro Rodrigo Arenas Betancourt. Foto / Cortesía

Hasta el momento el turista desprevenido no tiene nada de qué sorprenderse… puede seguir caminando hasta el parque Jhon Lennon y hacerle una venia a su estatua de bronce con el torso desnudo, asido a una guitarra en actitud de canto a las estrellas.

Probar un exquisito vino acompañado de las más exóticas tablas de queso europeo en la vinería Yesterday, eso sí, con mucho cuidado de no embriagarse porque el recorrido apenas comenzaba. Hay que ir a la taberna Quimbaya estando muy sobrio para apreciar la alegoría prusiana, una talla en madera chanú del maestro O. Londoño H, al  igual que el enchape importado de los baños con cuyo costo, según palabras de nuestro guía, podríamos construir dos suntuosas viviendas.
Caminar hasta el parque Yoko Ono y bajar a la discoteca donde entonces podríamos encontrarnos con la discreta figura del capo en medio de una animada conversación con sus invitados de turno, imaginando pagar la deuda externa  del país y pensando en convertir al Quindío en el departamento más turístico e industrial del occidente colombiano.

Dormir en una cabaña con todas las comodidades para levantarse con la posibilidad de visitar la gastronomía de cualquier lugar del viejo mundo, eso sí, sin descuidar la suculenta comida criolla.

Todo el restaurante estaba decorado con escudos alemanes y una madera rara, impenetrable, que jamás se pintó, y conserva aún hoy su tono natural.

La Posada estaba llena de cuidadosos detalles, jardines, inmensas zonas verdes y perspectivas de grandes progresos como la construcción del pueblo ecológico, un lugar donde no abría cabida a ninguna sustancia contaminante y el camino de Bolívar, un recorrido histórico por lo que fuera el paso del Libertador por las tierras quindianas.

Proyectos que se vieron truncados. Y como en un cuento de hadas o una tragedia homérica donde se derrumban los imperios y se cortan los sueños, la Posada Alemana empieza su camino al olvido.

El narcotráfico, su participación política en el país y el asesinato del ministro de justicia Lara Bonilla, generaron una insistente persecución por parte de las autoridades hacia Carlos Lehder, quien debe huir a la clandestinidad.

Desde allí ve como todo lo que intentó construir se va desmoronando rápidamente, hasta terminar siendo arrestado en 1987, convirtiéndose así en el primer pez gordo del narcotráfico en ser extraditado a los Estados Unidos de América, país donde fue sentenciado a cadena perpetua, mas 135 años; sentencia que  décadas después, afirman los anales de la historia, logró negociar tras ser testigo en 1991 contra Manuel Antonio Noriega Moreno, el “narco  presidente” dictador panameño.

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Aunque por unos años su esposa de entonces se hubiese puesto al frente de su niña mimada, tras iniciarse el proceso de extinción de dominio, la propiedad pasó a manos del Estado y los altos costos de su mantenimiento obligaron a cerrarla.

Los leones fueron reducidos al zoológico de Pereira, las aves volaron al igual que los sueños de un hombre que quería hacer de un pueblo, una metrópolis. También la estatua de Jhon Lennon fue arrancada de su pedestal por un necesitado celador que la vendería al primer postor por su peso en kilos.
La imponente estampa de los leones que adornan las paredes de sus recintos ha sido menguada por la humedad y las polillas.
La maleza invadió lo que fue una de las más suntuosas construcciones de la nación.

Hoy, se sostienen medianamente 16 de las 24 construcciones. Después de tres administraciones desde el 2000, cuando fue ocupado, el manejo se le entregó hace años a Administrar Servicios, que designó once celadores para su custodia.
Tal vez un poco tarde, porque la construcción  ya había sido víctima de la intervención de muchos que quisieron obtener beneficios inmediatos usurpando casi todo lo que se pudiese cargar a la espalda, más tarde un incendio arrasó con lo que quedaba de la vinería y el restaurante internacional.

Una de las construcciones que quedó sin terminar, donde solo se encontraban arrumadas las fotos del consentido del Liverpool y su novia Yoko. Fotografía / Eliécer Santanilla

Luis Fernando Muñoz, testigo de los buenos días y triste doliente de su actual destino, habita en el municipio de Circasia en la casa que le regalaría el capo solidarizándose con un joven trabajador que se mostraba afligido por no tener el dinero suficiente para pagar su deuda de arrendamiento.

Luis Fernando nos habló del maravilloso funcionamiento de La Posada, de su red de comunicaciones, de los exquisitos manjares de la cocina internacional, del dulce amargo del vino, de cómo las paredes de la discoteca eran cubiertas con inmensas fotografías de un cantante extranjero.

“Esas que allí están arrumadas unas sobre otras, son muchas mírenlas”, nos dijo Germán, quien fuese vigilante de la firma encargada de velar por los bienes confiscados por la dirección Nacional de Estupefacientes

Con gracia y como todos nosotros, desconociendo también el verdadero valor de lo que nos mostraba,  pasó  uno a uno los inmensos retablos  que soportaban las fotografías del consentido de Liverpool y su esposa Yoko.

Una serie de fotografías inmensas e inéditas que cualquier coleccionista quisiera poseer hoy son propiedad, en teoría, del Estado; sin embargo, parece que su  verdadero dueño, al igual que del resto de la construcción, es  el abandono, la humedad y la maleza que se apropia con sevicia de cada uno de sus rincones.

Carlos Ledher, Rivas uno de los capos del narcotráfico más importantes en el mundo en la década de los 80; La Posada Alemana, uno de los proyectos hoteleros más ambiciosos en el eje cafetero, ambos son solo historia de un destino que del paraíso se hundió en el infierno del olvido.