LA POSICIÓN POLÍTICA DEL PERFORMANCE DRAG QUEER

 

Un par de tacones, perlas y varias prendas de colores configuran tan sólo algunos de los elementos visuales para salir a escena, para explorarse desde la alteridad del mismo ser que nos habita y nos mueve. Algunas pinceladas en el rostro, varios polvos, horas de trabajo difuminando las sombras y entonces se deja de ser ese personaje del día y se abraza al personaje de la noche, y con un uso elegante y diestro de los tacones se camina hacia la pasarela febril de la calle pereirana.

 

Escribe / Sofía Duque Aristizábal – Ilustra / Stella Maris

Existir es tal vez la decisión más ajena del ser humano, no se pide llegar al mundo y no se sabe la fecha exacta para partir; sin embargo, el sentido y propósito de la existencia misma son la incógnita que desde la antigüedad se ha tratado de descifrar en un mundo con una visión preestablecida de las formas, de las conductas, de las emociones, del cuerpo. Existen unos pocos que a través de sus vidas alteran, rompen o transgreden esa “normalidad” que impone cada época para crear nuevas formas, nuevos lenguajes, nuevos mundos.

 

A estas personas, personas del común, las han llamado a través de los años de muchas maneras: rebeldes, inconformes, vanguardistas, revolucionarios, entre otros; todos con un rasgo en común: ser contestatarios desde su propia visión de la vida y de sí mismos. En ensayo les llamaré artistas, porque es desde las artes vivas y el performance que personajes como Cristhian Camilo Ortiz, conocido como ‘Altocalcifílico ’o ‘Alto’, proponen nuevas subjetividades para desfigurar el género y entender que no existen solo dos polaridades, femenino y masculino, para narrar el cuerpo.

 

Es en esta relación íntima y espiritual con su propio cuerpo, con el descubrimiento de saber quién se es y lo que se quiere, es que Camilo Ortiz construye a ´Altocalcifílico´, su alteridad y la extensión misma de su ser. Tal como un actor cuando sale a escena encarnando a un personaje dentro de una obra, así Camilo encarna a ‘Alto’ y ambos salen a la escena de la calle algunos días con maquillaje y tacones y otros días en jeans y botas tipo militar. Lo que al inicio sería un proceso creativo movido por la curiosidad de la experiencia con los años se convertiría en un estilo de vida que, como él asegura, le brinda cierta libertad y poder frente a las demás personas.

 

Un poder que más tarde desearía compartir con más personas que cómo él, desean explorarse a sí mismas; romperse y romper desde el arte, el teatro, la danza, la música, lo plástico, el diseño. Así, en ires y venires por las calles de Pereira, cuando la noche es el telón de criaturas llamativas, histriónicas, auténticas como ‘Lady Zunga’, ‘La Diva’, “La Caliche” (sólo por mencionar algunos de les drags más populares de la Perla del Otún) Camilo Ortiz conocería a Cristian Rueda, también conocido como ‘Alteridades’ y años más tarde ambos crearían el laboratorio de ALT.

 

Este laboratorio, “concebido como nicho de creación e investigación desde las artes visuales”, y más tarde conocido como la casa Althaus, ha acompañado e inspirado procesos creativos desde hace más de 13 años en Pereira partiendo de lo trans y de la alteridad como ejes fundamentales en su práctica creativa. Así es como durante más de una década la Althaus ha sido una casa y una familia para otros artistas como Susana Cruz o Suma Cruvi (como le dicen sus familiares y amigos) y también conocida como ‘Perla DeGoya’ por su alterego Drag.

 

Antes de llegar a la Althaus, Suma recuerda que su pasión por el drag se remonta a su niñez cuando practicaba teatro, lip sync o fonomímica (como se le conocía en su época al arte de fingir hablar o cantar mientras se reproduce un sonido previamente grabado) y hacía transformismo con ayuda de su mamá: “ella me mandaba a pintar el pelo y todo, entonces yo hacía transformismo por ese lado porque era todo muy histriónico”. Su primera experiencia con el drag la vivió en Buenos Aires, Argentina, donde descubrió que quería conocer más de “esa movida tan bacana”.

 

De ahí que al volver a Colombia, a Pereira, se interesara rápidamente por la movida Drag de la ciudad y terminara por apuntarse al laboratorio de investigación y creación ‘Degenerando el Género’ del colectivo performático de artes vivas ‘Les DeGeneres’ de la Escuela de Artes Vivas de la Secretaría de Cultura municipal en alianza con la Universidad Tecnológica de Pereira (UTP), debido que este laboratorio, tal como ella lo recuerda, abordaba la movida drag desde lo teórico.

 

Así nace ‘Perla DeGoya’, creada a partir de retazos de la misma Suma Cruvi, de aquello que le gusta, que la caracteriza y que la mueve desde su ser y su pasión por la música, el cine y el arte surrealista latinoamericano. Para ella, una artista y una “rebelde y contestataria desde pequeña” es a través del arte que se denuncia aquello que se siente y es a través del drag que se normalizan estos nuevos lenguajes y estas diversidades del cuerpo.

 

Ahora bien, entender el performance drag queer desde lo político es comprender la movida drag desde el arte y el teatro, desde la posibilidad de crear nuevos personajes para una puesta en escena que respondan a la intimidad de cada individuo; y en ese sentido entender que dichas posibilidades no deben obedecer a una dualidad femenina o masculina porque es a través del queer que se reflexiona un nuevo cuerpo, “que se irrumpen subjetividades”. Tanto para Camilo como para Susana, su posición política frente al mundo como performers drag no es otra que ser quienes son y alterar aquello que está establecido a través de su propia propuesta creativa, a veces para denunciar aquello que rechazan, que les duele, que critican; y otras veces para entretener.

 

Tal como lo explica Juana Valencia, performer y licenciada en Artes Visuales de la Universidad Tecnológica de Pereira, el performance es esa provocación entre la forma y el cuerpo, que no busca incomodar sino más bien, señalar la diversidad del mismo: “El performance señala, cuenta, narra, es testimonio, es devenir, es existencia, es muy humana la vaina y por humana es entender que no es un patrón, que no es un molde, que no todos tenemos un mismo cuerpo, que nuestro mismo cuerpo es asimétrico y que el cuerpo en sí mismo es todo un universo (…), pero sí creo que hay un grito trazado en todo el performance como de resistencia, pero esa resistencia es un grito que viene de la desigualdad”.

Un cuerpo para alterar, un cuerpo para expresarse

“Tienes que crear confusión sistemáticamente, libera la creatividad. Todo lo que es contradictorio crea vida” Salvador Dalí

 

Toda la vida cargamos con nuestro cuerpo y experimentamos el mundo a través de él, de los sentidos y de las posibilidades que nos permite nuestro propio envoltorio de carne, huesos y piel. Para algunos ese tránsito a través de sí mismos supone un sinfín de emociones y sensaciones, algunas positivas y otras negativas, pero para los artistas performers el cuerpo va más allá. El cuerpo es, en palabras de Juana Valencia, “el soporte mismo de la obra”.

 

“En el performance es el cuerpo expuesto allí, saber ¿cómo está expuesto ese cuerpo y qué se quiere poner ahí?” Y aunque puede ser contestado de infinitas maneras, para Juana su performer se construye desde la práctica física dada su formación en la danza y  el teatro, porque: “se aprende a limpiar el cuerpo, a limpiar su gestualidad, a manejar su  voz y su energía, a conocer un montón de posibilidades de arquitecturas y composiciones con el cuerpo. Que si estás elaborando una imagen en el performance pues puede ser mucho más potente si eres consciente de la imagen que puedes proyectar desde tu cuerpo”.

 

Y es en torno a esa idea del cuerpo como el gran protagonista del performance que otros artistas como Camilo Ortiz, ‘Altocalcifílico’, exploran las posibilidades del cuerpo desde su propio sentir con el propósito de dar apertura a nuevas formas de lo que puede ser el organismo, especialmente en relación con otras materias o extensiones. Para Camilo, en la alteración del cuerpo (a veces tan estigmatizado) existe “una connotación espiritual en ese cuerpo que se altera a través de las extensiones y materias”.

Por ejemplo, para Suma Cruvi, ‘Perla DeGoya,’ esta androginia, es decir, esa ambigüedad entre lo masculino y femenino, en el movimiento drag de Camilo y Cristian (‘Alto y Alter’) es uno de los rasgos más interesantes de la casa Althaus, debido que “es muy distinto al drag clásico donde el hombre se transforma en mujer y la mujer se transforma en hombre, sino que podemos llevar al ser humano a otras vertientes”.

 

Vertientes donde se pueda expresar el sentir sin la categorización de lo masculino y lo femenino, ni tampoco bajo categorizaciones de si es bueno o malo, hermoso o feo, porque hacer performance surge de la necesidad misma del cuerpo por expresarse, por hacer tangible eso que en la mente es abstracto y esa sensibilidad, esa desesperación por decir se configura desde lo artístico y entonces el cuerpo baila con la danza, actúa con el teatro, fabrica con lo plástico y comunica al otro aquello que desea. Como diría Juana Valencia “el arte no es para ser artistas sino para sacudir conciencias y que este lenguaje (el del performance) lo que nos permite es expresar lo que sentimos, tratar de ser generosos  y bondadosos con el otro”.

 

Por su parte, en un mundo donde todo el tiempo estamos saturados de estímulos visuales y auditivos, ¿cómo se presenta el performance desde la pieza sonora? Si bien el performance drag queer cuenta con diversos elementos para la puesta en escena, es imposible desligar estas propuestas artísticas de la música, del aspecto sonoro. Para Juan Amariyo, artista y músico pereirano, “el arte real que mueve a las masas es el sonido”.

 

En este apartado del relato, el cuerpo pasará a un segundo plano para comprender el papel que juega la pieza sonora dentro del performance y la importancia de la misma para narrar las memorias de la ciudad, para narrar esos relatos efímeros de aquello que pasó, que se vivió, y que a veces nadie recuerda. Tal como lo expresa Amariyo las cosas sólo tienen verdadero significado si son trascendentes y, para él, dicha trascendencia “no es que sigamos con un voz a voz de que esto pasó sino que lo hagamos tangible, lo hagamos real”.

 

La búsqueda y construcción de estos registros no es el único interés por el que Juan se inicia en el performance sonoro tras años de estar en el mundo musical, e incluso de haber tenido una banda en su época como adolescente. El motivo para ser performer tiene que ver con esa búsqueda performática del ser, de “estresarme con diferentes cosas para saber producir sonidos propios”, para “hacer lo de nosotros”, para “hacer mis sonidos”, tal como lo afirma.

 

Para este performer pereirano “uno tiene que hacer cosas diferentes para sentirse vivo. La felicidad es de uno, no siendo egoísta, cada ser tiene que ser. No necesitas a nadie para complementarse, por esto esta búsqueda performática fue muy importante para mí porque fue como un llamado y me ha gustado mucho porque ha sido un lenguaje”. Un lenguaje que, además, se configura de manera propia y única desde lo sonoro y, por supuesto, evidencia una mutación en los discursos esquemáticos del pasado donde los artistas no tenían criterio y donde los sonidos crudos eran algo de ficción.

 

Es por esto que desde el sonido, y a través de la música, la pieza sonora ha mutado hacía lo “raro”, lo “robótico”, lo “sintético”, para narrar esos registros de ciudad, de memorias, de reivindicación de los músicos y los performer que como Juan se arriesgan a experimentar, a ser autodidactas: “la gente está explorando otras cosas, hay otros sonidos y lo que hay que tener en cuenta es que nuestra vida moderna está repleta de sonidos artificiales hechos con máquinas, sonidos de los ascensores, del teclado, de los teléfonos, producidos por un ingeniero para que tengan un lenguaje sonoro”.

 

Cabe resaltar que para la realización de un performance sonoro no basta con el conocimiento (estudiado o adquirido empíricamente), con la exploración de nuevos sonidos, con el uso de sintetizadores de bolsillo momotrón (de tipo dúo, delaybass), o con operadores como rytmy, arcade o sub, con la compra de la consola y del programa de edición para la elaboración técnica de las piezas, o incluso con el financiamiento para cada exposición, sino, como reflexiona Amariyo, con la unión interdisciplinaria de los artistas pereiranos desde su hacer porque es mediante esa construcción colectiva que se integra al otro con el proceso creativo que necesita el performance y, por sobre todo, que se rompe esa homogeneidad impuesta al ser.

 

Para Juan Amariyo, el llamado es a “que seamos recursivos. No perdamos esa chispa de poder crear, de eso que nos han vendido de que todo está hecho, la facultad que tenemos los seres humanos de crear hace que todo sea diferente”.