LAS FARMACIAS: DESPACHANDO PARA LA VIDA

A diferencia de otras personas que trabajan en este sector y que han sido estigmatizadas o hasta agredidas, Erika dice que ella no lo ha sentido así…

 

Texto / Jhonwi Hurtado – Fotografías / Jhonathan Quintero Villada

Erika trabaja en una de las tantas farmacias que existen en Pereira. En su actual trabajo lleva nueve meses, pero podría decirse que conoce este sector como la palma de su mano: estudió Técnico en servicios farmacéuticos en el Sena, después, gracias a una beca que le otorgaron en uno de sus anteriores trabajos, estudió regencia en farmacia. Erika, como tantos otros trabajadores del sector salud, señala que jamás pensó que tendría que vivir una pandemia como la que hemos vivido los últimos meses. A veces siente miedo; el sector farmacéutico ha sido uno de los que no han suspendido actividades laborales.

Me encuentro con ella en un café del centro de la ciudad. Llega con el uniforme puesto, se sienta, se quita el tapabocas, y pide un café. Inició desde el año 2011 trabajando en diferentes farmacias de la ciudad, desde esa época trabajó como auxiliar de farmacia, hasta que en febrero del presente año empezó estudios para ser regente de farmacia, con la Universidad Autónoma de Bucaramanga.

Actualmente Érika cumple el papel de regente en una de las farmacias institucionales de la ciudad. Recuerda que la primera vez que escuchó de la pandemia fue en diciembre del 2019 a través de algunos medios de comunicación y días después que la esposa de su hermano, residente en España y quien también trabaja en una farmacia, fue diagnosticada con covid-19. Para ese momento, en Colombia todavía se pensaba que el virus era una realidad ajena.

Erika señala que en el lugar donde trabaja pasaron de atender entre 60 y 80 pacientes por día, a 160 o 180.

El regente es quien maneja la parte administrativa de las farmacias. No tiene casi contacto con los pacientes. Sin embargo, desde que los demás trabajadores sí tengan contacto con los usuarios el riesgo sigue siendo latente.

“El 6 de marzo que se habló del primer caso en Colombia, ya uno decía: por Dios, esto cuándo llegó acá tan rápido, entonces ya empieza uno a cuidarse, desde la empresa a implementar todos los protocolos, pues mis padres son población vulnerable, tienen varias enfermedades, entonces era un temor constante el llegar a la casa y saber que en cualquier momento se podían contagiar”, dice.

Desde que empezó la pandemia y se conoció el primer caso en Colombia, conforme fue avanzando el número de contagiados, se ha hablado de saturación de unidades de cuidados intensivos, de falta de camillas en algunos lugares vulnerables del país, lo que lleva a preguntarse cómo ha aumentado el número de usuarios que han acudido a las farmacias en este periodo. Erika señala que en el lugar donde trabaja pasaron de atender entre 60 y 80 pacientes por día, a 160 o 180, a pesar de que han implementado el servicio a domicilio. Dice que parece que las personas prefieren salir e ir hasta la farmacia, pues los domicilios sí han rebajado.

Le pregunto a Erika si como trabajadora de un área de la salud considera que los protocolos enviados desde las diferentes administraciones locales y departamentales han sido adecuados: “Sí y no, sí porque bueno, pues han puesto los protocolos de uso de mascarilla y  de lavarse las manos; pero cuando quitaron lo del pico y cédula que empezó a salir todo el mundo, eso para mí fue una mala decisión, tenían que haber hecho eso más progresivo, porque soltaron toda la gente cuando se encontraba en un punto alto de contagios, entonces que por la reactivación económica, pero debían de haberlo hecho de una mejor manera”.

Desde que llega no la dejan entrar hasta que no se cambie la ropa, el maletín lo debe entrar en una bolsa y después le rocean alcohol.

Los cuidados

La farmacia donde trabaja no ha pausado ni suspendido los servicios que presta a los diferentes usuarios, han sido rigurosos con los protocolos de bioseguridad con los empleados y con los pacientes: uso de gorro, tapabocas, uñas sin pintar, batas desechables, el cambio de ropa al ingresar y al salir del sitio de trabajo son las medidas que han tomado, y han sido efectivas, pues ningún trabajador de la farmacia ha sido diagnosticado con Covid-19. Cuenta Erika que algunos pacientes que han llamado avisan que tienen covid, para que quien hace el domicilio tome las medidas pertinentes.

Para Erika, el sector farmacéutico, a pesar de ser uno de los más importantes, también ha sido un sector que de las administraciones locales y departamentales solo han recibido indiferencia: “Nosotros somos un sector que estamos de cara al usuario y es el sector que menos se tiene en cuenta para todo, siempre hablan que los médicos, que las enfermeras, pero no piensan en la parte ambulatoria que igual estamos expuestos, nosotros somos los que le vamos a recibir al paciente, los que lo vamos a entregar y que vamos a tener inclusive el mismo riesgo que cualquier otro funcionario que esté en una clínica, pero eso para el gobierno como que no, y para muchas empresas, a nosotros desde la parte administrativa nos han hecho reconocimientos, nos motivan, pero desde la empresa y uno que otro laboratorio, nada más”.

En cuanto a la vida en familia, las personas que trabajan en el sector de la salud tienen que tomar medidas para también proteger a los demás integrantes. Erika lo vive a diario, más aún debido a que sus padres hacen parte de la población más vulnerable, dice que desde que llega no la dejan entrar hasta que no se cambie la ropa, el maletín lo debe entrar en una bolsa y después le rocean alcohol:

“Ellos no han salido para ninguna parte, han estado todo el tiempo en la casa, incluso ahora que todos pueden salir, solamente tuve que sacar a mi mamá porque se enfermó y sí o sí había que llevarla al médico. Pero ellos siempre en la casa. Yo les insisto mucho que no salgan, que no se expongan y que no reciban visitas, porque uno se cuida, pero si llega alguien que no se cuida, ahí se pierde todo el trabajo que se ha hecho durante todo el año. Ellos hasta la ventana la mantienen cerrada. Yo les recuerdo mucho que esto no se ha acabado, que esto no se sabe hasta qué tiempo vaya, entonces que hay que cuidarse.

El sector farmacéutico, a pesar de ser uno de los más importantes, también ha sido un sector que de las administraciones locales y departamentales solo han recibido indiferencia.

A diferencia de otras personas que trabajan en este sector y que han sido estigmatizadas o hasta agredidas, Erika dice que ella no lo ha sentido así, incluso saliendo a la calle con uniforme de la farmacia, todo para ella ha sido normal. Así mismo asegura que de la administración local no han recibido ningún apoyo, pues desde Secretaría de Salud solo la han visitado para trámites de apertura o para manejo de medicamentos de control especial.

Erika considera que manejar una pandemia como el Covid-19 en época decembrina, será algo complejo, más cuando las medidas de control han cedido en aras de la reactivación económica, por eso es reiterativa en que el nivel de responsabilidad de cada uno será clave para no tener que lamentarse después: “Es que hay gente que saca una cantidad de excusas que al final uno sabe que uno no está libre de que le dé cualquier cosa, incluido el covid, la recomendación es que crean que la cosa es seria, si esto no fuera cierto no hubiesen tantas muertes a nivel mundial. Que no solo se cuiden ellos sino también a la familia, que sean responsables, eso es lo principal, la responsabilidad. Ahora que tengan cuidado con todo eso que sale por ahí, que el jengibre, que la aspirina, una aspirina no sube defensas, eso lo que hace es poner la sangre delgadita, se corta y el problema es para que estanque, lo prioritario es la responsabilidad, de todos modos yo creo que el alcalde tendrá que ordenar toques de queda o algo así”.

Todo tiene su final, nada dura para siempre…

*Este artículo fue realizado en el marco de un acuerdo de financiación con Google News Initiative Journalism Emergency Relief Fund