“Vivos se los llevaron, vivos los queremos”

Imagen tomada de: www.animalpolítico.com

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Ha transcurrido más de un mes de la desaparición forzada de 43 estudiantes de la Normal de Atyozinapa (México). Hemos  sido testigos del dolor que viven los mexicanos, la impotencia de no saber de quién defenderse, si de los grupos delictivos o de sus mismos gobernantes. El pasado no perdona, y el mismo dolor que  vivió durante la matanza de Tlatelolco reaparece hoy después de tantos años, y nada ha cambiado, el tiempo sigue demostrando que ser estudiante resulta cada vez más peligroso para el poder.

El mundo no puede guardar silencio, no se puede permitir que un país se desangre a manos de su propio gobierno, a manos de sus policías. No importa si es 1 o  son 43 los desaparecidos. Lo que ha sucedido es una masacre, es violentar la historia, es decirle de frente al ser humano que no es más que una máquina de producción que se vuelve cifra a restar en el momento de mostrar su inconformismo.

¿De qué pueblo civilizado hablan?, ¿De qué desarrollo?, de qué se ufanan aquellos que piden  paz  y lloran cuando un poeta muere, si guardan silencio frente a las atrocidades de los mal llamados “líderes mundiales” y es que no es solo México, también siguen en el olvido los falsos positivos en Colombia, los campesinos asesinados, los estudiantes muertos a manos de la policía. Son incontables las familias que reclaman sus muertos caídos en alguna frontera, seguimos en silencio mientras en el medio oriente la sangre  de sus habitantes cubre el asfalto, sangre de seres humanos que solo conocen el dolor que produce el no encajar en un mundo que predica el libre pensamiento pero no tolera la práctica del mismo.

Miles de personas han salido a protestar por los estudiantes desaparecidos, México se ha detenido en un solo grito por la dignidad, por el respeto a la vida, un grito que no ha sido escuchado, que busca encontrarse con las voces silenciadas hace más de un mes. Los 43 se han multiplicado, no están solos, esos miles que caminan y gritan por ellos, tienen  la esperanza intacta de ser escuchados con el deseo de salvaguardar la memoria.

Basta ya de ser cómplices de las barbaries del mundo, el dolor que emana de las venas las calles mexicanas  es el dolor de todos. Los políticos no pueden pretender “negociar” con las familias con la promesa de seguir con la investigación, no se puede negociar  lo que se tiene que hacer por obligación.

Esos hombres y mujeres de a pie que no desfallecen en la protesta por sus compatriotas, deben saber que no son los únicos que avivan la llama del desconsuelo, deben saber  que todos los actores de la sociedad se tienen que unir a su sombra y caminar no solo por las calles de México, sino por las calles de toda América y Europa,  al diablo las fronteras y los límites, que se pierdan los colores y las religiones, los 43 no están solos, no existe ni primer, ni tercer mundo, existe uno solo y está con ellos.