Entrando en materia, es decir, el estreno del film Los asombrosos días de Guillermino, llega a las salas de cine de Royal Films con una fotografía muy cálida de Pereira, Dosquebradas, Salento (Quindío) y Santa Rosa de Cabal, la cual va a cautivar a padres e hijos.
Por: Javier Montes
Culturalmente Pereira es un oasis; para aquellos que desean estudiar cine, existe uno que otro curso, diplomado o taller. En cuanto a carrera profesional se puede estudiar comunicación (donde el séptimo arte se encuentra incluido en el plan de estudios), en la Universidad Tecnológica de Pereira, Universidad Católica de Pereira y Fundación Universitaria del Área Andina. Por lo tanto, no es de extrañar que la memoria fílmica de la ciudad sea escasa: según Caracol Radio Los asombrosos días de Guillermino es la segunda producción Pereirana en su historia, detrás de Nido de cóndores de 1926. Pero, largometrajes como la primer y segunda parte de La Gorra, El carnicero Paraco y La piedra hacen parte de la filmografía de la región; lo que pasa con La Gorra es la producción de Andrés Lozano Pineda, de Cartagena, y Lupe Ocampo, de Manizales que le restan ese aire a producción 100% risaraldense, mientras que, El carnicero Paraco y La piedra podría considerarse de ese cine underground que es hecho por y para cinéfilos y que no gozan del favor de un ruido mediático que las lleve a más y más personas. Esto para hablar de la historia cinematográfica de Pereira y por qué se sabe tan poco de ella.
Entrando en materia, es decir, el estreno del film Los asombrosos días de Guillermino, llega a las salas de cine de Royal Films con una fotografía muy cálida de Pereira, Dosquebradas, Salento (Quindío) y Santa Rosa de Cabal, la cual va a cautivar a padres e hijos.
Debo resaltar que asistí a la función rodeado de muchos niños, una familia y un solitario amante del séptimo arte. Juntos asistimos al delirio nostálgico: los diálogos de la película, la oralidad y relaciones de familia son tan típicamente cafeteras que sostienen el relato a 24 fotogramas por segundo. Como oriundo de Caldas encontré encantador el montaje que me llevó por cuadras y cuadras de recuerdos de una infancia plagada de historias de los espíritus chocarreros en los cafetales, la historia es tan legítima que no me sacó del trance en el que me indujo. Además de que las actuaciones son muy acordes a lo que nos están contando: todo a través de los ojos de un travieso infante.
Acá nos encontramos con una cinta para toda la familia, pero en especial para los más jóvenes; la historia es sencilla y gradualmente se va hilando por el voz a voz entre el protagonista y los secundarios hasta terminar sin pretensión alguna más que contarnos una historia lineal de una tierna infancia en tierras cafeteras.
Esa simpleza es necesaria para que llegue a los más chiquitos, como suele suceder en algunas películas de corte infantil. Pero ello no le resta puntos y más bien es tomado como una exploración fuera de la zona de confort del cine colombiano (Narcotráfico, humor regionalista y cliché made in USA), lo cual es siempre bienvenido y muestra una cara poco explorada de nuestra cultura: con aroma a café.
Al final cuando pienso en Los asombrosos días de Guillermino se me vienen a la mente unos besitos con sabor a palomitas; un regalo audiovisual hecho con amor, por y para amantes del cine. Que merece llegar a más y más personas, en especial aquellos que quieren darle color al panorama tan gris que la pantalla chica nos tiene acostumbrados, en esa pantalla grande en donde se huye o se enfrenta los problemas.
A la segunda función asistió una gran familia: dos adultos y tres chicuelos, me pidieron el favor de tomarles una foto, cuando vi el fondo que querían para la instantánea entendí que iban a conocer a Guillermino. Cuando me preguntaron por la película resumí todo lo que escribí líneas atrás en dos frases simples: “Muy buena…en especial para los niños”.



