“Yo soy feliz siendo una mujer transgénero. El ser transgénero, es decir, el ser mujer con pene, me hace feliz, me hace dichosa, eso es lo que me hace sentir orgullosa de lo que soy y de lo que tengo. Ser trans no es limitante para ser alguien en la vida. Yo he llegado a donde he llegado porque me preparé, porque estudié y porque he luchado para lograrlo”.

Texto: Cristóbal Palma / Fotografías: Santiago Ramírez / Vídeo: Diego Valencia

A una cuadra de la desnudez

Era agosto de 1963 cuando en las calles de una ciudad colombiana se inauguraba una obra en honor al libertador del país. Pero contrario a cualquier monumento de este mismo tipo, el Bolívar de este pueblo no tenía más que su cuerpo desnudo sobre un caballo, quien sabe si a modo de proclamar o reclamar la libertad.

55 años después un candidato de extrema derecha hace campaña presidencial en el mismo lugar, mientras a media cuadra, en medio de la algarabía, una mujer alta y de mirada aguda toma un café y afirma con seguridad y frescura “yo creo que el problema de la falta de tolerancia es la religión, ahí fue donde empezaron a dividirnos, pero para mí lo importante es que todos somos humanos y que se nos respete como tal”.

Cerca de la libertad

La libertad, como la utopía, parece ser eso que nos lleva a seguir caminando, mientras el cuerpo, como las ideas, parece ser eso que nos permite irnos encontrando con lo que más nos identificamos, con lo que según muchos es lo que realmente somos. Johana Guerra no siempre fue Johana. Hasta sus 16 años fue un chico que intentó explorar su sexualidad con otras chicas de su edad, pero por ahí se fortaleció una gran duda. El deseo le habló claro, sin titubear le mostró que su atracción simplemente se rendía por otros chicos y ya. Y digo se fortaleció porque a Johana su cuerpo y sus intereses siempre le hablaron claro.

Creció en Palmira, Valle del Cauca, con su padre, su madre y sus hermanos, en tiempos en que aún era común ver a los niños en las calles jugando ponchado. Lloró y rió como cualquier niño, jugó y vivió lo que todos vivimos en la infancia. Se enfermó y mejoró. Se hizo fuerte y con el fallecimiento de su padre, cuando tenía 13 años, se hizo más fuerte aún. Trabajó estando muy pequeña, luchó con su madre y supo lo que era sudarla para tener el pan de cada día, dependiendo solo de su propia voluntad.

Los años pasaron y con la adolescencia se despertó la picardía de inventar una que otra mentira para escaparse en fines de semana con algún hombre. El dolor de saberse diferente, y bajo una sociedad que te dice que ser gay es malo, también le dio su cachetada y la incitó a suicidarse. Por fortuna se excedió en la dosis, y como dicen que lo que no te mata te hace más fuerte, esa purgada con insecticida la dejó firme diciendo a su familia que ella era gay y ya.

Población LGBT al poder

En un país en que apenas sobre los años 1954 la mujer tuvo derecho al voto popular, irónicamente bajo la dictadura de Gustavo Rojas Pinilla; uno pensaría que si además eres mujer y transgénero la situación será dos veces más difícil.

Sin embargo, contra todo pronóstico y en el mismo país donde entre 1993 y 2017 han asesinado 1.134 personas de la población LGBT, según la Organización Colombia Diversa, Johana Guerra se convirtió en el año 2016 en la primera mujer transgénero en ocupar un cargo público en la Alcaldía de Pereira. Ahora, su oficina como directora del subprograma de equidad de género y diversidad sexual de la Secretaría de Desarrollo Social y Político queda contigua al mismo parque donde permanecía el Bolívar desnudo.

Solo dos años atrás, sobre el 2014, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos había aprobado la demanda que Marta Álvarez, una mujer lesbiana, interpuso en contra del Estado colombiano por vulnerar derechos de la población LGBT en las cárceles y logró que se modificaran leyes nacionales, entre ellas permitir las visitas conyugales entre esta población.

Marta no tiene nada que ver con Johana, pero ambas reivindicaban sus derechos en un país que según la OutRight Action International tiene leyes progresistas en materia de antidiscriminación y reconocimiento de la identidad de género, mientras sigue presentándose entre los países con las tasas de asesinatos y de violencia más altas del mundo.

En el 2015 se aprobó la adopción por parte de parejas del mismo sexo. Colombia se unía al listado de países que desdibujan las barreras para que muchos niños sin hogar tuvieran una familia. Y apenas en el 2018 Michael Lacher y Diego Sánchez se convirtieron en la primera pareja en Colombia en adoptar a una pequeña.

Sonrisas nocturnas, sonrisas diurnas

Entre el ritmo que agita hasta los cuerpos más introvertidos parpadean miles de lucecitas y miradas, las cabezas se menean a la par mientras los troncos se sacuden a través de breves bits de lado a lado. Johana está en una disco de Medellín, luce sensual, nuevamente segura y fresca mientras mezcla sonidos que distraen la mente.

Cuando no es Dj, es showgirl, o bailarina, o modelo. Y de tiempo completo es diseñadora de modas, activista y una mujer empoderada.

Otro día, que no es un día cualquiera, una serie de caravanas se reúnen en el parque de La Libertad, una plaza pública en la que alrededor se encuentran panaderías, almacenes, mercados, una iglesia y trabajadoras sexuales, o putas como las llaman algunos, y pues en últimas la libertad, el parque de La Libertad, también es de ellas.

Ese mismo día una señora ve a Johana y grita “esa es la reina de los gays”, mientras otra murmura “ella ha luchado mucho porque esto salga bien”. Se refieren a la misma mujer. Hoy se encuentra con su traje amarillo y dorado luciendo un plumaje en su cabeza, aún con los pies sobre la tierra y de la mano de su madre.

Así, en una marcha del orgullo multicolor y diverso, algunas personas trepadas sobre una carroza, a veces muy pintadas y a veces muy mostronas, festejan con alegría, de la forma que ellos consideran apropiada para celebrar por la defensa de sus derechos, quién sabe si a modo de proclamar o reclamar la libertad.

“Yo soy feliz siendo una mujer transgénero. El ser transgénero, es decir, el ser mujer con pene, me hace feliz, me hace dichosa, eso es lo que me hace sentir orgullosa de lo que soy y de lo que tengo. Ser trans no es limitante para ser alguien en la vida. Yo he llegado a donde he llegado porque me preparé, porque estudié y porque he luchado para lograrlo”.

Ella como Tatiana Piñeros, primera mujer trans en ocupar un cargo público de Bogotá y en ser candidata al congreso colombiano, y Lorena Arenas, primera mujer trans en ocupar también un cargo público en la Alcaldía de Soledad, Atlántico, marcan los precedentes entre miles de colombianos más que día a día también manifiestan que somos seres humanos diferentes con igualdad de derechos.