“Los viajes y los libros nos ayudan a librarnos de las mordazas”: Juan Sebastián Gaviria

En La venta (Randon House, 2015), la más reciente novela de Juan Sebastián Gaviria, todo está sometido al movimiento de los dados. Centrado en acontecimientos grotescos y brutales –como la vida misma– el libro fluye con eficacia hacia un final que deja las preguntas intactas.

image1

Por Ángel Castaño Guzmán

Su trabajo literario al menos los dos libros anteriores a La venta está marcado por el viaje. En su formación como escritor, ¿qué papel ha jugado la trashumancia? ¿En qué medida el movimiento le ha ayudado a escribir lo que ha escrito?

Dentro de los escritores que más admiré en mi juventud se cuentan varios viajeros, como Kerouac y Céline. Desde que, en mi adolescencia, leí Una temporada en el Infierno de Rimbaud me sentí cautivado por la idea de la vida en el camino y la intemperie. En el fondo, viajar es transformarse a uno mismo. No hay persona sensible que pueda realizar un viaje sin sufrir cambios, ya sean sutiles o bruscos. El viaje, también, ajusta el lente de nuestra percepción: a veces hay que encontrarse en medio del desierto para caer en cuenta de lo fútiles e insignificantes que son los grandes problemas humanos. Los libros, a su manera, son lo mismo. Leyéndolos, somos transformados, y escribiéndolos nos enfrentamos a peligros iguales a los que podríamos encontrar en el camino. Nuestra cordura, nuestra salud y nuestra identidad siempre están sobre la mesa de las apuestas. Los viajes y los libros nos ayudan, en igual medida, a librarnos de las mordazas y cepos de todas esas supuestas verdades que, por inocencia, temor, pereza o falta de imaginación, no hemos tenido el valor de cuestionar. 

La nota biográfica que viene en la solapa de La venta señala que su primer libro tiene más de setecientos poemas. ¿Qué nos puede decir de la redacción de ese poemario? ¿Qué diferencias y similitudes encuentra en la confección de poemas y la de una novela? ¿Son tan dispares como se cree?

Tardé más de nueve años en escribir Cicatriz Souvenir. A lo largo de esos nueve años cambié de piel incontables veces. Tal vez eso sea Cicatriz, una colección de pieles. Algunos de esos poemas aún hoy me encantan, y otros parecen haber perdido vigencia, pero el valor de la obra en sí radica en la multiplicidad de voces que reúne. Escribir novelas y poemas son dos cosas dramáticamente distintas, pero creo que sólo la poesía resulta imprescindible. El poema no necesita de una estructura narrativa, de personajes o de tiempos, pero una novela sin valor poético no es nada. Si yo tomara mis pasajes favoritos de las novelas de Miller, Fante, Palahniuk, Huxley o Burroughs, el resultado sería una colección de poemas salvajes. En las más grandes novelas jamás escritas, la poesía reside a nivel molecular.

La venta es una novela con una fuerte influencia de cierto tipo de cine. En ella los hechos se cuentan divididos en escenas o capítulos claramente separables. Hay, también, acción y algo de suspenso. Háblenos de su relación como espectador y narrador con el séptimo arte.

Hay que tener en cuenta que los lectores que son influenciados por el cine visualizan las novelas bajo formato cinematográfico. En muchos casos este ejercicio mental por parte del lector es ajeno a las características del libro. Un lector de hoy en día puede visualizar cinematográficamente las escenas de El conde de Montecristo, una novela que fue escrita antes de que el séptimo arte existiera, y que jamás ha podido ser plasmada en su fascinante complejidad por cineasta alguno. No obstante, el suspenso, la acción y la estructura de La venta son, en igual medida, una herencia de la literatura y del séptimo arte. Siento un gran respeto hacia las películas que consiguen quebrar los parámetros y las aparentes limitaciones del formato cinematográfico, como cualquiera de las obras de Lars Von Trier, a quien considero un auténtico filósofo. Gus Van Sant es otro de mis directores favoritos, y Paranoid Park, su adaptación de la novela de Blake Nelson, es un ejemplo de lo potente que puede llegar a ser la sencillez y la ausencia de giros inesperados en el cine. También siento una enorme admiración hacia Chan-Wook Park, cuya valiente trilogía sobre la venganza ha influido profundamente en mis novelas. Me parece interesante que las distintas formas de arte se retroalimenten, aunque esta relación conlleva ciertos riesgos de los que hay que saber cuidarse. En especial, suelo tener presente que las novelas no son guiones, ni deben pretender serlo.

La venta sigue los pasos de Ronnie y de Julio, dos comerciantes de arte y de objetos raros que están en el límite de la ley. ¿De dónde le vino la idea de la historia? ¿Para escribirla conoció a alguien vinculado con este renglón del mercado?

La idea de la historia vino del deseo de explorar los vínculos que hay entre nuestros valores morales y nuestros valores comerciales. Esta es una novela donde los objetos robados, algunos de ellos icónicos, desempeñan un papel tan protagónico como el de los personajes. No obstante, mi intención inicial pasó a segundo plano una vez la novela tomó su propio rumbo. Suelo delegar gran parte de mi trabajo a la improvisación; si esperara a tener una novela completamente edificada en mi cabeza antes de sentarme ante el teclado, jamás comenzaría a escribir. Fue por accidente que las mejores ideas llegaron al papel: las manos del Che Guevara como objeto de alto valor, el personaje de Gonzo el taxidermista, la violencia a la que Julio se ve sometido y la solución que Ronnie encuentra cuando se ve enfrentado a elegir entre la vida de Julio y su ambición de conseguir llevar a cabo la venta. No es la primera vez que me preguntan si Ronnie está inspirado en alguien real. La respuesta es que no. Muchos hombres en este mundo deben tener su misma profesión, por supuesto, pero para mí Ronnie fue un vehículo mediante el cual examinar la psicología de un individualista que vive en un mundo regido por la retórica del bien común sobre los intereses particulares.

La novela funciona también como una fuerte diatriba a la mercantilización de todo: desde las manos de un guerrillero hasta animales cazados por Stalin. ¿Considera el género de la novela apropiado para dar cuenta del estado actual de la civilización occidental?

Por supuesto. No creo que haya fenómeno cultural, político o psicológico que esté fuera del alcance de la novela. Este es el género de la ilustración, por excelencia. La novela, como cualquier forma de arte que sea empleada de manera auténtica, nos permite aproximarnos de modo sincero a la condición humana. Una de las búsquedas más interesantes que se llevan a cabo en La venta consiste en explorar la facultad humana para darle valor a las cosas, algo que no sólo está ligado a nuestra época o nuestro hemisferio. El acto de dotar los objetos de valor es poco menos que mágico, y en nuestra aceptación de los valores que le hemos otorgado a las cosas damos muestra de un alto grado de fe e inocencia.