Es una de las columnistas más leídas del país. Sus escritos en la revista Semana generan casi siempre polémica –algunos apoyándola, otros cuestionándola–, pero siempre marcando en punta en ese selecto grupo que llaman “líderes de opinión”.

Creo en este proceso, a diferencia de los demás, y creo que uno tiene que,  de alguna manera, explicarle lo mejor posible a la sociedad qué está pasando en el proceso de La Habana.

“Creo en este proceso, a diferencia de los demás, y creo que uno tiene que, de alguna manera, explicarle lo mejor posible a la sociedad qué está pasando en el proceso de La Habana”.

Su trabajo como periodista a lo largo de 39 años la ha llevado a colaborar con grandes medios colombianos como Semana –donde en la actualidad tiene una columna–, El Espectador –allí inició como columnista a los 16 años–, El Tiempo,  y algunos extranjeros como The Wall Street Journal y Marie Claire. Ganadora de premios como el Simón Bolívar y el Courage Award, de IMWF.

Autora de varios libros: “Crónicas que matan” (1994, fruto de sus experiencias como reportera en El Espectador), “Así gobierna Uribe” (2004, perfil crítico del ex presidente) y “Mi viaje al infierno” (2010, donde hace un recuento de los hechos en los cuales fue asesinada su hermana Silvia Duzán).

Detesta el fútbol, porque es como una religión, “y odio a las religiones”. Aunque respeta a quienes tienen tales aficiones. Casada con el músico Óscar Acevedo, tiene dos hijas, Beatriz y Matilde.

Luego de un almuerzo con otros colegas –al que llegó tarde–, se levanta atenta para responder a las preguntas, mientras la esperan para una fotografía grupal del encuentro. Su chaqueta de cuero, de evidente buena factura, contrasta con la informalidad de la mochila arhuaca que cuelga del hombro derecho.

Mientras dialoga con Fabiola Duque, de Reporteros Sin Fronteras, e Ignacio Gómez, subdirector de Noticias Uno y presidente de la FLIP en Colombia, refuerza con gestos su argumentación siempre directa.

Mientras dialoga con Fabiola Duque, de Reporteros Sin Fronteras, e Ignacio Gómez, subdirector de Noticias Uno y presidente de la FLIP en Colombia, refuerza con gestos su argumentación siempre directa.

Al indagarle sobre los calificativos que recibe de manera reiterada, calificándola como guerrillera, comenta sin dudarlo que “pues a mí me parece que eso es parte del trabajo. Cuando yo voy hablar con las FARC, me consideran todo lo contrario: me encierran como parte del establecimiento, es más, las cartas más duras que han tenido las FARC han sido contra mí. A pesar de que yo he ido allá y he entrevistado y me ha costado mucho trabajo. Pero esa es la labor del periodista, a mí me importa un carajo que digan que soy de la guerrilla o que soy del establecimiento, como me lo han dicho las FARC en muchas oportunidades, porque el trabajo uno debe hacerlo bien, y quizá ese es uno de los índices de que lo estoy haciendo bien, que estoy en la mitad. Ese es el sitio más complicado y más peligroso. Eso quiere decir que uno está más o menos haciendo bien el trabajo”.

Siempre sonriente, espera con atención la siguiente pregunta. Y ella es sobre el desinterés que muchos colombianos manifiestan alrededor del asunto de los diálogos entre las FARC y el gobierno de Juan Manuel Santos. Su respuesta no se hace esperar y pronto la tiene a flor de labios: “Es que es muy difícil, eso depende, yo acabo de venir de un sitio donde la guerra está muy latente, que es el cañón de Las Hermosas, y allá sí saben qué es guerra y qué es paz, y sí están pendientes de los acuerdos. Cuando uno va a las ciudades y habla de esto, no tienen mucho interés porque realmente no les impacta. Entonces, la decisión que uno tiene como periodista es: ¿bueno, cómo hago yo para acercar esas dos Colombias? Para que esa gente que no entiende qué es la guerra y no le interesa qué pasa en La Habana, entienda que sí le debe interesar y que sí la toca.

Uno tiene que aprender a encontrar la vía de la reconciliación sin justicia, que es lo que me tocó a mí  y a miles de víctimas en este país.

“Uno tiene que aprender a encontrar la vía de la reconciliación sin justicia, que es lo que me tocó a mí y a miles de víctimas en este país”.

Expresa sus esperanzas en el actual proceso, el cual ha seguido de cerca en sus labores como reportera, por ello procura hacer difusión del mismo, aunque “no con mucha eficacia, porque siempre me tratan como si fuera guerrillera o del otro lado, pero yo creo que uno tiene que tener ese papel. Creo en este proceso, a diferencia de los demás, y creo que uno tiene que,  de alguna manera, explicarle lo mejor posible a la sociedad qué está pasando en el proceso de La Habana y cómo nos está afectando a nosotros.

A mí me parece bueno que haya oposición, lo que pasa es que para establecer un proceso de paz exitoso, tenemos que tener un consenso como sociedad. Podemos tener diferencia en cómo hacer las cosas, pero no en el planteamiento inicial en que queremos es la paz y no la guerra”, comenta al indagarle por la posición del partido Centro Democrático, liderado por el senador y ex presidente Álvaro Uribe.

Ya para finalizar, una aproximación a un asunto familiar que siempre la ha marcado: la muerte de su hermana Silvia, quien fue asesinada por paramilitares en Cimitarra, Santander, mientras hacía cubrimiento del conflicto para la BBC de Londres. Al referirle si ese crimen modificó la manera de enfocar su labor periodística, comenta sin dudarlo: “Sí, claro, porque cuando a uno lo hace reflexionar una tragedia de esa, bien reflexionada sirve para que uno se vuelva mejor ciudadano. Lo que pasa es que es muy costoso, sobre todo porque es que uno tiene que aprender a encontrar la vía de la reconciliación sin justicia, que es lo que me tocó a mí  y a miles de víctimas en este país. Nosotros somos unos verracos”.

Corre luego presurosa hacia el grupo de compañeros periodistas que la esperan desde hace buen rato para la foto del recuerdo de un encuentro donde se dieron cita varios de los más reconocidos informadores del país y de las regiones.