La mujer toma la iniciativa de trabajar en la minería a causa del descuido del gobierno a Marmato, “el estado abandonó a Marmato entre el 2006 y el 2008; la multinacional compró y cerró minas y molinos. Hubo migración laboral de los hombres”.

Por: Carolina Gómez y Allison Díaz Velandia

En una de las tantas minas que hay en Marmato, allí trabajan cuatro mujeres. A ellas las excluye la ley y sin importar esto, extraen el mineral, sacan los bultos, pican, procesan y también obtienen el oro, que después venden en el pueblo. Aún con el peso de la labor y el riesgo de ser encontradas por el Ministerio de Minas, día a día trabajan para subsistir.

“En su momento la ley fue estipulada como protección a la mujer porque el trabajo es muy duro y de mucho riesgo, así que se le impidió que trabajara (en las minas)”, señala Conrado Gómez Álvarez, geólogo del Ministerio de Minas, delegación de Caldas.

María trabaja desde hace un año como minera en Marmato, municipio que está en la mira de la multinacional canadiense Gran Colombia Gold, la cual quiere desarrollar un proyecto de “minería a cielo abierto”. Aunque, por ahora, este se encuentra detenido gracias a las exigencias de los marmateños.

El día de María comienza desde las 7:00 de la mañana y la joven comienza picando el mineral que luego procesará, para así obtener el sustento que diariamente lleva a su casa, donde vive con su mamá, su hija y sus hermanos. A pesar de ser un trabajo rudo, ella no pierde su feminidad y su rol como ama de casa. “Que sí, uno no tiene la misma fuerza que ellos, pero se defiende”, comenta María.

La mujer toma la iniciativa de trabajar en la minería a causa del descuido del gobierno a Marmato, “el Estado abandonó a Marmato entre el 2006 y el 2008; la multinacional compró y cerró minas y molinos. Hubo migración laboral de los hombres. ¿Qué hizo la mujer? Meterse a la mina, porque son madres de familia y todas tienen sus hijos, así que, bienvenido el trabajo”, expone la gobernadora indígena Adriana Palomino.

En la actualidad “el papel que desempeñan las mujeres es más que todo, como en el hogar, sí se ven casos de mujeres que tienen sus pequeños negocios y también hay algunas que laboran en la mina, se atreven y eso no está prohibido. Está prohibido para los menores de edad”, dice Yamil Amar Cataño, Presidente del Comité Cívico pro defensa de Marmato, pero la ley es contundente en cuanto a su prohibición a todas las mujeres, sin excepción alguna.

“Las mujeres, sin distinción de edad, y los menores de 18 años no pueden ser empleados en trabajos subterráneos de las minas, ni en general, trabajar en labores peligrosas, insalubres o que requieran grandes esfuerzos”, dice artículo 242 del Código Sustantivo de Trabajo.

 Un panorama de América Latina

En Argentina, Uruguay, Paraguay, Chile y Ecuador la igualdad de género es un derecho fundamental en el trabajo, incluyendo las labores subterráneas, como la minería. Se respeta que se ejerza libremente y que la mujer pueda elegir en qué trabajar. Por el contrario, en países como Bolivia, Perú, Nicaragua, Brasil y Colombia, está prohibido que la mujer labore en las minas.

Cuenta Conrado Gómez que el Ministerio de Minas visita dos veces al año Marmato para revisar que se estén cumpliendo las leyes, en caso de encontrarse alguna violación a las normas establecidas se cobran multas, se dictan suspensiones y hasta el cierre de la mina por un tiempo.

Marmato no discrimina

La directora del Ministerio de Minas en Caldas, Luz Adriana Arias, dice: “no existe ninguna norma. No he encontrado una legislación minera, ni que haya una específica para la mujer”. Agrega que en Colombia no ha existido discriminación frente a la mujer ni ha habido norma que prohíba que la mujer realice actividades en la minería; “el código establece la igualdad de condiciones para todas las personas y los ciudadanos frente a los derechos mineros”.

Algunas mineras laboran por necesidad, gusto o tradición. La minería es un trabajo inestable y poco rentable cuando se corre con mala suerte. “Hay vetas que son calientes, las que tienen más mineral”, señala María, al tiempo que cuenta una anécdota: “estuve con un man que en una noche sacamos dos millones doscientos”, demostrando que sus ganancias son muy variadas.

Sobre la rentabilidad de la minería están los tabúes creados alrededor suyo. La discriminación a las mujeres no solo se ha dado por lo legal. Por tradición, se pensaba que la mujer no era fértil para las vetas, y por esto también han sido excluidas.“Para mí las mujeres no trabajan en la minería, no porque no puedan penetrar la tierra, sino porque no se creen capaces”, dice María.

Clara* es ama de casa y trabaja por necesidad en labores de minería. “No se me han presentado mejores oportunidades y a mi cargo están mis dos hijos y mi mamá”, se justifica.

“Qué pena con el Estado, pero el hambre no da espera”, señala la líder indígena, cuando comenta el porqué la mujer sin importar que fuese un trabajo ilegal trabaja dentro de la mina. Y también muestra la importancia de establecer equidad de género en esta labor, pues la mujer tiene muchas obligaciones y pocas alternativas laborales en Marmato, el cuarto pueblo más antiguo de Colombia: “Uno en otros trabajos no se gana el mismo dinero”, concluye.