En un diálogo franco, el jesuita cree que “trabajar al lado de las víctimas es casi trabajar al lado del fracaso”, luego de más de 50 años en esta labor que le inspiró la figura del también sacerdote Camilo Torres. A pesar de ello, no cede en su empeño de continuar diversos procesos de acompañamiento y construcción de memoria.

Texto: Antonio Molina
Fotografías: Diego Valencia Gómez
Su estatura apenas rebasa un metro sesenta centímetros, lo que sumado a la contextura delgada lo hacen ver como alguien frágil; pero nada menos cierto que esa impresión al momento de abordar al sacerdote jesuita Javier Giraldo Moreno, nacido en 1944, cuyo carácter y firmeza no dejan lugar a dudas sobre la claridad de la posición desde la que asume su discurso.
Desde muy joven inició lo que él llama su “opción por los pobres”, que ganó mayor realce cuando funda en 1988 la Comisión Intercongregacional de Justicia y Paz, compuesta por 45 congregaciones religiosas católicas, la cual ha tenido un enorme impacto en la denuncia y seguimiento histórico del conflicto armado colombiano en las regiones más apartadas. Fue director e investigador del CINEP, además de acompañante de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó. Crítico del gobierno del expresidente y actual senador Álvaro Uribe Vélez, lo es también del establecimiento militar, que incluso derivó en la investigación y sentencia por homicidio en contra del general Rito Alejo del Río.
Por sus declaraciones públicas ha sido amenazado de muerte varias veces. En la actualidad tiene un sitio web desde el que difunde documentos y sus opiniones sobre diversos temas. Es uno de los 14 integrantes de la Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas (CHCV).
Otra de sus destacadas iniciativas es el Parque Monumento de Trujillo (Valle del Cauca), conmemorativo de los centenares de víctimas civiles que dejó la acción de fuerzas paramilitares, estatales y del narcotráfico –muchas veces en alianza– en la represión de grupos armados de izquierda como el ELN y FARC. Este mes se realizó de nuevo la tradicional ceremonia anual para recordar esta masacre y allí entregó sus impresiones sobre su labor y el proceso de paz firmado con las FARC.
¿Qué ha significado para usted todo este trasegar a lo largo de décadas trabajando por las víctimas, por aquellos que no tienen una voz frente al Estado e incluso frente a la otra ciudadanía?
Trabajar al lado de las víctimas es casi trabajar al lado del fracaso. Son casi treinta años desde que se empezó a matar gente aquí y a muchos los mataron por saber que estaban matando a otros o por denunciar; entonces el terror y el silencio y todo eso paraliza muchísimo. Por ejemplo este parque-monumento se construyó contra viento y marea, digamos que el primer aporte se le arrancó un poco a la fuerza al gobierno en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, entonces ahí después de una comisión de investigación de Trujillo dio el primer aporte, pero solamente el aporte para comprar el lote, todo lo demás ha sido construido con muchas dificultades y con pequeños aportes de muchísima gente, no solo del país sino del mundo y al principio las víctimas no se atrevían a pisar el parque monumento por temor a que las mataran. Entonces todo aquí es muy difícil y sobre todo cuando uno va luchando contra el temor y el terror, la amenaza y la continuidad de las masacres. Todo eso no es nada fácil y muchas veces es terriblemente decepcionante y por eso yo digo que es trabajar junto con el fracaso, ir de fracaso en fracaso.
Usted ha sido señalado, hostigado, incluso por autoridades como el anterior Presidente. ¿Eso qué ha significado para usted, esos señalamientos, el ser constantemente perseguido por tomar una opción por las víctimas?
Los primeros señalamientos lo preocupan mucho a uno porque es como aceptar uno directamente arruinar su propia imagen y cuando uno después de todos esos señalamientos, campañas y todo eso se siguen y se profundizan, pues uno ve la necesidad de que si no es arruinando su propia imagen, no se puede hacer nada. Es el precio que hay que pagar aquí, el precio que hay que pagar es ser difamado, ser atacado, denigrado en todas partes, y uno llega a un convencimiento en algún momento de que si no se paga ese precio no se puede hacer nada.
¿De dónde saca el valor para tomar esa opción y mantenerse firme en ella después de tantas décadas?
Yo no diría que lo saco de mí mismo, sino que eso es como… primero la fe. La fe lo fortalece a uno porque al fin y al cabo ese fue el camino de Jesús y de tanta gente, entre tantos cristianos que han dado ejemplo en muchos siglos y en muchas partes del mundo, entonces eso uno lo va asimilando poco a poco y ese valor uno lo recibe de otros, no es una cosa personal.

Un país que no invita a la esperanza
¿Cómo quisiera usted que se recordara al asesinado sacerdote Tiberio Fernández cuya tumba tiene lugar en este parque monumento?
Bueno, pues yo creo que Tiberio ha sido uno de los mártires, de muchos mártires que tenemos en Colombia que ya son muchísimos, muchísimos, y en América Latina y en otras partes del mundo; yo creo que el testimonio de Tiberio, sobre todo en esa encrucijada final en que él se vio entre la vida y la muerte, es un testimonio, pues primero muy cristiano, porque está calcado en su testimonio de Jesús, pero es un testimonio muy valiente. Yo sé que él tuvo miedo y he tenido testimonios de gente que hablaron con él en ese momento de terror, en el que él estaba muerto de terror y que estaba pensando hasta en salir de acá, pero precisamente optó por no salir, por ser solidario con los demás, por la frase que siempre tenía a flor de labios que era: “un pastor no se puede ir cuando llega el lobo porque devora las ovejas”. Si no me quedo con las ovejas…, ¿no?, entonces , creo que ese testimonio de él pues es un testimonio profundamente evangélico y un verdadero mártir.
Iniciativas suyas o que usted ha apoyado como la comunidad de paz, ¿cómo las percibe en este momento y qué futuro les ve en el actual contexto de un acuerdo con el grupo armado más grande que ha tenido el país?
Pues la comunidad de paz es una experiencia de 20 años ya, pero donde ha puesto más de 350 muertos, entonces como que la decisión de todos los miembros de la comunidad… hay que reconocer que muchos se han ido por terror, pero todos los que quedan es por una decisión expresamente de que vivos no les quitan su tierra, vivos no los sacan de ahí, sino que como todos los demás dieron la vida por ese proyecto, ellos consideran que bien vale dar la vida por ese proyecto y por eso están ahí.
¿Usted cómo ve el proceso de paz con las FARC en este momento con todos estos problemas, ya al momento de hacerlo operativo, con las dificultades que se han presentado, con las zonas, con la implementación, con la entrega de armas? Una cantidad de detalles que sobre el papel funcionaban, pero que en la práctica se ha visto cantidad de dificultades.
Yo no soy optimista porque me ha tocado participar allí en algunos comités, y realmente no soy optimista de todo lo que se está dando; digamos, de que se vaya a cumplir todo lo que se prometió y todo lo que se firmó. Yo creo que hay cosas valiosas y el solo hecho de que se renuncie a la lucha armada, pues por un grupo grande, y de que hagan el propósito de intentar buscar la justicia de otras maneras, pues eso es valioso y eso es como un reto, un desafío, y también lo que se puede estar desarrollando en esos espacios, en esas comunidades, esas zonas veredales; puede ser una cosa importante, se puede estar construyendo un nuevo modelo de país ahí, pero todo eso es como un reto hacia el futuro muy difícil y que va a ser en medio de mucho sufrimiento porque todas las, digamos, las raíces de la violencia están vivas y las estructuras violentas están completamente activas, el paramilitarismo está más activo que nunca, entonces esto va a ser muy difícil.
Una pregunta necesaria es sobre esos agentes de poder tradicionales que se oponen de manera férrea al acuerdo, que hasta han prometido hacerlo trizas. ¿A usted qué percepción le causan estas personas y sobre todo estos representantes de los poderes tradicionales que se oponen de manera firme al acuerdo con este grupo insurgente?
Bueno, ellos son los que han sido dueños del país hasta ahora, y son los que mantienen este país en la situación en que está, aterradora, y esos son lo que siempre han estado ahí opuestos a este modelo, a estas exigencias de los sectores excluidos y ellos siguen exigiendo que el país les siga perteneciendo a ellos, que siga funcionando en favor de ellos y de las empresas extranjeras y, digamos, todo su proyecto es un proyecto terriblemente egoísta, violento, injusto, en fin, excluyente y por eso toda la lucha nuestra de los derechos humanos, de todas estas expresiones de un nuevo país, pues es precisamente en contra de ese proyecto de ellos.


