Colombia, el tercer productor de café en el mundo, pasó de producir 17 millones de sacos a comienzos de los años 90 a menos de la mitad en el año 2010. Para cumplir con las cuotas de producción, el país ahora, incluso importa café.

Café Jesús Martín

 

Por: Lina María Álvarez Padilla

En un ritual de placer, agudice sus sentidos; prepárese para deleitarse con una incomparable bebida… Déjese seducir por su aroma, textura, suavidad e inigualable sabor. Verdaderamente es exquisito al paladar y sus cualidades le atribuyen el título de “El mejor café del mundo”, el café del Quindío.

El Eje Cafetero -Caldas, Quindío y Risaralda-, como su nombre lo dice, es el centro de la producción de café en Colombia, para ello cuenta con 47 municipios y 411 veredas, las cuales comprenden también parte del Norte del Valle. La belleza de sus tierras, además de la productividad de las mismas, hizo que en junio del 2011 la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, Ciencia y Cultura (UNESCO) declarará a la región como Patrimonio de la Humanidad.

 Y es que no solo los paisajes son los responsables del particular encanto de este lugar; un clima agradable que oscila entre los 18 y los 21 grados centígrados contrasta con el calor humano de sus pobladores… Una arquitectura colonial presente en todas sus calles; colores vivos adornando las paredes de las casas y elementos propios característicos de su cultura, consuman un viaje a través del tiempo, al pasado donde los caficultores con esfuerzo y esmero transformaron su suelo.

Está bien aceptar que al describir al Eje Cafetero se cae en el unísono tono de los folletos que incentivan a los turistas a visitarlo, y es que no está de más decir que el turismo es la actividad económica que manda la parada en el Quindío.

Cerca de 500.000 turistas llegan anualmente a este Departamento, según la Secretaría de Cultura y Turismo; la cifra que se ha mantenido con unos leves cambios los últimos tres años.

“…el turismo es un arma de doble filo, se supone

que es bueno, pero uno sabe hasta dónde llega tanta belleza”

Francisco Ruiz

Cultivos

Café, café

Ese granito pequeño de color marrón y agradable al sentido del olfato, no es más que el resultado del trabajo de cientos de personas que se encuentran involucradas en su producción; algunas encargadas de la siembra, otras de la cosecha, varias de la recolección y muy pocas del procesamiento (las máquinas desplazaron la utilización  de gran cantidad de mano de obra).

En el Eje Cafetero se produce el 25 por ciento del café de todo el país, según el Comité Departamental de Cafeteros del Quindío; café con el sello de Garantía de Origen, otorgado por la Unión Europea en septiembre del 2007, el cual certifica la calidad del café arábigo bajo el programa de “100 % colombiano”.

Hace una década las personas que dependían de la siembra y producción de café oscilaban entre los 38.000 y los 40.000… hoy en día no existen cifras exactas, lo cierto es que con el auge del turismo, la adaptación de las fincas cafeteras a otro tipo de cultivos y enfermedades como la broca y la roya que afectaron los cultivos años atrás (y aún lo siguen haciendo), hicieron que estas cifras tuvieran un cambio abismal.

Parece increíble, pero después de que Colombia ocupara el segundo puesto en producción de café a nivel mundial, detrás del Brasil, en la actualidad se ha visto forzada a comprar su propia producción y en ocasiones a importarla; a pesar de que el gobierno ha prestado subsidios para ayudar a este gremio, la caída es constante.

La mala cosecha que se viene dando desde el 2003, el descenso de la cotización del grano de café, el bajo precio del dólar, las enfermedades en los cultivos, además de los altos costos de producción, son tan sólo algunos de los problemas que aquejan al gremio cafetero.

El drama de un hombre, el drama de un pueblo…

1. Carlos Mario Suárez

Carlos Mario Suarez

La cédula es la vieja. Carlos Mario tiene 73 años y si su cabellera no pintara unas pocas canas sería casi imposible adivinar su edad.  Nació en Alcalá, un municipio ubicado al norte del Valle, a siete minutos de Quimbaya; actualmente vive sólo con su hermana.

Desde los 20 años aprendió “mecánica empírica”, como él la llama, hace 30 fundó un taller en su propia casa, donde se dedicaba a reparar las máquinas que se utilizan en el procesamiento del grano de café.

Conocedor del tema, no sólo por su trabajo, sino también porque las repercusiones de la crisis las vive en carne propia:

“Esto se dio primero porque los mafiosos llegaron y compraron todo, sacaron la gente casi a las malas. Por ejemplo, usted tenía una finca pequeña en límites de lo que él compro; entonces llegaban, y me la vende o me la vende. A ellos como no les interesaba el café ni nada, dejaron acabarlo…Y lo otro fue por la broca, una enfermedad que le dio al café, que afectó a un montón de cultivos”, comenta, mientras con nostalgia recuerda cómo contaba con la ayuda de 10 hombres en su taller; semanalmente podía arreglar de 20 a 30 máquinas. Hoy en día, el taller ésta vacío, está lleno de herramientas, de polvo; de recuerdos empolvados que con el tiempo se hacen más difíciles de limpiar… ya no recibe máquinas para reparar, 1 o 2 al mes son una bendición.

“Después de todo ese cuento el desempleo fue horrible; fincas aquí de 400 trabajadores en cosecha las convirtieron pal ganado, ahorita quedaron sólo con 2 o 3 personas; ya que pa´eso no se necesita casi gente”.

Carlos Mario, hoy en día, no vive… sobrevive con sus pocos ingresos, que al menos le dan “pa´ la comidita”.

2. Francisco Ruiz

Francisco RuizEn sus ojos se observa más que bondad, la sabiduría, la cual adorna cada palabra que pronuncia. Sus gestos denotan que se trata de una persona culta y trabajadora, preocupada eso sí, porque no sabe “dónde iremos a parar”…

“Yo hice el último censo en Puerto Alejandría, ante lo que había sucedido antes desapareció el  trabajo para 22.000 personas, que era gente de acá y otros que venían del Cauca, de Nariño, de Tolima…”

Francisco tiene 85 años, vive en Quimbaya en compañía de su hermana, la cual vive su propio drama pues desde hace un año su diario vivir está marcado por una herida que no sana, por una herida abierta que le dejó la cirugía que le practicaron para extirpar el tumor… él vive con el “alma abierta” también.

“Eso del turismo, que es lo que da ahora, aparentemente es una cuestión muy importante para el que tiene la platica para gastarla ¿cierto?, pero que no le importa la vida del trabajador, del pueblo… Por ejemplo Quimbaya, en Quimbaya nos desapareció toda la zona cafetera que era la zona baja, eso lo compraron los tales moscos… Vaya vea eso ahora como está, puro monte porque esas tierras las confiscó el Gobierno”…

Ante un panorama desolador, sigue teniendo fe en su “tierrita”, dice que desde hace poco están volviendo a sembrar café, “y quien quita que de ahí salga algo bueno”… Por otro lado, habla de la esperanza que ha surgido en el cultivo de plátano y de cítricos, que aunque no representan un sustento como tal, son la alternativa de supervivencia de unos cuantos.

3. Don Ebert

“La verdad, lo único que yo le puedo decir es mi nombre, esto por acá está muy caliente y en estos pueblos hasta están extorsionando la gente. Yo soy un obrero, llevo trabajando en esto desde hace muchos años. ¿Hoy en día? ¡Hoy en día no hay empleo!, si usted quiere comer, le toca buscar otras alternativas”, comenta mientras sorbe un trago de su ‘pintadito‘.

“Después de todo ese problema de los cultivos con la broca y la roya la gente quedó muy mal y pues pa´ rematar llegaron los mafiosos, entonces era preferible vender que quedarse ahí.

Sin saber más que su nombre, Don Ebert dejó entrever sinceridad en cada una de sus palabras, sus manos de trabajador constataban que lo que estaba diciendo era cierto; tenía afán, quería  irse pa’ la casa ya que su mujer lo estaba esperando.

Sin titubear, y a pesar de que su acompañante Alexander lo persuadió de no seguir hablando, susurrando comenta:

Hoy en día como está esto, el café ya no da. Vea, eso había fincas que empleaban hasta 50 personas y hoy en día nada… Ahora lo que da es la erradicación de coca, eso sí, cada uno bajo su responsabilidad”.

La erradicación de cultivos ilícitos es una iniciativa que promueve el Gobierno con el fin de acabar con los sembrados de coca; personas como Alexander, son los encargados de “reclutar” gente.

“Pues eso es peligroso obviamente, pero pues le toca a uno porque qué más. Eso da más platica, pero corre riesgo es la seguridad de uno. De acá de Quimbaya ya han matado dos, y la última vez que subimos por allá, un amigo mío quedó sin piernas”.

La mayoría de los grupos de erradicadores de coca que salen del Quindío terminan trabajando en el Tolima, laboran durante tres meses en una finca; donde se les brinda vivienda y comida. Cuando termina este lapso (si es que logran sobrevivir), se les hace un pago de $3.000.000, independientemente de la cantidad de hoja arrancada.

Eso sí, no cuentan con una preparación previa.

 Quindío

… Y pues sí

Según el propietario del Café Jesús Martín, ubicado en Salento, producir una arroba de café cuesta 65.000 pesos, la cual se vende a 69.000 pesos; un margen de ganancias irrisorio si se tiene en cuenta el largo proceso del cual se necesita para producir y fabricar un buen producto. Difícil resulta exportar, ya que los costos de producción del café en el exterior son muchísimo más bajos.

Resulta paradójico pensar cómo en la tierra del café está escaso el café; cómo las personas que vivieron años de su cultivo, recolección o producción, hoy en día no tienen otra opción más que buscar alternativas diferentes; ya que no sirve el patrimonio dejado como legado durante generaciones por sus familias.

El turismo, de una u otra manera, ha ayudado a la economía en el Quindío, eso sí, vale la pena resaltar que quienes reciben en realidad las ganancias de éste comercio son los dueños de las fincas hoteleras, parques temáticos y demás atractivos; a la gente común, al pueblo, no le queda más de otra que recurrir a las ventas. “Hay que aprovechar que aquí viene mucha gente”, dicen por ahí.

En el ‘bostezeadero’, una esquina en donde se reúnen los obreros los domingos a buscar trabajo, hablan de la vieja tradición de cantar mientras se recolectaba “el rojito”, sinónimo de alegría y entrega con trabajo:

–          Cafecito moreno, de flores tan blancas…

donde color le pongo a mis esperanzas –

Hoy en día no quedan si no los ecos… los fantasmas de lo que fue “la verdadera tierra del café”.