Intervención con grafiti luego de un taller sobre su técnica. Leo aparece con una gorra azul en primer plano.

Re-existencia en el posacuerdo

 “En territorios como Buenaventura, donde la guerra ha sido marcada (…) es importante que las comunidades no sigan sufriendo y sigan siendo envenenadas por el odio, yo pienso que si algo nos merecemos nosotros, es empezar a caminar para construir una paz…”. Buenaventura  2017. Mensajes con Mr. Bussy.

 

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Por: Jorge Beltrán

Cuando escuché completa esta declaración el año pasado, sentí como cada palabra tocar las fibras más profundas. Las dijo Leonard Rentería, un bonaerense de 25 años, estudiante de sexto semestre de psicología y becado por la Universidad Antonio Nariño; se hizo viral en las redes sociales con un discurso que dio frente al ex presidente Uribe, quien estaba en Buenaventura haciendo su tour político de “la pedagogía” del No en el marco de los acuerdos de paz del gobierno y las Farc. Leonard, de manera enfática, además dijo: “Los hijos de los ricos no van a la guerra, a la guerra vamos nosotros, los pobres”

Contacté a Leonard en Facebook por primera vez. Aquel estudiante de raza negra, con el que orgullosamente se llegaron a sentir identificados muchos jóvenes en el país, además de quienes compartíamos el mismo sentimiento de dolor patrio que expresaban sus apasionadas palabras, para entonces tenía como foto de perfil una imagen referente a la paz. Yo estaba en Argentina, pero cuando llegué a Colombia busqué la manera de contactarlo en persona.

Intervención con grafiti luego de un taller sobre su técnica. Leo aparece en primer plano con una gorra azul.

Después de varias charlas por Facebook y Whatsapp, para la mañana del 18 de marzo de 2017, aproximadamente siete meses después de haber visto el video, que por supuesto compartí en mis redes sociales, acordamos una reunión. Finalmente, instalado por un tiempo en Buenaventura, por invitación de Leonard asistiríamos a un taller pedagógico en la comuna doce con algunos de sus colegas de trabajo.

Ansioso por conocer un poco más ese otro lado de la ciudad que se mantiene oculto tras las casas, el cableado eléctrico y los negocios que circundan la vía principal que lo lleva a uno del continente a la isla, esperaba en casa un llamado de confirmación. Al medio día recibí un mensaje por Whatsapp:

-El escolta tuvo un problema mecánico con el auto y no nos puede recoger-

¿Escolta? –le pregunté en seguida– ¿Es en serio? ¿No salís sin escolta?

Sí, es en serio –me dijo–, es que a donde vamos es un poco peligroso, pero no vamos a poder ir esta vez.

Pensándolo bien no era para menos. El hecho de ser de Buenaventura no lo eximía de correr cualquier clase de peligro, más aún como trabajador social y líder comunitario. En Colombia un total de 156 líderes sociales y defensores de derechos humanos fueron asesinados en los últimos catorce meses, según la Defensoría del Pueblo. Las continuas  amenazas de las que fue víctima Leonard fueron registradas en medios de comunicación nacionales como CM& y WRadio.

 

Parte del equipo de Rostros Urbanos: Nereida, Leo y Yudi.

Del discurso a la práctica

Todos los discursos sociales deben ser políticos, ahí radica su verdadera existencia, pero no podemos desconocer cómo se ha desvirtuado el concepto de política, y en la adaptación a estas nuevas ordenanzas de vida que nos quieren imponer los que mandan hemos estado más ocupados por resolver lo que sólo a cada quien le toca. Una sociedad individualista donde todo se vuelve ambiguo y por ende tortuoso, pero también fructífero,  por lo tanto con mucho para hacer y por resolver.

Los acuerdos de paz tan cuestionados en Colombia y los históricos resultados del plebiscito del 2 de octubre del 2016, se posicionaron como discursos tanto en la academia como en los grupos sociales de trabajadores, de ciertas élites y sobre todo en las comunidades indígenas, campesinas y afrodescendientes que han sido las más afectadas directamente por la guerra del gobierno con las Farc. Pero más allá de los discursos de fondo, se produjeron unas prácticas que comenzaron a movilizar la mirada hacia otros horizontes epistemológicos y sociales para hacernos reflexionar como país, como sociedad y como comunidades en posacuerdo.

Al generarse ciertas prácticas a través de los discursos, estas deben ser estudiadas, atendidas y accionadas. Si bien la sociedad se comienza a mover con los hilos del poder, las resistencias también surgen para coexistir con ese poder y movilizar otras oportunidades. Michel Foucault definió esas resistencias como procesos de creación y de transformación permanente.

En Vigilar y castigar, por ejemplo, Foucault deja entre leer las formas como se instauran las relaciones de poder y de resistencia, tanto en un contexto histórico, económico, como en un contexto político determinado. Aquí estamos, siempre con la misma incapacidad para franquear la línea, para pasar del otro lado. Siempre la misma elección del lado del poder de lo que dice o hace decir”

Leonard o Leo, como lo llaman sus amigos, es una muestra de que el discurso puede ser práctica y resistencia o mejor re-existencia, desde la pedagogía de la re-existencia a la que se refiere el educador colombiano Adolfo Albán: “la resistencia puede ser un hecho donde yo obtengo el poder pero no trabajo por las transformaciones de las relaciones de poder, la re-existencia hoy en día es el compromiso por el mantenimiento y la reproducción de la existencia en condiciones de dignidad y en procesos de transformación de la sociedad”.

 

Jonathan Hurtado, estudiante de Comunicación Social de la Universidad del Valle, orienta uno de los talleres.

Grietas de corrupción

Después de recibir el mensaje por Whatsapp ese 18 de marzo y de repensar incluso ese encuentro tras haber hablado sobre la necesidad de un escolta para salir y del peligro que implica entrar a ciertos barrios, pensé que sería casi imposible poder encontrarme con Leo. Eran recurrentes nuestras ocupaciones y, por otro lado, en casa eran constantes las advertencias de peligro por mi obstinada misión de salir a conocer los barrios.

Aunque tuvimos que cancelar esa salida, esa misma tarde Leo me invitó a su oficina en donde funciona la asociación Rostros Urbanos, de la cual él figura como representante legal desde hace siete años y que coordina junto a Yudi Angulo, estudiante de administración y líder social de las juventudes afro en Buenaventura.

A Mr. Bussy, como bauticé en secreto a Leo después de varias ocasiones en que lo contacté para encontrarnos, por fin lo conocí aquel sábado 18, sobre la vía principal de la ciudad, justo frente al barrio El Galeón.

Casualmente El Galeón es el barrio donde permanece preso –con el beneficio de casa por cárcel– el exalcalde José Felix Ocoró Minotta, condenado a 18 años por irregularidades en un programa de contratación de cupos escolares, pero igual de corruptos fueron sus sucesores a quienes se les han imputado cargos similares.

El sol que siempre es testigo de todo por estas tierras, así como alguna amenaza de lluvia tras las nubes grises que suelen formarse en la lejanía, me reservaron ese sábado a las dos de la tarde el esperado encuentro con Mr. Bussy en plena calle. Leo iba con uno de sus amigos caminando sobre la vereda; yo estaba parado al otro extremo aún sin percatarme de su presencia. Un silbido desprevenido desde la otra acera, yo en mi despiste selectivo descifrando de dónde provenía el llamado, pasé la calle imposible llena de tráfico y nos presentamos.

Barrio Vista Hermosa de Buenaventura, Colombia. Allí realiza talleres Rostros Urbanos.

Un encuentro esperado

-¿Cómo vas manito?

-¡Todo bien!, contesté, mientras lo saludaba con un abrazo.

Caminamos hasta su lugar de trabajo, un pequeño apartamento en un edificio de 4 pisos, que tiene una sala de eventos donde hay una mesa que ocupa casi todo el espacio, varias sillas, un escritorio en la parte de atrás, un computador y un video beam con el cual se proyectan videos en los talleres educativos que promueve la asociación; una cocina donde caben apretadas tres personas, un baño y dos habitaciones donde funcionan la oficina de coordinación y una unidad de trabajo.

En la entrada hay un letrero pequeño hecho a mano, se lee hip hop. Cuando entramos, Leonard me presentó a sus colaboradores y yo terminé de presentarme con los demás  participantes que oscilan entre los 14  y 24 años, según el proyecto, en este caso el proyecto “Recuperando la esquina”, que fomenta una mirada distinta desde la interculturalidad de esos espacios ahora estigmatizados por la violencia y el consumo de drogas. Esos lugares “no lugares” que acuñó el francés Marc Augé para referirse a los lugares de transitoriedad que no tienen suficiente importancia para ser considerados como “lugares”, pero donde se generan diversas dinámicas que hacen parte de la cultura, de una  ciudad y de un barrio.

Los talleres se brindan gratuitamente y el proyecto costea el transporte y el refrigerio de los asistentes por medio de Podion, una agencia de cooperación alemana que los financia.  Hoy la conferencia fue sobre grafiti como forma de resistencia.

Después de ver algunos videos pedagógicos, los chicos hicieron dibujos en cartulina a manera de grafiti, mientras los que habían dado la charla junto a otros participantes, hicieron una intervención urbana en la parte de abajo del pequeño edificio, justo frente a las escaleras que suben una pequeña cuesta por donde pasa el tren con sus vagones oxidados en el barrio Catorce de Julio, día de San Buenaventura y el mismo en el cual se fundó el barrio.

La socialización de los dibujos se hizo en la sala de proyección, donde se pueden ver fotografías de líderes negros internacionales como Obama y locales como la poeta Mary Grueso. Los chicos explicaron sus dibujos con reflexiones acerca de las problemáticas de la ciudad como la falta de educación de calidad, de agua potable y el exceso de violencia que se vive en los barrios debido al abandono del Estado.

Durante los talleres todo espacio es un reto para poner en práctica la técnica del grafiti.

 

 Re-existencia en comunidad

Todo espacio de la vida comunitaria debe ser un espacio de educación. Lo interesante de los acuerdos de paz fue que de todas maneras se generaron otras movilizaciones sociales en el país, que a su vez abrieron campo para el estudio de las actuales dinámicas y prácticas culturales de comunidades que han estado expuestas a la guerra durante años, construyendo así nuevas rutas de conocimiento desde las ciencias sociales para continuar discutiendo temas que deben ser claves en la educación de las futuras generaciones a partir de los saberes.

Estas rutas todavía sin señalización, pero que se están construyendo desde las comunidades, deben tener el objetivo y el desafío de hacernos reflexionar frente a nuestra existencia. Tarea difícil hoy en día cuando son la industria cultural y la politiquería quienes pretenden “educar” produciendo en la gente una profunda alienación, enajenación y desterritorialización que conllevan a una usurpación de identidad y pérdida de los saberes, tradiciones culturales y de la memoria.

Mr. Bussy es un sobrenombre perfecto para una persona tan activa y activista como Leo. Me sorprende su energía; rapea mientras camina y afectuosamente se divierte abrazando a alguno de sus amigos, discursea hábilmente y bromea todo el tiempo. Como decimos en Colombia: ¡La tiene clara!

Al final, pudimos vernos de nuevo y hacer la visita barrial que habíamos pospuesto. Vista Hermosa fue nuestro destino, uno de los barrios más vulnerados por la corrupción y la violencia, que debe su nombre a los majestuosos atardeceres que se pueden ver desde una pequeña montaña que hay en el barrio. Después de ser escoltado en una camioneta blanca junto con otros participantes de la asociación, llegamos en la tarde y salimos en la noche sin contratiempos.

Primero nos encontramos con el resto de los líderes y trabajadores de Rostros Urbanos en una de las casas del barrio donde se hicieron diversos talleres con la comunidad, talleres que también lidera otro joven bonaerense que está registrado como cofundador de la asociación, Víctor Angulo. En este taller, particularmente, también participa Jonathan Hurtado, estudiante de Comunicación Social de la Universidad del Valle. Las actividades estuvieron registradas bajo el lente de Anahí, comunicadora social proveniente de Argentina y quien está realizando su trabajo de campo de maestría, desde la antropología,  sobre las formas de resistencias de los pueblos afro.

Un nuevo taller, otras reflexiones, participación de la gente del barrio que siempre tuvo una sonrisa para regalar en medio del debate. Salirse del discurso para volverse acción, para crear comunidad. Hablamos de la defensa del territorio y entonces volvíamos a creer en la pedagogía y en la esperanza; en una ciudad que aunque parece haberla perdido todavía se resiste desde otros lugares a la naturalización de una nueva esclavitud. Un puerto con gente que sobre todo re-existe, se reflexiona así misma desde otros lugares, desde su mundo cultural a través de líderes como Leonard, Yudi y todos los que hacen posible que Rostros Urbanos re-exista, dándole sentido en la práctica a esa resistencia.

“Es preciso que, como el poder, la resistencia se organice, se coagule y se cimiente.

Que vaya de abajo arriba, como él, y se distribuya estratégicamente”.

Michel Foucault