La biblioteca comunitaria de Frailes pasa la página de una demanda que los desalojó, para buscar que el Estado les garantice una tierra en comodato que ellos mismos están dispuestos  a adecuar a partir de convites. Pues de la misma forma que se construyó el Aeropuerto Internacional Matecaña y el Estadio Hernán Ramírez Villegas, un sitio lleno de tierra, pasto y tarros de pega consumidos, aspira –en el buen sentido- a ser la sede temporal de ese espacio que lleva por nombre el alma de un muchachito que también tuvo sueños livianitos.

Integrantes de Frailes Arte durante la visita de Rosario Caicedo, hermana del escritor Andrés Caicedo.

Por: Emilia Arango

Fotografías por: Frailes Arte

 La fachada de la biblioteca Andrés Caicedo difería bastante de la estética de otras bibliotecas que sí son apoyadas por los entes gubernamentales. Un lienzo propio, hecho por los chicos del colectivo Frailes Arte, coronaba la casa de dos pisos con fachada en ladrillo a la vista, donde por más de ocho años funcionó una biblioteca con más actividades que las otras de la ciudad; actividades de carácter gratuito que se gestionaron por el mismo colectivo que hace diez años fundó Daniel Alejandro Vergara.

-Si yo pudiera devolver el tiempo no los metería en este chicharrón- dice Daniel entre risas, con un rostro amable y una manera de hablar que contagia buena vibra, aún entre las problemáticas que  junto a don Alirio Becerra, Presidente de la junta de acción comunal, han tenido que enfrentar.

El inicio del chicarrón se dio unos años atrás, cuando Oscar Iván Arias, un ‘generoso’ socio de la constructora Agustín Torres,  después de estar a cargo de realizar obras en varios sectores del barrio Frailes de Dosquebradas, les entregó una propiedad sin acabar de construir para que allí realizaran los procesos que el colectivo venía trabajando con niños y jóvenes del sector. La constructora, que desde ese entonces ha cambiado hasta seis veces su razón social, había incumplido con la entrega de varios inmuebles y entre ellos un salón comunitario.

Entonces con decisión, Frailes Arte fue llenando de vida un lugar que se encontraba sin energía eléctrica, pintura y sin muchas otras comodidades, para brindar a quienes, sin saberlo, se fueron involucrando de a poquito en aquella locura de darle una biblioteca pública a Frailes, biblioteca que sería útil para los niños del sector que ni siquiera en sus colegios cuentan con un espacio de lectura, y locura que lograron consolidar pese a que a partir del 2013 pasó de la risa al llanto, como dicen las abuelas.

El mismo hombre ‘generoso’ que les cedió el espacio años atrás, los denunció por daños personales, entre otra larga lista de argumentos que hoy causan risas de desconsuelo entre una comunidad que desde siempre se ha hecho a lo que tienen por su cuenta. Muestra de ello es la pavimentación hecha con sus recursos.

 

Más reversa tiene un avión

Era septiembre del 2013 cuando don Alirio, desconcertado, recibió una carta expedida por la Notaría Única de Dosquebradas, en la cual no solo se le informaba que debía abandonar el predio, sino que también se le multaba por diferentes infracciones que, según  Oscar Iván Arias, habían sido cometidas en su contra. La cosa llegó hasta tal punto que la última orden de desalojo incluía una multa de casi quince millones de pesos.

Y parece no haber manera para que los entes oficiales valoren la acción social que se realiza desde la biblioteca, ni los procesos que muchas veces han pagado de su bolsillo los integrantes de Frailes Arte. Esta vez no hubo superhéroe entre las hojas de Andrés Caicedo, como no hubo uno en esta página gris de la biblioteca.

Los esfuerzos de don Alirio y de Daniel por tocar puertas y hacerse ver no han movido de su lugar ni al Alcalde de Dosquebradas, Fernando Muñoz, ni al Gobernador de Risaralda, Sigifredo Salazar; ni siquiera cuando existen pruebas de lugares abandonados en Frailes, que en últimas son de la comunidad.

-Ni de eso fueron capaz- dice con tristeza don Alirio, recordando el abanico de invitaciones y peticiones que han enviado a los alcaldes, que durante tres periodos pasaron por el municipio.

Y con fotos en mano, que evidencian la visita que hicieron el 18 de noviembre con el Secretario de Educación, Leonardo Granada, a algunos de los lugares abandonados que hay en Frailes, Daniel relató algunos detalles:

-Mandaron al Secretario de Educación. Nos citó a las once y media pero llegó a las doce y veinte y se fue faltando quince pa’ la una. Ese fue el tiempo que tuvimos para mostrarle los lugares abandonados en los cuales se podría colocar  la biblioteca. Los folletos que le entregamos los cogió y los metió por la ventana del carro.

Fuimos al puesto de salud que aunque le faltan algunos vidrios se puede usar, pero el secretario dijo: “¡no, no, no! es inviable porque corresponde a la Secretaría de Salud”. Luego estuvimos en la primera caseta comunal que está descuidada y tiene plantas; el espacio es muy grande pero nos dijo que no se podía hacer nada porque esa caseta era de otro barrio.

Por último estuvimos en la otra caseta comunal. ¡Parce!, ese es el lugar más dañado, allá sí nos toca coger azadón y pala. Ese lugar lo entregó al barrio esa misma constructora, eso sí, sin ventanas ni puertas, pero con el tiempo los muchachos empezaron a meterse allí a hacer cosas indebidas y los vecinos del barrio se propusieron tumbar todas las paredes. Pero allá sí nos podríamos meter.

-Lo que les toca hacer ahí- parafrasea Daniel, recordando lo que dijo el secretario de Educación- es mandar una petición de comodato, para que la caseta pase a ser de ustedes, como colectivo cultural.

Y sin más nada se subió a su carro sonriéndonos y se despidió diciendo:

-Vamos a ver qué puede hacerse.

-Mejor dicho, es más fácil comprar una casa y montar ahí la biblioteca que sobornar a todos los implicados pa’ tumbar esta orden de desalojo- complementó.

 

Al que no lleva la carga, le parece que no pesa

Dibujo realizado por Matías sobre una pared de la sede desalojada; Matías es uno de los niños que va a la biblioteca. Ilustración adaptada por Mateo Vanegas.

Este señor generoso y vulnerado, al que se le adueñaron del bien por el cual demandó a don Alirio, no es ningún santo, Oscar Iván Arias tiene varios procesos en contra suya y de la constructora en la que era socio, pero con la cual al parecer ya no tiene ningún nexo porque según él solo llegó a ser un empleado más.

Las demandas que lo involucran manifiestan verdaderos delitos que van desde vender una casa tres veces hasta entregarla sin elementos indispensables; además de otras por incumplimiento de entrega de obras a la comunidad, entre esas el incumplimiento a los habitantes de Villa Mariela, frente a lo cual él tomó la decisión de remediarlo con el préstamo del local en el que funcionó la biblioteca hasta el 02 de diciembre de este año. La cuestión es que todo se dio mediante un acuerdo verbal que de nada sirvió.

Pero don Oscar ha salido invicto gracias a sus chancucos que siempre lo ayudan a lavarse las manos, evadiendo la justicia cuando le conviene y expidiendo órdenes de desalojo cuando la necesita, ¿o será que los quince millones que le está pidiendo a don Alirio son para cortarle la cabeza a alguna culebra?

 

 

Como hormigas 

Así como las hormigas, trabajadoras y fuertes, pero más bonitos y organizados, los jóvenes del colectivo tuvieron que salir el pasado sábado 26 de noviembre con su Coroteo cultural, no sin antes haber hecho un puerta a puerta para socializar a los vecinos sobre la situación de la biblioteca. Porque ante todo su salida tenía que ser con la cabeza en alto y sabiendo que queda mucho por hacer, excepto desistir. La biblioteca quedó como debía ser: llena de letras en las paredes.

Y como la lucha continúa, dos días después del coroteo por fin les confirmaron un espacio para intervenir en la sesión del concejo municipal de Dosquebradas, pese a que ya les habían cancelado el mismo espacio varias veces.

El 29 de noviembre llegaron don Alirio y Daniel a contar lo que estaba pasando, acompañados de otros jóvenes y gente de la comunidad. Fueron cinco minutos para don Alirio y cinco para Daniel, frente a lo cual todos los concejales se comprometieron de corazón y  de palabra a sesionar el primer viernes de diciembre desde la sede de la biblioteca desalojada en Frailes. Promesa que quedó grabada por uno de los muchachos. La reunión fue aplazada por una semana más, ya que a los del Concejo se les presentó una sesión extraordinaria, pero luego las sesiones del 2016 finalizaron y no hubo ni corazón, ni palabras, ni grabación que valieran para recordar la promesa.

Por otro lado a don Alirio no le fue tan bien, pues le dijeron que como la empresa demandante es privada y los recursos que reclama la comunidad son públicos, no hay nada que hacer; que si quiere debe emprender acciones legales y contra demandar como pueda, porque ellos nada pueden hacer por él.

 

La biblioteca se quedó

Primer convite realizado el 11 de diciembre en la caseta comunal abandonada.

Ni crean que Frailes Arte dejará su proyecto comunitario, reconocido además en varias partes del país, y que hasta en los últimos días fue visitado por líderes de procesos culturales de la Comuna 13 de Medellín.

Pese a que el desalojo fue un hecho, y aún cuando se evidencia una vez más que la justicia del país funciona gracias a la premisa que pague el más débil,  también es cierto que la unión hace la fuerza y este grupo de locos se han planteado una nueva meta: obtener por vías legales un predio que pertenezca al barrio y del cual no puedan ser desalojados.

Sin embargo, como la vía legal funciona más lento de lo normal -si no se tiene mucha plata en el bolsillo- Frailes Arte se va a negar rotundamente a dejar tirada a la comunidad que, entre otras cosas, va al cine club Ojo al cine con más ganas que a misa.

Los muchachos del colectivo cultural son tercos y continuarán con los procesos que han emprendido; por esto hicieron una recolecta de dinero a través del Mochilazo pro biblioteca con el fin de pagar varios meses de arriendo en una propiedad privada, mientras las acciones legales se desarrollan con su lentitud habitual. Con lo recolectado han asegurado un alquiler hasta marzo del 2017, y desde esta sede temporal han realizado sus actividades de fin de año llenando a niños y jóvenes de letras y buenos ratos.

Mientras, a su vez, ponen su grano de arena para la consecución del comodato, por lo que han convocado convites para adecuar el predio sobre el cual el mismo Secretario de Educación dio su visto bueno, como posible nueva sede; pues de la misma forma en que se construyó el Aeropuerto Internacional Matecaña y el Estadio Hernán Ramírez Villegas, con las manos de la comunidad, ahora un sitio lleno de tierra, pasto y tarros de pega consumidos, aspira –en el buen sentido- a ser la sede temporal de ese espacio que lleva por nombre el alma de un muchachito que también tuvo sueños livianitos.