A nadie le importa que Jacinto sea el adolescente campesino que destacaba como buen estudiante en la escuela rural de El Bosque, pero que escapó de la región huyéndole a la violencia. Jamás anunciaré que fue reclutado a la fuerza en el ejército junto a sus primos y que los verá morir en combate con bandoleros de Venadillo. Nunca daré la noticia de que Jacinto prometió vengarlos. No diré.

0. señalizacion laguna del otún

Es difícil hallar a un hombre en el paisaje,

y allí está, sin embargo.

William Ospina

 

Texto: Camilo Alzate. Fotografías: Rodrigo Grajales

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Soy la botella de anisado en la mesa de Guillermo González, el negociante que más conocía de ganado en medio Caldas. Me quedan tres tragos. Sujetándome del cuello sirve otra copita el viejo –padre de Alfonso, Jaime y Oscar, viudo de María Mejía Robledo–.  Venderá unas reses. Sabe calcular el peso exacto a las novillas según su grosor en las ancas. Qué belleza de animales, mi don, qué hermosura, le dice al comprador.

1. Fuerte sangre negra 1Soy la botella escurriendo las últimas gotas. Guillermo, que huele a puteadero rancio y sudor de caballo, comienza a contar lo que cuenta cuando le da por emborracharse, y eso sucede más o menos cada mediodía, en este cafetín invadido de ancianos que poseían fincas pero ahora ninguno tiene, que consiguieron plata pero no les queda, que conquistaban mujeres pero ya no. Él, Guillermo González, manejó en Altagracia las haciendas ganaderas de la riquísima familia Mejía Robledo. Desde eso, antes aun, viene negociando con potrancos, con terneras o toretes, porque no hay otro capaz de averiguar si una vaca está enferma nada más olisqueándole la trompa, ninguno como él adivina si quedó preñada con solo palparla encima. Era comisionista. En el 62 o 63, ya no 2. fuerte sangre negra 2se acuerda, subió con distinguidos señores a negociar unas cabezas de ganado bravo metido a un cañón más arriba de Salento, tan adentro de la cordillera que alrededor solo se veían árboles enanos. Hombre, hay que comprar ahora cuando ni los animales, ni la tierra, valen mayor cosa. Comprar barato, vender caro, mi don, la plata está hecha. Pero dizque los rodearon unos tipos que salían de entre los palos de sietecuero y los chusques como hormigas. De pronto había una cuadrilla completa. Se reían mucho, enfundados en ruanas, el sombrero calado hasta las pestañas. Y de carabina, mi don, de carabina San Cristóbal arropada bajo la ruana.

En Salento y Pereira rumoraban que llevaban varios meses escondidos por el nevado de Santa Isabel. ¿Quién le para bolas a los cuentos? A veces alzaban gente secuestrada. A veces no. Salió el jefe.

3. fuerte sangre negra–¿A ver, estos hijueputas quiénes son? ¿De Cartago? No serán godos del Valle, porque allá sobran los pájaros del Partido Conservador.

Era Sangre Negra. Pelaba el pescuezo del enemigo a machete dejando media lengua colgando por la rajadura, como tirilla de franela. Belleza de yegua colorada lo traía.

–Mi don, viera que mi familia es liberal hasta el culo… –tartamudeó Guillermo.

Soy la botella vacía. Me levantan sin finalizar la anécdota, que Guillermo contó ayer, que volverá a contar mañana, caído, empapado de aguardiente en este café de Cartago en el año 1971, el último antes que la cirrosis lo mande al hueco.

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4. atentado FARCno se fechaSoy el jirón de papel arrugado donde el bandolero asentó su boleta de amenaza. Me cruza la letra temblorosa del escribiente de turno, tal vez otro bandido que dominaba la gramática, tal vez un secuestrado en poder de la cuadrilla, tal vez el mismo muerto que ahora inspeccionan los policías. Encima de mí la tinta negra forma garabatos compactos, ningún punto, ninguna coma. “Señores conservadores los saludamos muy cordialmente con el corte de franela y nos perdonan lo mal hecho porque estábamos de afán”.

Soy el jirón de papel. Me encontraron los detectives durante la inspección judicial, colocado encima de uno sin cabeza. Me rasgaron letras o alfanjes. Tengo sobre mí una firma: Jacinto Cruz Usma, Sangre Negra, Capitán de las guerrillas del norte del Tolima.

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5. Atentado FARC no se fecha laguna el mosquitoSoy la bocina del Phillips en el mueble de la sala. Residencia de Gerardo Hincapié (Santuario, 1910) y Adela Loaiza (Salamina, 1903), ambos creyentes, maestros de profesión, radicados en la capital desde el 42. Es la una pasada. No emito el radioperiódico, menos la radionovela que le encanta a Melbita, la hija del medio. Hoy 9 de abril de 1948 pronuncio comunicados y proclamas. Hay un alboroto tremendo; un ruido de hojas metálicas rastrillándose contra los adoquines bogotanos, una melodía de garrafas tintineantes. ¡Incendios! ¡Incendios en el centro! (eso transmito) ¡A la calle, con palos, picos, escobas, a las ferreterías y luego a los almacenes! (sigo transmitiendo). Parte de última hora. Tres palabras:

Mataron a Gaitán.

6. sendero laguna del otún–Por culpa de ese anda toda esta chusma alborotada–. Farfulló don Gerardo.

Soy la bocina. No me apagan. Nadie me escucha. No voy a dar esta noticia: hoy 9 de abril de 1948 en la revuelta provocada tras el asesinato del doctor Jorge Eliécer Gaitán, candidato a la Presidencia por el Partido Liberal, los de la policía conservadora o sus contrarios de la chusma mataron a familiares de Jacinto Cruz Usma en la población tolimense de Santa Isabel. A nadie le importa que Jacinto sea el adolescente campesino que destacaba como buen estudiante en la escuela rural de El Bosque, pero que escapó de la región huyéndole a la violencia. Jamás anunciaré que fue reclutado a la fuerza en el ejército junto a sus primos y que los verá morir en combate con bandoleros de Venadillo. Nunca daré la noticia de que Jacinto prometió vengarlos. No diré.

7. laguna del otunHan comenzado los tiroteos. Mirá, la puerta no abre, comprueba doña Adela adentro. Un cuerpo recostado bloquea la salida desde el andén. Se hinchará ahí los tres días siguientes mientras pelotones de borrachos blandiendo machetes desfilan calle arriba y calle abajo, invadiendo el barrio Eduardo Santos donde solo vive gente decente. De noche saquean la iglesia del Voto Nacional que queda cerca. Don Gerardo atrancó la puerta, clausuró las ventanas y echó hasta los postigos. Parece que me escuchan, incluso dejaron de jugar al parqués con la señora Tránsito y don Pedro, los dueños que ocupan el segundo piso. Suben el volumen. El Presidente conservador está declarando el estado de sitio.

–Virgen santísima, ampáranos.

Soy la bocina pero ya no habla locutor ni Presidente. Gritan otros que no conozco. Mataron a Gaitán, mataron a Gaitán, mataron a Gaitán, repito. El tumulto corre aullando lo mismo por la ciudad.

Qué miedo. Calles y bocinas estamos cantando a dúo.

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8. paramillo de Santa RosaSoy la guarida del Capitán Sangre Negra, corral de piedras amontonadas con un mazacote de rocío y nubes. Tras de mí una montaña nevada, al frente la laguna del Otún. Solo frío y frailejones. Solo páramo y sigilo.

Soy la guarida, una muralla áspera. Los bandoleros vuelven como si regresaran al vientre cálido que les brinda dos o tres días de tranquilidad porque agotaron medianoches con sus madrugadas aguardando emboscar algo en el rastrojo, pudo ser un venado para comer, o una patrulla de militares. Luego escaparon por el lecho de la quebrada evitando dejar huella.

La semana pasada asomaron por el camino los hermanos Salinas, honorables ganaderos dueños de medio páramo.

10. finca campesina sector del Bosque–¿Qué más hombre Jacinto?

–Acá, esperándolo don Belisario.

Se comenta que Francisco y Belisario Salinas andan involucrados en política, pero las piedras poco entendemos de eso. Se habla que sacan a Salento hasta mil cargas de papa. Y toda la venden, toda. Que tienen 800 cabezas de ganado regadas por los pajonales. Se habla mucho. Hablan los hombres; las piedras, no. Los Salinas le trajeron remesa al Capitán, estuvieron conferenciando con él y tomando aguardiente mucho rato. Luego se fueron comprometidos que en dos o tres días mandaban las cositas. Y así fue, los arrieros del señor Pacho Salinas subieron una caravana de mulas que transportaban cajas de madera de donde el Capitán sacó escopetas y tiras de munición flojas como longanizas. Se mostró satisfecho. Anunció bien alto que ahora sí podían hacer el mandado en Totarito.

Totarito queda cerca, en otro valle del páramo a medio día de camino.

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11. frailejones en la lagunaSoy la botella.

Guillermo González me abraza y me soba. Estuvo emparentado con la familia Mejía Robledo, de los ricos más ricos de Pereira. Hoy se orina en los pantalones arrojado a su suerte en este cafetín. Él, que negociaba toros y terneros de ceba. Él, que supo hacer plata. Guillermo empieza la historia, mi don, cuando Sangre Negra estuvo a un pelo de despescuezarlo. ¿Pero cómo? ¿A mí, liberal de nacimiento y además gaitanista? ¿Despescuezarme a mí que ya estaba llevado del carajo?

Soy la botella de aguardiente. Me está descorchando. Se oye su voz: “…yo subía con unos distinguidos señores de acá de Cartago a comprar un ganado bravo, arriba de Salento”.

–Salud, don Guillermo –le dicen.

–Salud, mijo. Era el año 62 o 63, ni me recuerdo…

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12. atardeceres y amaneceres en el paramo (1)Soy la guarida de Sangre Negra.

Soy arrume de piedras junto a esta laguna del páramo inagotable. Soy roca, soy varas de romeral, soy frailejón acolchonado y por lo tanto no entendí qué pasó ayer, 21 de septiembre de 1963, al oriente de aquellos peñascos. No capté alaridos, ni imaginé al campesino de rodillas amarrado al estacón donde aparejan los bueyes. No me iluminó el brillo afilado, la lumbre del fogón de leña donde encontraron seis pares de brazos pequeños entre carbones humeantes. “La Ermita” se llama esa finca en el lugar de Totarito. Una fiesta acabó abruptamente ayer sábado de madrugada pero no vi las ropas desperdigadas por el patio, ni la cantina de leche vaciada sobre las tablas de la cocina.

12. atardeceres y amaneceres en el paramo (2)De noche ellos retornaron, en bestia unos, a pie el resto, con los sombreros mojados y las cartucheras cargadas de barro. Los mismos 28 que salieron ayer con el Capitán. Trajeron un rebaño de vacas y venían arrugados, todos parcos, seguramente a causa del cruce de los tragadales o por las cosas que vieron confundidas entre la neblina. Durante horas permanecieron callados en la fogata. El Capitán se recogió temprano en mi rincón, arrejuntado con Aguililla, una muchacha que anda con él.

Soy la guarida. Sobre mí solo cielo estrellado, solo humedad en calma. Vi alejándose al que le dicen Veneno (Idelfonso Reyes) junto con Zarpazo (Ruperto Moreno). Los vi zigzaguear por los frailejones.

–Qué frío.

–Ya enseguida va a clarear.

Al día siguiente sopló una llovizna menuda, de esas lluviecitas persistentes de altiplano, que son finas y se introducen por cualquier agujero congelando todo. Los bandidos no pararon de escudriñar el cielo. Esperaban algo, el vuelo de los aviones y helicópteros, quizá, o a alguna bandada de loritos verdes con cabeza amarilla.

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Soy la bocina del Phillips. Música. Guitarras arañando un pasillo ecuatoriano. Dos voces acopladas:

12. paisaje del paramoSi yo de aquí me alejo, no es porque así lo quiero

me llevará el destino sin rumbo a navegar.

Pero jamás olvides que en un rincón del mundo

llora en silencio un hombre su desgraciado amor.

Me sintonizan el dial. Don Gerardo Hincapié dormirá las noticias en mecedora. Sale una voz grave y teatral del locutor. 28 de abril de 1964. Unidades cívico-militares comandadas por el dragoneante William Moreno, alcalde del municipio de El Cairo, Valle del Cauca, localizaron el pasado domingo 26 al 13. EN EL PARAMO Y LAGUNA (3)reconocido antisocial Jacinto Cruz Usma, alias Sangre Negra, junto a elementos de su cuadrilla. El facineroso se escondía en zona montañosa limítrofe con el departamento del Chocó, procedente del Quindío, donde se intensificaron las operaciones de persecución en su contra por parte del Batallón Colombia al mando del General José Joaquín Matallana. Fuentes confirman que a las 2 de la tarde rodearon a los bandidos en el paraje de Las Amarillas, estableciendo contacto armado durante veinte minutos. Alias Cantinero y Malasuerte resultaron eliminados. Sangre Negra fue hallado hoy, cerca del Alto del Paraguas, con impactos de arma de fuego en abdomen, boca y cráneo. No se descarta suicidio. El cuerpo exhibido en la plaza central de El Cairo será trasladado a los municipios del Tolima, para mostrárselo a los campesinos…

Soy la bocina. Don Gerardo se despertó ofuscado. ¡No más noticias, no más, no más! Un pasillo ecuatoriano. Guitarras. Voces acopladas.

12. atardeceres y amaneceres en el paramo (4)Llora mi corazón, llora que triste,

porque aquí va dejando lo más querido.

Cómo no he de llorar, tanto he sufrido,

si arrancan a pedazos mi pobre vida…