SIETE CANCIONES PARA IR Y VOLVER

Este breve cancionero hace un recorrido por distintas expresiones musicales que se entretejen con la Sierra Nevada de Santa Marta: sus paisajes, gentes e historias. Exploraremos la insólita proximidad que hay entre la música del País Vasco y las expresiones culturales y festivas de la Sierra y su Caribe. Evocaremos una compilación musical donde se juntaron artistas como Manu Chao y Jorge Celedón para rendir tributo a aquella imponente montaña litoral y pondremos la oreja sobre canciones de ritmos contemporáneos que se inspiraron de alguna manera en la vida de los indígenas arhuaco.

Escribe / Juan Sebastián Zapata-Mujica – Ilustra / Stella Maris

Hace un año Skampida, banda de rock bogotana, estrenaba su videoclip Vida triste y hermosa, un homenaje a quienes el virulento año 2020 se llevó, bien fuera por el covid-19 o porque algunos tenían que “defender la democracia, maestro”.

 

Vida triste y hermosa es una versión de la canción Bizitza triste eta ederra, de la banda Joxe Ripiau. El video tiene como protagonista una niña ikʉ que corre por el cañón del río Guatapurí. Al frente se observan las imponentes montañas que esconden del otro lado los poblados de Atánquez y Gʉn Arwʉn (Sabana Crespo). Hay otras tomas que van y vienen entre Valledupar, Bogotá, Estados Unidos y España. Y es que, de hecho, incrustado entre España y Francia se encuentra el País Vasco, tierra natal de Iñigo Muguruza, fundador de Joxe Ripiau, una banda que mezcla reggae y ska con sonidos como la cumbia: género descendiente de la Sierra Nevada de Santa Marta y sus músicas de carrizo indígena.

En el País Vasco, antes del fascismo, que todo lo homogeniza, el idioma predominante era el euskera, donde vida triste y hermosa se escribe bizitza triste eta ederra, coro que se repite mientras recorremos las montañas de la Sierra al paso de Yinga, una niña que nos recuerda la portada del disco donde aparece la versión original de la canción.

Iñigo Muguruza, compositor de esta canción y fundar Joxe Ripiau participó en Kortatu, una banda de rock vasco histórica. En 1983, un año antes de que Kortatu naciera, en el mismo territorio vasco, otros jóvenes de irreverente desencanto conformaban el grupo de rock Cicatriz. Con sonidos lúgubres y letras rabiosas, esta banda fue parte de una época en que la música rebelde quiso ser el martillo que transformaba la realidad.

Es muy poco conocido, pero la canción que aparece arriba es una versión hecha en 1991 de una canción original de Los Betos, lanzada en 1989. Los Betos fue una agrupación de vallenato de El Molino, Guajira, poblado aledaño a Villanueva, territorio familiar para los viejos atanqueros, que anduvieron por allí una y mil veces en busca de la historia de sus ancestros.

Una de las personas que probablemente aún recuerde aquellas correrías por la baja Guajira es Benito “Toño” Villazón, músico de carrizo kankuamo, que aparece en la primera foto de este cancionero. La casa de Toño Villazón tiene en su entrada un llamativo mural lleno de fotografías que bien podrían considerarse como parte de un futuro museo de historia kankuama. Entre la impactante galería, llama la atención una donde aparecen un arhuaco, Juvenal Oñate y Toño Villazón, junto a otra persona y Manu Chao, tocando guitarra en primer plano.

Manu Chao, por todos conocido, participó en la grabación de un disco titulado Abre Sierra Renace Bakatá junto a Dr. Krápula, Jorge Veloza, Los Gaiteros de San Jacinto, Sargento García, Iván Benavides y otros, donde las voces y gaitas serranas tienen un protagonismo único.

En esta misma mixtura de músicas, tenemos a Ganyarikies, con una canción que nos traduce la noción telúrica de la vida arhuaca, donde las montañas albergan pensamientos, las lagunas son portales de vida y el agua es la sangre de la Madre.  Al mismo tiempo, el videoclip nos muestra miradas desconcertantes de indígenas que recorren un mundo desbalanceado, tapado de cemento, lleno de mercancías y vaciado de cultura. Como parte del sonido contundente de esta canción, aparecen las voces de algunos indígenas, que reflexionan sobre el desecamiento de los ríos y la inundación de bebidas gaseosas. Recientemente, y tras varios años de no aparecer en escena, Ganyarikies anunció su participación en un festival que se celebraría en Bogotá y La Calera. Esperemos que esta no sea una excepción tanto como una nueva etapa en la vida de esta agrupación.

Por fuera del rock, pero dentro de los llamados “ritmos rotos” está la versión de Llehue, música de chicote arhuaco, interpretada por Mucho Indio bajo una base de bajo, batería y sonidos electrónicos. El disco al que pertenece esta canción es el resultado de varios años de estudio de músicas indígenas de la Sierra, Amazonas, Cauca y Guajira . La propuesta de Mucho Indio pasa por un importante componente visual, donde Guache, el graffitero, le pone color como ninguna otra persona podría. En este video, que registra el proceso de un graffiti en Bogotá, suenan dos canciones: Buynayma, canción del trapecio amazónico que hace parte de la banda sonora de El abrazo de la serpiente y Llehue, una canción que los indígenas de la Sierra le cantan a la lluvia.

Alguna vez vi una foto de los integrantes de Skartel en Atánquez, Resguardo Indígena Kankuamo. Si no estoy mal era en la emisora comunitaria, Tayrona Stereo. Nunca averigüé el porqué de la visita de estos músicos a la Sierra, tampoco era de extrañarse. Skartel, al igual que Skampida, es una banda que marcó época con sus sonidos inconformes en Bogotá, tal y como lo hicieron en el País Vasco, durante los años ochenta, Kortatu y Cicatriz.

Bonus track: Recientemente murió Máximo Jiménez, acordeonista del Sinú que, por sus letras, tuvo que exilarse casi media vida, lo que privó por mucho tiempo a la región vallenata de bailar protestando. Entre su repertorio hay una canción, El Boche, que por su empuyado ritmo fácilmente podría mestizarse con rock. Esperemos que alguna de las bandas aquí nombradas se le mida a hacerle un tributo y, así, podamos protestar bailando.