Porque la ley de víctimas es para el postconflicto, no en medio del conflicto. Y ya podemos ver los nuevos ejércitos anti-restitución, que son un nuevo brote paramilitar, encargados de detener no solamente el intento de la restitución en sí, también la posibilidad de que los campesinos denuncien.

La ley de tierras, a pesar de ser un buen propósito, para Molano es una iniciativa que desde ya se muestra fallida, debido a la oposición de las élites tradicionales que se han apoderado de la tierra y que no están dispuestas a ceder. Foto/Catalina Noreña

Por: Daniel Alzate Isaza

Unos minutos antes del mediodía estuve ahí en la recepción del hotel Soratama de Pereira, más ansioso que cualquier cosa. Llegaron tres estudiantes para entrevistarlo y se sentaron cerca. Apareció el encargado de traerlo por parte de Cine en Cámara y él aún no bajaba. Una llamada a la habitación y minutos después se abrió el ascensor. De allí bajó un hombre de estatura promedio, con un bigote salpicado de canas y un pelo consumido por ellas. Su sencillez abrumadora, su voz apenas audible y sus párpados entreabiertos se dispusieron para la entrevista.  ¿Y quién era acaso?

Era Alfredo Molano, el hombre que ha dedicado su vida a caminar por todo el país, a emprender un arduo trabajo sociológico de esta Colombia que no tiene tiempo para conocerse porque está ocupada matándose. Ahora está sentado a mi lado. Su rigor le ha cosechado grandes obras como Los años del tropel (1985), Siguiendo el corte (1989) y Rebusque mayor (1997), por nombrar algunas. Éstas encierran las historias no contadas de la violencia en todas sus formas, la geografía abandonada por el conflicto y resignificada por los terratenientes, la complicidad de los diferentes actores armados, incluyendo narcotráfico y víctimas en el ojo del huracán.

Bastaría con decir que tiene en su haber un premio de Periodismo Simón Bolívar, un premio Nacional del Libro de Colcultura, un Premio a la Excelencia Nacional en Ciencias Humanas de la Academia de Ciencias Geográficas, y que en 2001 se fue al exilio luego de que Carlos Castaño, en ese entonces comandante de las AUC, lo amenazara de muerte por sus fuertes críticas al paramilitarismo. Con tranquilidad le dijo a El Tiempo por esos días: “estaré en el exilio hasta que me dure el miedo”.

 

Con los pies en la tierra

Esta vez llegó a Pereira para hablar sobre la nueva Ley de víctimas y restitución de tierras del presidente Santos. Dicen algunos que no es una ley de víctimas sino de victimarios, a lo que Molano responde: “eso va terminar así. Es decir, pues en principio es una ley adornada en papel, de muy buenas intenciones políticas. Pero la fuerza que tienen los latifundistas, regionalmente hablando y los intereses locales, me parece que  van a terminar deformando esa ley o adecuándola al status quo. Y no solamente con fusiles, matando a los líderes campesinos que están reclamando sus tierras, también haciendo todas las trampas legales que ya han sido previstas por ellos mismos para dificultar la devolución de las tierras. Estoy hablando del testaferrato, del trabajo que hacen los notarios y los registradores y el argumento de la buena fe. Con ese mismo argumento han fracasado en Colombia muchas de las reformas agrarias que se han tratado de sacar adelante. Así que yo soy un poco pesimista”.

Una ley que se mete de frente con el tema más complejo del conflicto armado en Colombia: el territorio. Y de ahí con los terratenientes, que se han hecho valer de todas las argucias para legitimar tierras que fueron expropiadas de forma ilegítima por grupos paramilitares, guerrilla y hasta el mismo Estado. Es por eso que Molano ve muy improbable que esa tierra sea devuelta. “Me da cierta mala espina, el cuento tan misterioso, del ministerio de Agricultura, de regularizar la frontera y poner énfasis en los baldíos. Es cierto que el 40 por ciento de los ocupantes están en terrenos baldíos y eso sería válido, pero en realidad a la misma conclusión llegó el Incora en la época de Carlos Lleras y terminó fue titulando baldíos y no asignando tierras en propiedad. Yo creo que va ser una repetición de esa historia”.

 Los detractores de la ley hablan de una posición engañosa del gobierno, al prometer sobre el aire e inflar las cifras de restitución cuando lo que se hará es entregar terrenos baldíos, que no son naturalmente las mismas tierras productivas que les quitaron por la fuerza a los campesinos. “Están sumando peras con manzanas. Me parece que es una de las trampas que se hacen desde los conceptos jurídicos para dar una cara progresista cuando en realidad se está simplemente aceptando la maquinaria”, sentencia Molano.

Pero pasando por alto los malos augurios y las incoherencias planteadas, en el escenario posible que se cumpla con la restitución de tierras, ¿existen las garantías para la no repetición? Molano cierra por unos segundos los ojos, pensando la respuestas y se suelta: Pues mientras haya guerra, naturalmente que no. Por eso el gobierno habla con cierta ingenuidad. Porque la ley de víctimas es para el postconflicto, no en medio del conflicto. Y ya podemos ver los nuevos ejércitos anti-restitución, que son un nuevo brote paramilitar, encargados de detener no solamente el intento de la restitución en sí, también la posibilidad de que los campesinos denuncien. Es decir, con una pistola detrás qué denuncias van a poner”.

Molano es un hombre que demuestra mucha calma y seguridad, esas mismas características que le han permitido sobrevivir en sus recorridos por los lugares más recónditos de Colombia. Foto/César Romero

País de víctimas

Alguna vez el escritor y periodista Juan José Hoyos mencionó que Colombia debía empezar a vomitar sus muertos y reconocerlos. ¿Cómo va ese reconocimiento? “Muy lento. Y realmente eso nunca será posible, porque los muertos no están enterrados. Los muertos han sido botados a los ríos. Y ninguna autoridad está interesada en identificar esos restos”.

¿Y entonces qué viene después de una posible restitución integral? “Contra la restitución integral de devolverles la tierra y pagarles sus muertos se está levantando una gran amenaza que es el TLC. La gente va a terminar vendiendo las tierras recuperadas a los nuevos inversionistas chinos o japoneses o algunos inversionistas colombianos que quieren hacer grandes latifundios para enfrentar el TLC”.

Un panorama escabroso y desalentador, un pesimismo que se contagia con facilidad con sólo prender el televisor al medio día. Y a pesar de lo que se anuncia en todas partes, queda siempre la pregunta por la paz. ¿Es posible pensarla en el escenario actual?, ¿es la ley de víctimas, con reparos y modificaciones evidentes, un insumo para lograrla?

“Es uno de los insumos, porque si se llegara a resolver el problema agrario se resolvería gran parte del asunto. Pero hoy día el problema agrario tampoco está generando toda la violencia que estamos viviendo. Yo creo que el desempleo, la promoción del consumo, la exclusión política de la gente como el caso de la Marcha patriótica que ya comenzaron a dispararles, pues van a hacer más difícil un acercamiento de paz”.

Otra mirada a la realidad colombiana desde el conflicto que se vive en las selvas y regiones apartadas. Foto/César Romero

Una hora más tarde, Molano estaría en la Fundación Universitaria del Área Andina, contándoles a centenares de asistentes la historia de la violencia en Colombia en el marco de la ley de víctimas. Tres horas después estaría en la Cámara de Comercio de Pereira hablando del documental Apaporis dirigido por Antonio Dorado. En medio de la charla y cuando contaba que tuvo que encontrarse con las Farc y que no eran personajes simpáticos, una luz arriba del escenario explotó repentinamente. Seguramente pensó: ‘me escucharon’. Pero nada pasó. Al final continuó su charla entre las risas del público.