Sobre las tablas un barril metálico rompe la monotonía de la puesta en escena. Un barril negro de 55 galones, de aquellos que se llenan con el azabache del petróleo. Tras las bambalinas hace buen rato suenan ruidos, rasguños sobre metal… por lo menos eso piensa el público.

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¿Quién sabe nada de eso? ¿Quién sabe que yo, el enano, oculto secretos en el fondo de mi ser, allí donde nadie ha llegado? ¿Quién conoce el alma del enano, la más cerrada de todas, de la que depende su destino? ¿Quién adivina, lo que en realidad soy? Es mejor para ellos no suponerlo siquiera.

El enano. Lagkervist.

Por Antonio Molina

De repente, sin mayor presentación que una sencilla estela sonora, dos manos surgen del barril. Por primera vez el público ha sido engañado: el ruido proviene de allí mismo, del barril omnipresente que deja entrever dos manos provistas de vistosas y exageradas sortijas.

Comienza, también, la identificación del público con este ominoso enano que dispara verdades en medio de una, por momentos, inentendible jerigonza. Se trata de El enano, obra basada en el texto del nobel sueco Pär Fabien Lagkervist. Todo un clásico del siglo 20 que hace parte del VI Encuentro de lecturas dramáticas que se prolonga hasta el 3 de octubre en Pereira.

enano1Pero en la escena otro hombre, clásico a su vez del teatro colombiano, se transforma en princesa, guerrero, príncipe… en enano. Es Juan Carlos Moyano, fundador del Teatro Tierra, el grupo que desde 1991 ha presentado El enano en diversos espacios nacionales y del exterior.

La monstruosidad de este ser, de tan solo 65 centímetros de altura, da la talla para una interpretación en donde el odio, lo inhumano y lo servil se mezclan para complacer al príncipe, señor de la guerra, el que siempre mata desde sus feudos y ve en la sangre la posibilidad de bañar sus propias heridas. El enano, el gobernante… dos manifestaciones de lo inhumano que desemboca en la muerte como provocación. Cualquier asesinato tiene validez: el del enemigo muerto de manera alevosa en el campo de batalla o la del amigo que se revuelca en su propio vómito luego del espléndido banquete para celebra la paz… de los muertos.

Moyano retoma el papel del enano, luego de más de una década de interpretación por parte de la actriz Clara Ariza. El director sabe convencer, al fin de cuentas es una adaptación suya la que se muestra esta noche en el teatro del Centro Colombo Americano, no solo por el conocimiento milimétrico de los efectos corporales, también por esa especie de presencia sobrenatural que solo los grandes adquieren en las tablas. Como enano, Moyano es un gigante y es en este papel donde el lucimiento es evidente, sin menoscabo de la interpretación como princesa, que tiene todas las resonancias del teatro oriental.

enano2La gente ríe, disfruta el papel que hace el enano ridículo en medio de su terrorífico discurso… una eterna invitación a la guerra, a la muerte. Es el arma más mortífera en esta corte renacentista italiana, donde trascurre la obra de Lagkervist, pero pareciera una parodia de la actualidad nacional. Un enano que conspira y asesina como hábito. No en vano el director afirma: “Durante estos años el enano ha crecido como espectáculo, es como si tuviera vida propia. Además, es una obra con mucha vigencia, parece hecha para Colombia”.

Obra: El enano

Basada en la novela de Pär Lagkervist

Grupo: Teatro Tierra de Bogotá

Dirección y actuación: Juan Carlos Moyano