Empieza en Brasil el Mundial de fútbol, un deporte cuyo PIB sería de 500.000 millones de dólares (una de las primeras 25 economías del mundo). Para países como Colombia –lejos de la parte alta del negocio– la historia tiene un lado flaco. Los que pierden son más que los que ganan.

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Por: Uniandes

James Rodríguez comparte con su padre, además del nombre, la profesión. Es futbolista. Los dos han sido parte de la selección Colombia y han jugado un mundial Sub-20. James, el padre, en la Unión Soviética en 1985 y James, el hijo, en Colombia en 2011. Una diferencia de 26 años en los que ha cambiado el fútbol colombiano, no solo en lo deportivo sino también en lo económico. Hoy, en un deporte de masas, en un país como este, la masa está perdiendo.

Aficionados al fútbol o no, los economistas le han echado el ojo a este deporte cuyas cifras superan el Producto Interno Bruto de Colombia. Se han fijado en temas tan diversos como la imparcialidad de los árbitros, la violencia de los jugadores de países en conflicto y, por supuesto, la distribución de la riqueza entre los futbolistas, sus representantes, los clubes y las diferentes ligas del planeta.

James Rodríguez, el hijo, es un ejemplo de lo que sucede con los jugadores talentosos en Colombia y del negocio de compraventa de futbolistas en el mundo. El mediocampista ha tenido una precoz carrera deportiva. A los 12 años ganó con la Academia Tolimense el campeonato de Pony Fútbol; a los 14 debutó como profesional en el Envigado FC y a los 17 fue vendido al Banfield de Argentina. De allí, a los 19 años, fue al fútbol europeo, el sueño de todo jugador latinoamericano.

La globalización del fútbol

Federico Merchán, asistente de investigación del Centro de Estudios sobre Desarollo Económico, hace un paralelo del fútbol con los mercados mundiales. “Algunos críticos de la globalización dicen que los países ricos se hacen cada vez más ricos, mientras los pobres simplemente se especializan en la materia prima y no desarrollan un valor agregado en sus industrias”, explica. Desde la perspectiva del fútbol esos críticos parecen tener razón. Los países en desarrollo venden jugadores a las ligas ‘desarrolladas’ que transforman ese suministro en campeonatos que luego ofrecen al resto del mundo. África y Latinoamérica, los principales proveedores de jugadores, han dejado en sus países ligas pobres y sin planes deportivos de largo plazo.

NUMEROS REDONDOSJorge Tovar, doctor en economía de la Universidad de California, en su libro Números redondos, recuerda que el fútbol es un espectáculo y si los artistas no son buenos el público elegirá otras formas de divertirse. Las estadísticas que tímidamente se van haciendo en Colombia le dan la razón. En el país el promedio de asistencia en 2012 no llega a 9.000 espectadores por partido. Cifra baja si se compara con la del Queen Park Rangers, el equipo con menos espectadores de la liga inglesa, con un promedio de 17.781. En Colombia el dinero no está en la taquilla. Los equipos saben que el negocio grande está en especular con la venta de jugadores, que como en las acciones hay que comprar barato y vender caro.

Los clubes están obligados a vender sus mejores jugadores, lo que les ayuda a mantenerse en el negocio a costa de la calidad del espectáculo. A este panorama hay que sumarle que en los últimos años han llegado a la primera división colombiana ocho equipos sin tradición que tienen claro el asunto de la compraventa de talentos.

James Rodríguez no es el único jugador estrella que ha vendido el Envigado F.C. De la cantera de este equipo son Juan Fernando Quintero, Freddy Guarín, Dorlan Pabón, John Córdoba y Giovanni Moreno, todos futbolistas activos que militan fuera del país y han hecho parte de la selección nacional. Mientras tanto en la liga colombiana el Envigado ha tenido como máximo logro una clasificación a la Copa Sudamericana por ser tercero en el campeonato de 2011.

Comprar, mostrar, vender

Además de los clubes, tras las bambalinas de todos los campeonatos del mundo están los representantes. Ellos son los que deciden dónde presentará la estrella su próximo show. El más reconocido es el portugués Jorge Mendes, representante entre otros de Cristiano Ronaldo, Falcao García, José Mourinho y, sí, James Rodríguez. Al club que lo requiera, Mendes le puede conformar un equipo de altísimo nivel. Los hinchas del mundo ruegan que sea el de ellos.

En América latina el empresario del fútbol más conocido es Paco Casal, que se autoproclamó la persona más rica de Uruguay. Además de ser el representante de varios jugadores de ese país, es el dueño de los derechos de transmisión del fútbol uruguayo y de su selección.

Los datos del dinero que reciben los representantes son un espacio en blanco en las cuentas del negocio del fútbol. La Fifa exige a los clubes informes sobre la comisión por las transacciones de sus jugadores, pero no sobre lo que pagan los jugadores a sus propios representantes.

Jorge Tovar sostiene que lo que mantiene vivas a las ligas tercermundistas es la pasión de los hinchas que se emocionan cuando sus equipos les ganan a cualquier conjunto, por pequeño que sea. Partidos que en el mundo del fútbol no tienen ninguna trascendencia en los hinchas locales cultivan su afición por el deporte y por el campeonato que han seguido durante generaciones.

El equipo de todos

En el paralelo entre fútbol y economía, Federico Merchán agrega que con la apertura de fronteras los países pobres “convergen” a la riqueza de los ricos. Eso dicen quienes defienden la globalización. Y podrían tener razón, igual, con las selecciones nacionales. Estos equipos que concentran el interés de un país reciben jugadores fogueados en las mejores ligas del mundo.

El ejemplo que se pone para explicar el fenómeno de ‘contagio’ es el fútbol uruguayo. Con un campeonato local de bajo nivel, su selección ocupó el cuarto puesto en el mundial de 2010 y es la actual campeona de la copa América. El talento del fútbol uruguayo solo se aprecia cuando sus estrellas regresan para jugar con su selección.

Pero este fenómeno es de doble vía y los jugadores locales que reciben a los cracks de todo el mundo también se estarían contagiando de su juego. En España e Italia se cerraron las fronteras en los años 60, alegando que el fracaso en los mundiales se debió a la presencia de jugadores extranjeros en sus ligas. Más tarde, por la presión de los clubes grandes, se volvieron a abrir. Estas ligas estaban perdiendo estrellas y un posible fenómeno de contagio. Los dos últimos campeones del mundo –los mismos que un día cerraron fronteras– estarían sustentando esta teoría.

James Rodríguez, el padre, nunca jugó en una liga diferente a la colombiana. Su hijo, a los 23 años, ha jugado en tres ligas extranjeras. Actualmente en la liga francesa juega junto a Falcao García, otra estrella colombiana. A los dos poco se les vio como profesionales en el país –Falcao jugó un año en el Lanceros de Boyacá, un equipo entonces de la segunda división– pero no hay duda de que son ídolos y los aficionados colombianos celebran cada gol que hacen con la selección y en los equipos en que militan.