Felicitaciones a Brasil

LEANDRO TOROMuchas de las ciudades mundialistas, como Cuiabá, no tienen una tradición futbolera, ni siquiera tienen equipo de fútbol, entonces ¿Para qué esos grandes estadios? ¿Qué se hará con ellos después del mundial?

Por: Leandro Toro Valencia

Por estos días no queda más que felicitar al pueblo brasilero. Y no porque tengan una copa mundial, eso es más motivo de vergüenza dado el contexto; ni tampoco porque su selección vaya bien en marcadores, eso es banal. Al pueblo brasilero hay que felicitarlo por ser digno, por luchar, por seguir protestando por lo que es una injusticia en la administración del herario público del país latinoamericano.

La alta inversión y las grandes promesas que el gobierno de Dilma Rouseff hizo en estadios, logística y preparativos del mundial son escandalosas. Dilma prometió mejorar aspectos como el educativo y la inversión en salud, pero nada de esto se ha materializado tan contundentemente como el mundial mismo.

Los agentes que dispuso el gobierno para la seguridad triplicaron los agentes necesarios para el mundial del 2010, un síntoma de la necesidad de represión ante el descontento generalizado. Las protestas iniciaron hace mucho, pero a pesar del tiempo se mantienen y han obligado a los medios internacionales, que al inicio invisibilizaron esta cara de Brasil, a enfocar sus cámaras ante las constantes protestas.

La popularidad de Dilma Rouseff ha decaído debido al certamen mundialista. La FIFA, esa gigantesca organización que vela por el futbol mundial poco responsable se hace del daño que las malas inversiones le cobrarán a Brasil en los próximos años. Muchas de las ciudades mundialistas, como Cuiabá, no tienen una tradición futbolera, ni siquiera tienen equipo de fútbol, entonces ¿Para qué esos grandes estadios? ¿Qué se hará con ellos después del mundial?

Se abre el debate eterno de estos certámenes mundialistas en países en vías de desarrollo donde en las prioridades de inversión deben primar las necesidades de su población y no los caprichos de una organización mundial como la FIFA. La diversión del pueblo no puede ir en contravía de las necesidades básicas del pueblo mismo. Digno Brasil de levantarse frente a estas amenazas.