UNA VOZ EN LA TORMENTA (1)

La razón por la cual empiezo a investigar la Unión Patriótica es porque yo me vengo al Reino Unido a realizar una Maestría en guerras contemporáneas y estudios de paz.

 

Escribe / Alejandro Salazar (Guess) – Ilustra / Stella Maris

Llegó más temprano que de costumbre a la primera jornada del conversatorio, que seguro le daría los suficientes elementos para entender un diálogo. Una hora de trayecto, dos porteros novatos y un interminable inventario de protocolos en marcha no fueron suficientes para detener su destino. Jamás hubiera sospechado lo que estaba por escuchar.

El purpura del canapé reflejaba una de las más holgadas posturas.  Sin embargo, este no era óbice para dejar de mencionar algunos hechos y principios históricos fundamentales. Aunque imaginó otros detalles, parece que de repente todo se alineaba.

¡Ah, carachas! La pantalla se abre y con hora inglesa aparece uno de los caballeros del diálogo estructural: Andrei Gómez-Suárez.

Un investigador bogotano, apasionado por la memoria histórica de su país y la geopolítica contemporánea.  Un analista objetivo que, con afable acento, interpreta muchas de las voces que tuvieron un discurso legítimo. Un estudioso que con tacto ha sabido sortear las vicisitudes de un conflicto, impulsando la reflexión y promoviendo una inteligencia emocional que permita gestionar las diferencias de manera constructiva.

 

Guess: ¿En qué consiste la red Rodeemos el diálogo y cuál es el objetivo de esta organización en Colombia?

Andrei Gómez-Suárez: Rodeemos el diálogo es una organización que nació como un grupo de amigos, que les interesaba el Proceso de Paz en Colombia que estaba surgiendo entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las Farc en el año 2012. Este grupo nació en Londres, y surgió porque todos sentíamos una preocupación: a pesar que las partes parecían tener interés en ponerse de acuerdo y llegar a un acuerdo final de paz, la sociedad civil estaba muy desconectada. Entonces, como grupo lo que quisimos fue tratar de decir: «Nosotros desde la sociedad civil, Rodeemos el diálogo, e invitamos a que estas dos partes que han sido enemigos acérrimos, lleguen a un acuerdo final».

Eso que nació en Londres motivó a que a principios del 2014 nos trasladáramos para Colombia y originara una serie de Desayunos de Paz en los que empezamos a encontrar nuevas personas en Bogotá que se interesaban por el mismo tema, por rodear la negociación, por tratar de no juzgar a los equipos negociadores sino por tratar de entender cuáles eran las dificultades y cuáles eran los logros que iban a alcanzar. El equipo, hoy en día en Colombia, ha seguido trabajando alrededor de cómo apoyar la implementación de los acuerdos de paz, y cómo ayudarle a la sociedad civil a tramitar las dificultades de la transición de la guerra a la Paz.

 

Guess: En el prólogo del libro El triunfo del no usted utiliza el término «La cartografía emocional». ¿A qué hacía referencia con dicho término en esa época?

Andrei Gómez-Suárez: En esencia lo que yo estaba planteando es que el país no se puede leer solamente como un país conformado por regiones geográficas, hecho de montañas, ríos, departamentos y demás, sino que al país había que hacerle un mapa de cuáles eran las emociones que iban reconfigurando nuestras complejas tensiones identitarias. Con el libro, lo que trato de hacer también es escribir esa cartografía de cómo el miedo, la rabia, la indignación y la decepción se van apoderando de ese terreno en el que se construye la identidad nacional. Tengo que aceptar que desafortunadamente en el libro no me alcanzó el tiempo —ni el espacio— para hacer una cartografía emocional del otro lado de la moneda, que es todo ese lado de la esperanza, de ese sentir de solidaridad que también despertó la negociación de paz en La Habana.

 

Guess: En el mismo texto usted habla de «compartir novelas» con sus estudiantes de la Universidad de Los Andes para «entender mejor la carga emocional que hemos heredado en estos últimos 50 años de guerra». ¿Qué novelas leían? Y desde su posición, ¿cómo la literatura nos permite entender mejor dicha carga emocional?

Andrei Gómez-Suárez: Qué buena pregunta esa. Mira… yo hice una clase de maestría en la Universidad de Los Andes, en la que las lecturas obligatorias eran novelas. Los estudiantes no tenían que leer los típicos textos de Gonzalo Sánchez, Donny Meertens o los textos de los politólogos en Colombia. Lo que teníamos que hacer era leer doce novelas. Doce novelas a lo largo de todo el semestre para tratar de comprender la guerra y las dificultades alrededor de la guerra. Voy a recoger unas cuantas; la primera con la que abríamos era El crimen del siglo de Miguel Torres, que aborda el asesinato de Gaitán. Esta maravilla de novela histórica también servía para mostrar que la impunidad ha reinado en Colombia desde esas épocas.

Para acercarnos a los años sesenta leímos Abraham entre bandidos, de Tomás González. Es otra lectura del bandido político después de la violencia Liberal-conservadora. Cuando saltamos a los 80 leímos 35 muertos de Sergio Álvarez, una novela vital que narra la complejidad que introdujo el narcotráfico en nuestras emociones. Para terminar, incluimos Los ejércitos de Evelio Rosero, que cuenta una masacre. Nosotros en ciencias políticas, que es lo que yo he investigado, generamos tendencia a ver los conflictos como estadística, como entrevistas cualitativas históricas, como análisis de sistemas políticos, y uno nunca trata de aproximarse al dolor que este conflicto nos ha causado, cómo lo cargamos o llevamos dentro.

Te cuento: cuando hicimos la presentación con el texto de Rosero, por primera vez vi toda una clase de estudiantes llorando. Esto los había impactado en su ser. Entonces el arte en general y las novelas en particular son una herramienta poderosa para encontrarnos con esa historia y ese bagaje que cargamos.

 

Guess: Ya que nos adelantamos un poco y continuando por la parte artística, ¿cree que el área cinematográfica o audiovisual ha sido protagonista y se ha apersonado con las vicisitudes del conflicto como lo ha hecho Argentina o Chile, o aún hace falta?

Andrei Gómez-Suárez: Umm… En Colombia se ha hablado del conflicto armado desde el audiovisual de varias maneras, no necesariamente en películas. Recuerdo algunas como Golpe de estadio. En términos de documentales sobre todo… digamos que, sobre todo, después de la firma del acuerdo de paz ha surgido una producción grande de lo que ha sido el conflicto armado en Colombia. Recuerdo El silencio de los fusiles, Para acabar una guerra del inglés Marc Singer, un documental espectacular. Acabo de ver Una vez fuimos Colombia. Me parece que ha aumentado, después del acuerdo, una buena cantidad de documentales o películas relatando la dejación de armas de las Farc o el impacto que tuvo el conflicto armado.

Antes del acuerdo había unas cuantas, pero quizás se daba un manejo distinto del tema y eso tiene que ver con el momento histórico en el que se producen las cosas y también tiene que ver, tristemente, con el gobierno anterior a Santos, que generó una visión perversa de lo que estaba pasando en Colombia, donde se deshumanizó completamente a las Farc y el conflicto se dejó de ver en su totalidad, se negó su existencia. A pesar de todo, hubo un periodista interesante, Jorge Enrique Botero, que crea un material tipo documental que plasma lo que estaba ocurriendo en medio del conflicto.

 

Guess: Apoyémonos en un documental para hacerle una pregunta personal: El baile rojo. ¿Por qué un politólogo de la Universidad de los Andes toma un camino tan complejo de abordar la desaparición de la UP?

Andrei Gómez-Suárez: Te cuento una historia que he narrado en público y aclara el prefacio del libro Genocidio, geopolítica y redes transnacionales. La razón por la cual empiezo a investigar la Unión Patriótica es porque yo me vengo al Reino Unido a realizar una Maestría en guerras contemporáneas y estudios de paz. Allí tomo una clase con un profesor, uno de los más grandes expertos en genocidio en su momento. Y él nos pregunta en la introducción, ¿usted por qué está tomando esta clase? En la clase había personas de Sri Lanka, de Ruanda, de países que habían tenido conflictos directos, y todos querían tratar de comprender lo que había ocurrido en sus países. Cuando llega mi turno le digo:

«Yo crecí en un país donde hubo mucha violencia política y mis padres fueron parte de un partido político y a la mayoría de sus miembros los mataron. Quisiera entender si la destrucción de ese partido político puede entenderse como un caso de genocidio».

Nunca imaginé entrar a esa clase con esa pregunta en la cabeza porque la tenía debajo del tapete de mi historia. Me había dedicado a estudiar de manera distinta; aunque ya lo había abordado en Los Andes, nunca lo había visto como lo vi ese día. Eso cambió mi vida por que abrió una caja de pandora. Me obligó primero a hacer mi tesis de maestría sobre ese tema, y a revisar una cantidad de archivos personales que mis padres poseían. Ellos habían renunciado a la UP después del asesinato de Bernardo Jaramillo, y en la casa se cerró el tema. Hubo un silencio, pero también era como si estuvieran dentro de una olla a presión. Esto se convierte en una tesis de maestría, posteriormente en un proyecto de tesis doctoral y termina siendo mi primer libro, y de allí salto a trabajar para el Centro Nacional de la Memoria Histórica, sobre un proyecto de investigación que trata de entender el tema del exilio y la Unión Patriótica en Europa.

 

Guess: ¿Qué partido o movimiento de alguna manera retomó las banderas o los ideales de la Unión Patriótica?

Andrei Gómez-Suárez: Yo creo que la Unión Patriótica inspiró la posibilidad del pluralismo político, teniendo a la izquierda como eje articulador a mediados de los años ochenta. Después del asesinato de Bernardo Jaramillo el poder nacional de la UP queda debilitado; quedaron un par de bastiones en algunas regiones. Pero esas banderas de ser una tercera fuerza que entraba al escenario político, por una coyuntura histórica terminan siendo trasladadas a la alianza democrática del M-19, a pesar de que la visión era un poco distinta. Bernardo y Pizarro ya se habían encontrado, eran muy contemporáneos en edad y visiones, pues habían visto la necesidad de unir fuerzas, incluso cuando Bernardo muere se forman unos círculos políticos denominados: «Bernardo vive, palabra que sí». Estos círculos empiezan a apoyar a Pizarro y les devuelve la esperanza por unas dos o tres semanas hasta que cae asesinado Pizarro.

Después quien enarbola las banderas durante un tiempo es Navarro con el ingreso a la Asamblea Nacional Constituyente; posteriormente continúan otros proyectos que siguen recuperando el proceso social y político. Lucho Garzón en algún momento, el Polo Democrático recupera también algunos ideales, incluso cuando el partido de la UP desaparece legalmente en 2002 algunos miembros se siguen considerando de la UP. Por todo ello, en 2013, cuando se les devuelve la personaría jurídica, el partido vuelve a emerger con sus grupos de base y con exiliados que empiezan a salir adelante. Posteriormente se da una conversación interesante entre la Unión Patriótica, Colombia Humana y los que siguen con las ideas de reivindicación a la UP.

 

Guess: Retomando el texto El triunfo del no, hay un término constante allí: «Los dispositivos retóricos». Los dispositivos retóricos como mecanismos políticos efectistas quizás han sido instalados desde la segunda guerra mundial con Joseph Goebbels, logrando convertirse en instigadores del miedo, la rabia o la violencia. En el caso nacional, ¿cuáles han sido los que han repercutido en la sociedad colombiana?

Andrei Gómez-Suárez: Yo creo que tienes razón, han surgido con más fuerza después de la segunda guerra mundial, pero han sido de alguna manera parte de la humanidad. A medida que va evolucionando el lenguaje y se van desarrollando medios de comunicación impresos, emergen campañas amarillistas que sirven para deslegitimar al otro, y allí encontramos la semilla de los dispositivos retóricos.

Por otro lado, yo tomo el concepto dispositivo retórico a partir de una traducción que hago de un término que utiliza un investigador geopolítico llamado Gerard Toal. Toal lo que hace es un análisis de geopolítica crítica en la que habla de la política exterior norteamericana durante la guerra fría en particular, donde se generaron unos scripts (guiones), que tienen como función simplificar la realidad para que sobre dicha simplificación de la realidad se creen unos dramas de lo que estaba pasando en el mundo y se diseñe una política pública que legitime unas acciones particulares en contra de ciertos países.

Ejemplo, la simplificación de Cuba para generar un bloqueo: la amenaza del comunismo. Yo tomo la idea, pero no llamo a esto un guion. Me parece que la palabra guion nos confunde, voy a llamarlo dispositivo retórico. Además, le doy un componente adicional que no tiene Toal: los dispositivos retóricos simplifican la realidad, condensan una emoción y permiten la colectivización de emociones alrededor de esa simplificación. El ejemplo más claro es el castrochavismo, en el contexto del plebiscito.

Esa palabra no existía ni era parte de ningún debate nacional ni internacional. La habían utilizado en contadas ocasiones algunos opositores del régimen opositor venezolano, pero no era un término importante. Sin embargo, lo que termina haciendo el principal opositor del proceso de paz en Colombia, es capturar este concepto y lo utiliza para simplificar lo que está pasando en La Habana y «el peligro» que viene de La Habana. Entonces él dice: –Lo peligroso de La Habana es que allá se está negociando la llegada del castrochavismo a Colombia. Y Santos es un castrochavista y aquí hay una amenaza castrochavista frente a Colombia (risas).

Si nos damos cuenta, no solo son mentiras, fake news, sino que además condensa una realidad, la simplifica, y esto, que es muy complejo, de manera irresponsable lo reduce a: «todo tiene que ver con el castrochavismo que viene de un lado para otro…» e instala el miedo. El miedo de la amenaza externa usualmente ha sido el miedo más potente para todos los colectivos de seres humanos en el mundo. Así es como se crean identidades colectivas, cuando hay una amenaza externa que va en contra de nuestras identidades. Entonces los dispositivos más poderosos, terminan dependiendo del momento histórico. Hay unos que son más poderosos y más efectivos, pero dependen de la época.

En mi libro sobre la UP, yo muestro los dispositivos retóricos, que contribuyeron a que ocurriera una Coyuntura Geopolítica Genocida, en la cual la destrucción de la Unión Patriótica era legitimada por un sector de la sociedad colombiana. Cuál fue ese dispositivo retórico que fue poderoso en los ochenta: el proselitismo armado. Se simplificó, toda la importancia, los procesos y todo el poder que convocaba la Unión Patriótica. Alrededor de que la UP, hacía política con armas o el concepto del proselitismo armado fue súper poderoso ayudando a legitimar los perpetuadores. Incluso hoy algunos académicos siguen utilizando ese lente para interpretar lo que paso con la UP en el pasado.

Termino esta idea diciéndote que quizás en el 2016 el plebiscito se perdió por otro dispositivo retórico muy poderoso; fue increíble cómo se manipulo a la sociedad; sin ese dispositivo retóricoque se repitió intensamente y se implementó en los dos últimos meses de la campaña del plebiscito, habría sido muy difícil que el «No» ganara.