En su casa había escuchado el agüero de que “cuando a uno lo cagaba un pájaro era signo de buena suerte”.

buenos aires

Por: Luz Dary Gil Montealegre

La estrella del día estaba sonriente, la tarde calurosa, un poco más de lo normal, los acontecimientos sucedidos recientemente en la ciudad brindaban una atmósfera pesada para algunos habitantes de la capital, y no era para menos. Los noticieros empezaron sus titulares con una nota que causaba abatimiento: se anunciaba a la ciudad de Pereira con el índice más alto en desempleo.

Jaider, preocupado por su futuro cercano, transitaba por el sector más concurrido de la ciudad, punto de encuentro citadino, de nativos y foráneos: La plaza de Bolívar, en él, la escultura de Rodrigo Arenas Betancourt, efigie que desató innumerables controversias entre los habitantes de la ciudad cuando fue instaurada en este lugar en el año de 1963. Hoy sigue siendo una anécdota especial recordar cuando se habló por primera vez que el Bolívar de Pereira se iba a representar desnudo, en la estatua que trabajaba laboriosamente en México el destacado escultor colombiano. No le negaron genio y hermosura a su trabajo, pero lo encontraban casi blasfemo y heterodoxo, incuestionablemente inusitado y violador del pudor, que para algunos solo es puro y casto siempre y cuando vaya oculto bajo los ropajes que guardan la ardiente carne de los hombres.

Ante tanta suspicacia, el artista respondió: “El mío no es un Bolívar para partidos ni para hipócritas, ni para los que han hecho de la violencia y el sectarismo un culto. Es sencillamente el hombre genial, que es un orgullo de la especie, que representa nuestros más grandes anhelos.”

Jaider se recostó bajo un árbol de mango, de los que adornan este sitio desde la época en que se hizo el trazado para plaza o parque público principal de la ciudad, el 30 de agosto de 1863, en tierras que donó muy generosamente el doctor Guillermo Pereira Gamba, y que aún hoy siguen siendo símbolo y parte de la memoria oral y cultural de la capital Risaraldense. Jaider estaba indeciso sobre qué hacer en ese momento con su tiempo libre, mientras decidía su siguiente paso, un pájaro que acostumbraba dejar diariamente en este sitio sus quehaceres de intestino, acertó en su cabeza, y al sentirla caliente, la tocó dándole un poco de esperanza, le recobro el ánimo. En su casa había escuchado el agüero de que “cuando a uno lo cagaba un pájaro era signo de buena suerte”.

Después de esta peripecia, Jaider recobró su ánimo y reinició su paseo peatonal con el olor a mango de las frutas silvestres que son exhibidas de manera provocadora en los andenes de las vías y las esquinas para atraer compradores. Se encontró unos pasos adelante con el desasosiego de los vendedores informales buscando estos el sitio de escondite, mientras pasan los hombres del Esmad con gases lacrimógenos que amenaza con recogerlos por invadir el espacio público y que además les arrebataban sus mercancías sin darles la oportunidad de recuperarla.

Muchos de ellos son desplazados por la violencia, provenientes de diversos lugares de Colombia; otros son personas que han sido despedidos de sus empleos y por tener una edad avanzada no clasifican ante empresas empleadoras, algunos han llegado a la ciudad con la esperanza de una vida mejor, porque han escuchado que el actual alcalde de la ciudad Israel Londoño, cuando realizó su proyecto de gobierno lo denominó “Pereira Región de Oportunidades”; pero estas oportunidades serán solamente para él y sus amigos. Y como los pereiranos son muy hospitalarios y dan acogida al pasajero, de allí que los visitantes plasmen en su mente el dicho popular que dice: “en Pereira no hay forasteros, todos son pereiranos.”

Nuevamente este episodio altera el ánimo a Jaider, él ve que la ciudad que lo vio nacer, en contra de sus pasiones, le está brindando pocas oportunidades. Acaba de terminar su pregrado en Comunicación Social, en una Universidad Pública a distancia. Se siente desmotivado e inseguro porque la universidad que escogió para su formación profesional le dejó muchos vacíos e incertidumbres, la universidad como su nombre lo dice: la educación está bien a dissstannciiiiia de sus aprendientes, término con el que designan a los alumnos.

Cuando él se matriculó le informaron que la universidad tenía un convenio con un canal de la ciudad para que los estudiantes hicieran sus prácticas, pero esto no fue más que una farsa, una estrategia más para conseguir estudiantes. A ese canal los llevaron en dos ocasiones para conocer únicamente las locaciones de estos medios de comunicación pero no podían tocar los equipos siquiera y mucho menos manipularlos para conocer como es su funcionamiento, o realizar prácticas.

En la Universidad a distancia algunos tutores abusaban de su autoridad y unos de ellos eran designados para dirigir tutorías en materias que ni siquiera conocían y en las que carecían de formación. En algunas ocasiones entregaban los alumnos sus tareas y de inmediato lo recibían con calificación sin siquiera abiertos los trabajos y mucho menos leídos ni consultados por el tutor. Jaider para evitarse problemas mayores se las tragaba entero. Se propuso terminar lo antes posible, pero con el propósito de seguir su formación y de mejorar su bagaje cultural de manera personal.

Jaider tenía que conseguir dinero para seguir con sus planes adelante: había planeado vender su moto y su computador que eran la mayor inversión que poseía hasta el momento, y conseguirse en el rebusque la plata que le hacía falta para viajar a la ciudad de Buenos Aires, que era su objetivo y oportunidad de cristalizar sus sueños profesionales, que lo iba a sacar de sus apuros económicos.

Jaider planeaba a solas, puesto que era un joven que provenía de un hogar humilde: su padre vendedor de comestibles en moto, que ganaba el sueldo mínimo y su madre ama de casa. Mientras conseguía nuevo dueño para su moto y su computador se dedicó durante 5 meses a vender calzado tenis entre amigos y conocidos; también les hacía mandados a sus tíos y hermanos.

Jaider fue madurando poco a poco muy bien su proyecto, se inscribió en una universidad de Buenos Aires, para realizar un posgrado en periodismo, entidad que lo aceptó meses venideros como un estudiante en su programa de 2009. Tras un esfuerzo titánico por conseguir el dinero para su viaje, finalmente Jaider lo logra y viaja a la ciudad de Buenos Aires en febrero de 2009 ; un amigo que lo venía orientando para su viaje le sugirió un hostal muy económico, hotel frecuentado por colombianos, en el cual podría tener buena empatía con sus coterráneos. Instalado en el hostal empezó el reto con el dinero, él veía que se le esfumaba en unas pocas cosas y que era necesario adquirir para su aseo personal, así como para su alimentación, que en estas condiciones se hacía esporádica.

En el sitio donde estaba instalado había una cocina comunitaria y la tenía que compartir con los otros turistas, el acceso a ella era por turnos, para prepararse un arroz con huevo que por lo regular era su menú. Otras veces le agregaba lentejas, hacia una sola comida y con ella debía conformarse. En solicitar empleo se volvió muy diestro, solo que la suerte no lo acompañó inicialmente.

Entregaba diariamente de 6 a 8 hojas de vida en ofertas que encontraba por Internet y avisos que veía en su recorrido por la ciudad en diferentes negocios. Presentó algunas entrevistas y le daban esperanza de emplearlo pero esas ilusiones se derrumbaban. Seguía insistiendo y su búsqueda fue más agresiva, por la noche arrojaba hojas de vida por debajo de la puerta de los negocios, así la persona que habría el negocio al siguiente día se sorprendía por el contenido del sobre. Fue esta modalidad la que lo condujo a un cierto éxito, una tarde recibió Jaider una propuesta laboral como cajero en un supermercado. Esta actividad lo relajó un poco unos días, pero el ingreso que obtenía en este lugar no fue suficiente para su supervivencia en este país porque ya había iniciado su ciclo académico y sus gastos aumentaron de manera muy notoria a pesar de que una amiga suya le había dado acogida en su apartamento, durmiendo sobre un colchón en la sala.

Para cultivar el apoyo que le brindaba su amiga se ofrecía a barrer, trapear, cocinar, lavar ropa, hacer mandados sin renegar, oficios estos que nunca había realizado en su vida por que siempre había vivido en el hotel de mamá y papá.

Una tarde lo llamaron para trabajar cuatro horas en un restaurante de comidas rápidas, se vio obligado a aceptarlo para poder cubrir todos sus gastos, mas cuando de repente se vio recortado el apoyo que le brindaba su amiga por cuanto ella había recibido la visita de su novio y necesitaba intimidad en el apartamento. Pero a Jaider esto le afectó poco, porque él también fue visitado por Cupido por unos días; se lo guardó para él, pero pronto su alegría empezó a notarse y por fin contó a la madre de Iveth, su amiga, que alguien le estaba moviendo el piso. Nunca quiso revelar más detalles de esta atracción, y quedamos nuevamente con la incertidumbre sobre la protagonista de este breve coqueteo.

Jaider se vio en la necesidad de posponer su estudio dadas las condiciones que tenía que enfrentar trabajando casi 20 horas para subsistir en ese país y porque no quería darse por derrotado. Además él tenía en mente mejorar las condiciones económicas de sus padres, llevarlos a vivir a un sitio mejor. Quiere seguir insistiendo en los planes que se ha fijado como meta: regresar al país con su postgrado en periodismo. Y qué más da esperar un poco más.

¿Qué sentido tiene la vida cuando no se asumen desafíos? Jaider es un joven que solo tiene 24 años, es alegre, soñador, optimista y esta impactado por el país que está conociendo. Le cautiva su vida cultural, el trazado y diseño arquitectónico de la ciudad, la belleza de las mujeres que se encuentra en sus recorridos cotidianos. Algunas veces le gusta darse sus “airecitos de tango” en la plaza Dorego, o el Barrio San Telmo. En sus caminatas pudo encontrarse con marchas históricas como aquella que se ofreció a modo de despedida triunfal por las calles de Buenos Aires, al féretro del ex presidente fallecido, padre de la democracia argentina, Raúl Alfonsín.

De Jaider gusta su acento paisa, y le ha abierto posibilidades para crear lazos de amistad con otros turistas y argentinos que lo han aceptado como amigo incondicional, y lo invitan a conocer lugares interesantes para jóvenes como él. En la actualidad comparte apartamento con dos amigos en la avenida Callao con La Valle.