ANTONIO GALLEGO URIBE: EL GRAN CAPO DE LA LITERATURA PEREIRANA

El Zar, El Gran Capo, es una obra de inmersión social significativa, ya que devela, como pocas, el destino de un sector de la población dedicado al sicariato y a los negocios ilícitos.  Jorge es el héroe de las mil caras, de los mil rostros que aspiran a dominar en el mundo de la mafia.

 

Escribe / Alan González Salazar – Ilustra / Stella Maris

La portada del libro, a blanco y negro, es la de un hombre visto desde las alturas, detenido al momento de dar un paso frente a su propia sombra, la cual se alarga sobre la calle empedrada. La foto de la portada del libro El Zar, El Gran Capo es de Fernando Henao Días y lleva por título, al igual que el libro de Friedrich Nietzsche de 1879, El caminante y su sombra; también él, Fernando Henao, hace la presentación del autor junto a una semblanza de Luz Amparo Montes García y Hugo López Martínez, en donde habla del bachiller lasallista, del hijo de las montañas que rodean a Belén de Umbría, del fotógrafo, del amante del cine y la literatura formado en Córdoba, Argentina, del joven director del Departamento de Extensión Cultural de la Caja de Compensación Familiar de la ciudad de Pereira, del cineclubista que adaptó la novela de Benjamín Baena Hoyos, El río corre hacia atrás, al lenguaje del cine, del hombre fugaz que describió esta ciudad como “una inmensa olla”, en donde asciende su personaje, un joven narco, Jorge, que establece su propia red.

La edición data de 1995, por el Fondo Mixto para la Cultura y las Artes de Risaralda, cinco años después de su muerte –por suicidio, a la edad de 48 años- es decir que el lector se encontrará, necesariamente, frente a una novela inconclusa y quizá, el primer intento serio de un autor por resumir en una historia, con tintes de crónica, las dinámicas y los intereses inconfesados de una época signada por la violencia del narcotráfico.

El Zar, El Gran Capo, es una obra de inmersión social significativa, ya que devela, como pocas, el destino de un sector de la población dedicado al sicariato y a los negocios ilícitos.  Jorge es el héroe de las mil caras, de los mil rostros que aspiran a dominar en el mundo de la mafia. La obra gana, a su vez, en singularidad cuando logra interpretar, con justicia, el capítulo que jugó esta región del país, en especial la ciudad de Pereira en la década de los años 80, en la distribución, en E.E.U.U., de pequeñas dosis de cocaína que formaron el emporio que producía estas personalidades orgullosas y dominadoras que llegaron a tener (todavía) responsabilidades en crímenes políticos.

Jorge se “exilia” entonces en Pereira, que es una ciudad “en la que reina la más perfecta y armónica impunidad”. Donde los únicos que pagan “son los infelices NN que siguen apareciendo muertos en los basureros de las afueras”. Y él aportará varios de estos muertos. Aspira a ser como Carlos Lehder Rivas, el propietario de Cayo Norman, islote con aeropuerto que era, para la década del 80, escala obligada de la droga que salía de Suramérica en aviones pequeños, lanchas rápidas y yates de lujo. Jorge es un joven con “energía y bastante rabia” como para detenerse, afirma al conocer a Lehder… Hace otros tantos negocios y luego no sabemos más porque la obra queda inconclusa…

Julian Osorio Valencia, en su estudio crítico Pereira: Imágenes de ciudad. Las formaciones ideológicas y discursivas en tres momentos de la literatura pereirana, vuelve sobre esta novela, veinte años después –esta tesis de maestría fue publicada por la Universidad Tecnológica de Pereira en el año 2007- bajo la óptica de la sociocrítica y de categorías de análisis reciente, a saber, de la hermenéutica del discurso, de la memoria ideológica del sujeto cultural, Julian Osorio estudia, en consecuencia, tres autores: Alfonso Mejía Robledo, con Rosas de Francia; Alba Lucía Ángel, con Estaba la pájara pinta… y Antonio Gallego Uribe con El Zar, El Gran Capo; y desentraña los imaginarios dominantes, en este último caso, de la economía facilista, de la marginalia campesina, del testaferrato; muestra la mentalidad machista que subyace a la ideología de género representada en las tres novelas, en el devenir invisibilizador de la mujer en sus relaciones sociales y de pareja bajo las pretensiones totalitarias del machismo.

Julian Osorio Valencia cuenta dentro de los estudios críticos de la tradición literaria de la ciudad por ser el primero en mencionar el papel predominante de la historia y la ideología, en señalar el aparente descuido que sobre esta obra, El Zar, El Gran Capo, tiene, según el investigador, el doctor Rigoberto Gil Montoya, quien en modo alguno la referencia y en la cual se podría hallar una respuesta singular al tránsito, al estilo, al imaginario de la literatura que se escribe en la región.

 

*Antonio Gallego Uribe (1995).  El Zar, El Gran Capo. Fondo Mixto para la Cultura y las Artes de Risaralda, Volumen 11. Editorial Papiro.