NEZAHUALCÓYOTL: UNA POÉTICA DE LA ORFANDAD

“Yo Nezahualcóyotl lo pregunto:

  ¿acaso de veras se vive con raíz en la tierra?

  No para siempre en la tierra:

  sólo un poco aquí”.

                        —Nezahualcóyotl

Los acontecimientos históricos y obras de ingeniería dan luces para una aproximación al rostro de Nezahualcóyotl, éste quedará incompleto si no se tiene en cuenta el aporte como pensador de las cosas divinas (Tlamantinime); oficio que desempeñó a través del cultivo de la poesía o la flor y el canto (In xóchitl in cuícatl).

Escribe / Hugo Oquendo-Torres – Ilustra / Stella Maris

Los cuícatl (cantos/ poemas) de sino ceremonial y social, son una forma estética que hace parte del pensamiento náhuatl y alude a lo más refinado de las creaciones de los pueblos mesoamericanos, quienes –en gran medida cimentados en la profunda cultura tolteca– buscaron forjar su rostrocorazón a partir de los ideales de la toltecáyotl (Corazón tolteca/ Excelencia). Tales obras de carácter lírico, en la época prehispánica eran concebidas como “provenientes del interior del cielo; de inspiración y también sentimiento, en los que afloran los recuerdos y el diálogo con el corazón”. Asimismo, cabe precisar que estas composiciones fueron elaboradas por la nobleza, tanto de los aztecas, mexicas y tezcocanos, entre otros. De modo específico, los cuícatl como los tlatolli (mitos/ relatos/ prosa) manifiestan diversos estilos.

Por ello, dentro de las categorías de los cuícatl, se encuentran: los teocuícatl o cantos dedicados a las divinidades; los teponazcuícalt, cantos que iban acompañados por un tambor teponaztli; los cuauhcuícatl y los ocelocuícatl o cantos de los guerreros águila y jaguar, cuya clase militar representó un rostro de lo más granado de las élites tribales. Por otra parte, había cantos de guerra o yaocuícatl que cumplían el propósito de alentar las batallas, tal es el caso de las guerras floridas; a manera de contraste, hicieron cantos para exaltar la amistad o los xochicuícalt; además crearon cantos de primavera, xopancuícatl, con los cuales, probablemente, celebraban los rituales de la fertilidad al honrar a sus dioses con sacrificios. Y, a lo mejor, para conjurar los momentos de orfandad, con un tono poético cercano a las elegías antiguas, forjaron los icnocuícalt, cuya voz es la más frecuente en el registro de Nezahualcóyotl.

Por ende, con el propósito de generar una provocación para la lectura de esta poesía, en el caso de la selección de cantos que presento, compilados por el maestro Miguel León-Portilla en Literaturas de Anáhuac y del Incario, hacen parte de las producciones realizadas por el tlatoani o soberano de la ciudad-estado de Tezcoco, Acolmiztli Nezahualcóyotl (Brazo de puma/ Coyote hambriento). Sin embargo, para una mayor aproximación y deleite de estos poemas, dieciocho en total, es necesario señalar varios elementos concernientes a la estilística, los motivos y las posibles búsquedas estéticas. Pero, antes de continuar reflexionando sobre la obra del poeta y sabio, vale la pena mencionar algunos sucesos relacionados con su vida; tal vez, con la intención de hallar, por lo menos, un reflejo ante esta poética de obsidiana negra.

Con respecto, a una breve historia de Nezahualcóyotl, es menester señalar que nació “en el año Ce Tochtli (Uno Conejo/ 1402), en la ciudad de Tezcoco, capital del señorío de Acolhuacan situada al noreste del Valle de México y al borde del gran lago”; fue hijo de Ixtlilxóchitl el viejo y de Matlalcihuatzin, hija de Huitzilíhuitl, segundo señor de Tenochtitlan. De igual forma, aseveran León-Portilla y José Luis Martínez, que el poeta desde la infancia contó con un ayo llamado Huitzilíhuitzin, quien lo educó en los principios de la tradición tolteca. Posterior, en la adolescencia comenzó sus estudios en el calmécac de Tezcoco. En dichas escuelas, acota Ovidia Rojas Castro: “La enseñanza en estas instituciones estaba orientada hacia la formación de la élite dirigente. En ellas se enseñaban técnicas (lectura, interpretación calendárica, ritual religioso) y prácticas (trabajo, sacrificio y penitencia), que eran exclusivas del grupo dominante y parte fundamental de su quehacer”. Acaso, esto permitió que el poeta se iniciara en el conocimiento de la doctrina atribuida a Quetzalcóatl (Serpiente emplumada).

Empero, en el año 1418, a raíz de los enfrentamientos de poder con el señorío de Azcapotzalco, gobernada por el jefe tepaneca Tezozómoc, el cual reclamaba para sí a la ciudad de Tezcoco; el soberano Ixtlilxóchitl entró en batalla y fue derrotado por los guerreros tepanecas. Si bien Tezcoco cayó sometida, el príncipe Nezahualcóyotl pudo huir de sus perseguidores y oculto entre los árboles presenció la muerte de su padre. Este suceso más la condición de exiliado, quizá al poeta lo haya llevado a indagar a través de su poesía por esas incertidumbres que como sujeto lo sumieron en la orfandad. Así el joven príncipe transcurrió un tiempo huyendo de sus cazadores, ya que Tezozómoc había puesto un precio a su cabeza. Era obvio que temía la retoma del poder por medio del heredero. En muchos casos, el desterrado Nezahualcóyotl, fue protegido por la misma gente que se oponía a la tiranía de los tepanecas; luego, al ser socorrido por su tío abuelo Itzcóatl, pudo refugiarse en Tenochtitlan, donde las tías intercedieron para que depusieran todo intento de asesinato contra el príncipe.

Y aunque esta petición tuvo su efecto por algunos años, al morir Tezozómoc se produjo al interior de Azcapotzalco una guerra civil que llevó a enfrentarse al príncipe sucesor Tayatzin contra el usurpador Maxtlatzin, quien se hizo al poder del señorío tepaneca y emprendió de nuevo la persecución contra Nezahualcóyotl. No obstante, las condiciones habían cambiado, pues entre el año 1427 y 1428 Itzcóatl sucede a Chimalpopoca como soberano de Tenochtitlan y alentado por Tlacaélel, el sacerdote de Quetzalcóatl, se enfrenta a Maxtlatzin. Y este tipo de acciones, sumadas a la triple alianza efectuada con las ciudades de Tenochtitlan y Tlacopan, asevera León-Portilla, que: “Al fin, después de numerosas batallas que trajeron consigo la derrota completa de los tepanecas, Nezahualcóyotl pudo coronarse en 1431, y dos años más tarde, establecerse de manera definitiva en Tezcoco con el apoyo y la alianza de México-Tenochtitlan”.

De las contribuciones de Nezahualcóyotl, se le reconocen las edificaciones que realizó para Tezcoco y Tenochtitlan. En este sentido, afirma el historiador León-Portilla, que él construyó: “palacios, templos, jardines botánicos y zoológicos. Fue consejero de los reyes aztecas y, como arquitecto extraordinario, dirigió la construcción de calzadas, las obras de introducción del agua a México, la edificación de los diques para aislar las aguas saladas de los lagos e impedir futuras inundaciones”. Y pese a los múltiples avatares, cerca de cuatro décadas el reinado de Nezahualcóyotl se sostuvo. Y en el año de 1472 a los setenta y un años murió, dejando como sucesor a su hijo Nezahualpilli. De ello podría evidenciarse que fue un tiempo de cierta estabilidad que permitió el desarrollo del naciente imperio mexica.

Ahora, si bien los acontecimientos históricos y obras de ingeniería dan luces para una aproximación al rostro de Nezahualcóyotl, éste quedará incompleto si no se tiene en cuenta el aporte como pensador de las cosas divinas (Tlamantinime); oficio que desempeñó a través del cultivo de la poesía o la flor y el canto (In xóchitl in cuícatl). Aquí es clave indicar que dicha noción apunta hacia la búsqueda de la belleza y lo divino; incluso, en la indagación del poeta, los in xóchitl in cuícatl son sugeridos como una forma de superación de la muerte total, como trata en el poema No acabarán mis flores. Por ello, estos elementos estudiados acerca del poeta dan bases para dimensionar de un modo más amplío la fama del soberano de Tezcoco, no sólo por el status militar o por distinguirse como sabio, arquitecto, poeta y consejero de la nobleza, sino también por el valor de su pensamiento dentro del mundo azteca.

En lo concerniente al estilo de Nezahualcóyotl, podría señalarse que en su apuesta estética es recurrente el paralelismo, donde en algunos casos quedan expresados complementaria o antitéticamente; esto puede apreciarse en el poema Alegraos:

Sólo con nuestras flores

nos alegramos.

Sólo con nuestros cantos

perece vuestra tristeza.

Tal vez detrás de ello esté la intención de darle una hondura al pensamiento. Y quizá por esto las flores y los cantos se revelan como camino hacia la alegría, el celebrar. El celebrar mientras se vive en el aquí y el ahora de esta tierra.

De igual forma, en otros poemas va a ser recurrente la concatenación de metáforas con la intención, acaso, de generar una mayor recordación de la imagen. En el mismo poema puede verse un ejemplo:

Las inventa el Dador de la vida,

las ha hecho descender

el inventor de sí mismo,

flores placenteras,

con ellas vuestro disgusto se disipa.

En este sentido, el origen de la poesía, metaforizada a través de las flores y el canto, queda develado como una invención del Dador de la vida (Ipalnemoani), que las concede cual galo divino.

En cuanto a los motivos poéticos más cultivados por Nezahualcóyotl, si bien es justo acotar que en ellos se aprecian cantos a la amistad, a la primavera y a las divinidades como es el caso de Solamente él; sin embargo, el tono más frecuente del poeta se ubica en los icnocuícatl, donde quien habla presenta una honda reflexión que sumerge al lector o lectora en las grutas del Mictlán (Inframundo). Y este diálogo con el corazón (Neyolnonotza), en parte, queda manifiesto en la oscura tristeza al extrañar lo que ya se ha hecho cenizas de un pasado, como es el caso de sus amigos que ya partieron. Un ejemplo es la alusión al poeta Tezozomoctzin, a quien conmemora:

Con flores y con cantos

recuerdo a los príncipes,

a los que se fueron,

a Tezozomoctzin, a Quahquahtzin.

En verdad viven,

allá donde de algún modo se existe.

Quizás, el poeta en el verso recordará a Tezozomoctzin con profundo aprecio por ser un aguerrido en la batalla o… tal vez –me atrevo a imaginarlo–, porque ambos compartieron la embriaguez por la poesía e igualmente vivieron el terror en las profundidades húmedas del templo. Y cuando lograron superar el vértigo del abismo, asimismo, sintieron el coraje de mirar con frialdad la hondura del Mictlán.

Por esto, con base en la secuencia que propone el maestro León-Portilla, si se estudian las creaciones conservadas puede advertirse cierto diálogo temático. En este orden de ideas, destaca León-Portilla, que:

La fugacidad de cuanto existe, la muerte inevitable, la posibilidad de decir palabras verdaderas, el más allá y la región de los descarnados, el sentido de “flor y canto”, el enigma del hombre ante el Dador de la vida, la posibilidad de vislumbrar algo acerca del “inventor de sí mismo”, y, en resumen, los problemas de un pensamiento metafísico por instinto que ha visto la duda y la angustia como atributos de la propia existencia.

Por ello, sumado a los temas señalados anteriormente, y, por ventura ante la desnudez humana de la inminente muerte, también cabría mencionarse en la poética de Nezahualcóyotl la invitación al goce. Pues, si bien todo sobre la tierra (Tlaltípac) está en movimiento, entonces el goce –expresado con imágenes que invitan a la bebida del cacáotl y al baile en medio de la casa de florida–, se transforma en una epifanía poética. Porque, aunque el poeta reconoce la incertidumbre del pasaje por el Mictlán y duda si de verdad hay algo que posea raíz; al menos sí tiene la certeza de que en Tlaltípac es el lugar donde se dan las flores y el canto.

Para concluir, considero que la construcción del yo poético dota de vigencia la búsqueda estética del tlatoani tezcocano, quien pese a ubicarse dentro de una estructura de poder cimentada en la piedra del mito, en él se afirma un yo poético que se torna fisura. Relámpago. Duda. Una orfandad ante lo absoluto. Nezahualcóyotl, de pronto revelado en las profundidades de la noche durante los rituales iniciáticos, se descubrió a sí mismo huérfano… sin padres, sin tierra, sin siervos ni amigos ni dioses… descarnado ante el gran Ipalnemoani, el Dios del cerca y del junto; donde –especulando–, me atrevo a pensar que el poeta, en un estado entheogénico, ubicándose en el centro del jardín florido del Mictlán, acaso evocando al legendario sacerdote y divino Ce Ácatl Topiltzin Quetzalcóatl, se miró al espejo de obsidiana y en su rostro fue develada la fragilidad humana y, tal vez, justo en ese instante pensó: “Aunque sea de jade se quiebra,/ aunque sea de oro se rompe,/ aunque sea plumaje de quetzal se desgarra./ No para siempre en la tierra: /sólo un poco aquí”.

Selección poética de Nezahualcóyotl

Canto de huida

(De Nezahualcóyotl cuando andaba huyendo

del señor de Azcapotzalco)

En vano he nacido,

en vano he venido a salir

de la casa del dios a la tierra,

¡yo soy menesteroso!

Ojalá en verdad no hubiera salido,

que de verdad no hubiera venido a la tierra.

No lo digo, pero…

¿qué es lo que haré?,

¡oh príncipes que aquí habéis venido!

¿Vivo frente al rostro de la gente?

¿Qué podrá ser?,

¿reflexiona?

¿Habré de erguirme sobre la tierra?

¿Cuál es mi destino?,

yo soy menesteroso,

mi corazón padece,

tú eres apenas mi amigo

en la tierra, aquí.

¿Cómo hay que vivir al lado de la gente?

¿Obra desconsideradamente,

vive, el que sostiene y eleva a los hombres?

¡Vive en paz,

pasa la vida en calma!

Me he doblegado,

sólo vivo con la cabeza inclinada

al lado de la gente.

Por esto me aflijo,

¡soy desdichado!,

he quedado abandonado

al lado de la gente en la tierra.

¿Cómo lo determina tu corazón,

Dador de la vida?

¡Salga ya tu disgusto!

Extiende tu compasión,

estoy a tu lado, tu eres dios.

¿Acaso quieres darme la muerte?

¿Es verdad que nos alegramos,

que vivimos sobre la tierra?

No es cierto que vivimos

y hemos venido a alegrarnos en la tierra.

Todos así somos menesterosos.

La amargura predice el destino

aquí, al lado de la gente.

Que no se angustie mi corazón.

No reflexiones ya más.

Verdaderamente apenas

de mí mismo tengo compasión en la tierra.

Ha venido a crecer la amargura,

junto a ti y a tu lado, Dador de la vida.

Solamente yo busco,

recuerdo a nuestros amigos.

¿Acaso vendrán una vez más,

acaso volverán a vivir?

Sólo una vez perecemos,

sólo una vez aquí en la tierra.

¡Qué no sufran sus corazones¡,

junto y al lado del Dador de la vida.

 

Poneos de pie

¡Amigos míos, poneos de pie!

Desamparados están los príncipes,

yo soy Nezahualcóyotl,

soy el cantor;

soy papagayo de gran cabeza.

Toma ya tus flores y tu abanico.

¡Con ellos ponte a bailar!

Tú eres mi hijo,

tú eres Yoyontzin.

Toma ya tu cacao,

la flor del cacao,

¡qué sea ya bebida!

¡Hágase el baile!

No es aquí nuestra casa,

no viviremos aquí,

tú de igual modo tendrás que marcharte.

 

Canto de primavera

En las casas de las pinturas

comienza a cantar,

ensaya el canto,

derrama flores,

alegra el canto.

Resuena el canto,

los cascabeles se hacen oír,

a ellos responden

nuestras sonajas floridas.

Derrama flores,

alegra el canto.

Sobre las flores canta

el hermoso faisán,

su canto despliega

en el interior de las aguas.

A él responden

variados pájaros rojos.

El hermoso pájaro rojo

bellamente canta.

Libro de las pinturas en tu corazón,

has venido a cantar,

haces resonar tus tambores,

tú eres el cantor.

En el interior de la casa de la primavera,

alegras a las gentes.

Tú sólo repartes

flores que embriagan,

flores preciosas.

Tú eres el cantor.

En el interior de la casa de la primavera,

alegras a las gentes.

 

Alegraos

Alegraos con las flores que embriagan,

las que están en nuestras manos.

Que sean puestos ya

los collares de flores.

Nuestras flores de tiempo de lluvia,

fragantes flores,

abren ya sus corolas.

Por allí anda el ave,

parlotea y canta,

viene a conocer la casa del dios.

Sólo con nuestras flores

nos alegramos.

Sólo con nuestras flores

nos alegramos.

Sólo con nuestros cantos

perece vuestra tristeza.

Oh señores, con esto,

vuestro disgusto se disipa.

Las inventa el Dador de la vida,

las ha hecho descender

el inventor de sí mismo,

flores placenteras,

con ellas vuestro disgusto se disipa.

 

Soy rico

Soy rico,

yo, el señor Nezahualcóyotl.

Reúno el collar,

los anchos plumajes del quetzal,

por experiencia conozco los jades,

¡Son los príncipes amigos!

Me fijo en sus rostros,

por todas partes águilas y tigres,

por experiencia conozco los jades,

las ojarcas preciosas…

 

Solamente él

Solamente él,

el Dador de la vida.

Vana sabiduría tenía yo,

¿acaso alguien no lo sabía?

¿Acaso alguien?

No tenía yo contento al lado de la gente.

Realidades preciosas haces llover,

de ti proviene tu felicidad,

¡Dador de la vida!

Olorosas flores, flores preciosas,

con ansia yo las deseaba,

vana sabiduría tenía yo…

 

Estoy triste

Estoy triste, me aflijo,

yo, el señor Nezahualcóyotl.

Con flores y con cantos

recuerdo a los príncipes,

a los que se fueron,

a Tezozomoctzin, a Quahquahtzin.

En verdad viven,

allá donde de algún modo se existe.

¡Ojalá pudiera yo seguir a los príncipes,

llevarles nuestras flores!

¡Si pudiera yo hacer míos

los hermosos cantos de Tezozomoctzin!

Así, echando de menos sus cantos,

me he venido a afligir,

sólo he venido a quedar triste,

yo a mí mismo me desgarro.

 

He venido a estar triste, me aflijo.

Ya no estás aquí, ya no,

en la región donde de algún modo se existe,

nos dejaste sin provisión en la tierra,

por esto, a mí mismo me desgarro.

 

Yo lo pregunto

Yo, Nezahualcóyotl lo pregunto:

¿Acaso de veras se vive con raíz en la tierra?

No para siempre en la tierra:

sólo un poco aquí.

Aunque sea de jade se quiebra,

aunque sea de oro se rompe,

aunque sea plumaje de quetzal se desgarra.

No para siempre en la tierra:

sólo un poco aquí.

 

Percibo lo secreto

Percibo lo secreto, lo oculto:

¡Oh vosotros señores!

Así somos, somos mortales,

de cuatro en cuatro nosotros los hombres,

todos habremos de irnos,

todo habremos de morir en la tierra…

Nadie en jade,

nadie en oro se convertirá:

en la tierra quedará guardado.

Todos nos iremos

allá, de igual modo.

Nadie quedará,

conjuntamente habrá que perecer,

nosotros iremos así a su casa.

Como una pintura

nos iremos borrando.

Como una flor,

nos iremos secando

aquí sobre la tierra.

Como vestidura de plumaje de ave de zacuán,

de la preciosa ave de cuello de hule,

nos iremos acabando,

nos vamos a su casa.

Se acercó aquí,

hace giros la tristeza

de los que en su interior viven…

Meditadlo, señores,

águilas y tigres,

aunque fueras de jade,

aunque fueras de oro,

también allá iréis,

al lugar de los descarnados…

Tendremos que desaparecer,

nadie habrá de quedar.

 

Estoy embriagado

Estoy embriagado, lloro, me aflijo,

pienso, digo,

en mi interior lo encuentro:

si yo nunca muriera,

si nunca desapareciera.

Allá donde no hay muerte,

allá donde ella es conquistada,

que allá vaya yo…

Si yo nunca muriera,

si yo nunca desapareciera.

 

¿A dónde iremos?

¿A dónde iremos

donde la muerte no existe?

Mas, ¿por esto viviré llorando?

Que tu corazón se enderece:

aquí nadie vivirá para siempre.

Aun los príncipes a morir vinieron,

los bultos funerarios se queman.

Que tu corazón se enderece:

aquí nadie vivirá para siempre.

 

Lo comprende mi corazón

Por fin lo comprende mi corazón:

escucho un canto,

contemplo una flor:

¡Ojalá no se marchiten!

 

No acabarán mis flores

No acabarán mis flores,

no cesarán mis cantos.

Yo cantor los elevo,

se reparten, se esparcen.

Aun cuando las flores

se marchiten y amarillecen,

serán llevadas allá,

al interior de la casa

del ave de plumas de oro.

 

Con flores escribes

Con flores escribes, Dador de la vida,

con cantos das color,

con cantos sombreas

a los que han de vivir en la tierra.

Después destruirás a águilas y tigres,

sólo en tu libro de pinturas vivimos,

aquí sobre la tierra.

Con tinta negra borrarás

lo que fue la hermandad,

la comunidad, la nobleza.

Tú sombreas a los que han de vivir en la tierra.

 

En el interior del cielo

Sólo allá en el interior del cielo,

tú inventas tu palabra,

¡Dador de la vida!

¿Qué determinarás?

¿Tendrás fastidio aquí?

¿Ocultarás tu fama y tu gloria en la tierra?

¿Qué determinarás?

Nadie puede ser amigo

del Dador de la vida…

Amigos, águilas, tigres,

¿a dónde en verdad iremos?

Mal hacemos las cosas, oh amigo.

Por ello no así te aflijas,

eso nos enferma, nos causa la muerte.

Esforzaos, todos tendremos que ir

a la región del misterio.

 

¿Eres tú verdadero?

¿Eres tú verdadero, (tienes raíz)?

Sólo quien todas las cosas domina,

el Dador de la vida.

¿Es esto verdad?

¿Acaso no lo es, como dicen?

¡Qué nuestros corazones

no tengan tormento!

Todo lo que es verdadero,

(lo que tiene raíz),

dicen que no es verdadero

(que no tiene raíz).

El Dador de la vida

sólo se muestra arbitrario.

¡Qué nuestros corazones

no tengan tormento!

 

Canto de Nezahualcóyotl de Acolhuacan

 (Con el que saludó a Moctezuma el viejo,

  cuando estaba éste enfermo)

Miradme, he llegado.

Soy blanca flor, soy faisán,

se yergue mi abanico de plumas finas,

soy Nezahualcóyotl.

Las flores se esparcen,

de allá vengo, de Acolhuacan.

Escuchadme, elevaré mi canto,

vengo a alegrar a Motecuhzoma.

¡Tantalilili, papapapa, achala, achala!

¡Qué sea para bien!,

¡qué sea un buen momento!

Donde están erguidas las columnas de jade,

donde están ellas en fila,

aquí es México,

donde en las oscuras aguas

se yerguen los blancos sauces,

aquí te merecieron tus abuelos,

aquel Huitzilíhuitl, aquel Acamapichtli.

¡Por ellos llora, oh Motecuhzoma!

Por ellos tú guardas su estera y su tocado.

Él te ha visto con compasión,

él se ha apiadado de ti, ¡oh Motecuhzoma!

A tu cargo tienes la ciudad y el tocado.

Un coro responde

Por ellos llora, ¡oh Motecuhzoma!

Estás contemplando el agua y el monte, la ciudad,

Allí ya miras a tu enfermo,

¡oh Nezahualcóyotl!

Allí en las oscuras aguas,

en medio del musgo acuático,

haces tu llegada a México.

Aquí tú haces merecimiento,

allí ya miras a tu enfermo.

Tú, Nezahualcóyotl.

El águila grazna,

el ocelote ruge,

aquí es México,

¡Donde tu gobernabas, Izcóatl!

Por él, tienes tú ahora estera y tocado.

Donde hay sauces blancos

sólo tú reinas.

Donde hay blancas cañas,

donde se extiende el agua de jade,

aquí es México.

Tú, con sauces preciosos,

verdes como jade,

engalanas la ciudad.

La niebla sobre nosotros se extiende,

¡que broten flores preciosas!,

¡que permanezcan en vuestras manos!

Son vuestro canto, vuestra palabra.

Haces vibrar tu abanico de plumas finas,

lo contempla la garza,

lo contempla el quetzal.

¡Son amigos los príncipes!

La niebla sobre nosotros se extiende,

¡que broten flores preciosas!,

¡que permanezcan en vuestras manos!

Son vuestro canto, vuestra palabra.

Flores luminosas abren sus corolas,

donde se extiende el musgo acuático,

aquí en México.

Sin violencia permanece y prospera,

en medio de sus libros y pinturas,

existe la ciudad de Tenochtitlan.

Él la extiende y la hace florecer,

él tiene aquí fijos sus ojos,

los tiene fijos en medio del lago.

Se han levantado columnas de jade,

de en medio del lago se yerguen las columnas,

es el Dios que sustenta la tierra

y lleva sobre sí al Anáhuac

sobre el agua celeste.

Flores preciosas hay en vuestras manos,

con verdes sauces habéis matizado a la ciudad,

a todo aquello que las aguas rodean,

y en la plenitud del día.

Habéis hecho una pintura del agua celeste,

la tierra del Anáhuac habéis matizado,

¡oh vosotros señores!

A ti, Nezahualcóyotl,

a ti, Motecuhzoma,

el Dador de la vida os ha inventado,

os ha forjado,

nuestro padre, el Dios.

en el interior mismo del agua.

 

He llegado

He llegado aquí,

soy Yoyontzin.

Sólo busco las flores,

sobre la tierra he venido a cortarlas.

Aquí corto ya las flores preciosas,

para mí corto aquellas de la amistad:

son ellas tu ser, oh príncipe,

yo soy Nezahualcóyotl, el señor Yoyontzin.

Ya busco presuroso

mi canto verdadero,

y así también busco

a ti, amigo nuestro.

Existe la reunión:

es ejemplo de amistad.

Por poco tiempo me alegro,

por breve lapso vive feliz

mi corazón en la tierra.

En tanto yo exista, yo, Yoyontzin,

anhelo las flores,

una a una las recojo,

aquí donde vivimos.

Con ansia yo quiero, anhelo

la amistad, la nobleza,

la comunidad.

Con cantos floridos yo vivo.

Como si fuera de oro,

como un collar fino,

como ancho plumaje de quetzal,

así aprecio

tu canto verdadero:

con él yo me alegro.

¿Quién es el que baila aquí,

en el lugar de la música,

en la casa de la primavera?

Soy yo, Yoyontzin,

¡ojalá lo disfrute mi corazón!

 


Biografía

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