Un testimonio que muestra lo heroicas que fueron y cómo, a pesar de todo, muchas de estas guerreras nunca recibieron un reconocimiento por su servicio en batalla, ni siquiera fueron ayudadas…

 

Por / Lizeth C. Porras Torres*

La guerra no tiene rostro de mujer.

Svetlana Aleksiévich. 2015

Ed. Debate. 365 pág.

Las guerras son dolorosas, difíciles y quienes las han vivido lo saben. Svetlana Aleksiévich hace una recopilación en su libro La guerra no tiene rostro de mujer de los testimonios de mujeres que vivieron la Segunda Guerra Mundial en el Ejército Rojo, quienes lucharon, pero no son conocidas, ya que de la guerra solo se le muestra la cara masculina.

Aleksiévich es una escritora ucraniana que ha relatado varias tragedias en otros libros más, tales como la de Chernóbil y Afganistán. Además, ganó el premio Nobel de Literatura en el 2015, siendo la primera escritora de no ficción en ganarlo.

Escribió este libro para mostrar la otra cara en un combate, el cual en un principio no se le permitió publicar ya que des-romantizaba el cliché del heroísmo soviético y mostraba la parte de la historia que no había sido contada.

En los testimonios relatados se puede ver un matiz más real de lo que era no solo la lucha y el campo de guerra, sino también de las condiciones inhumanas en las que se encontraban y, además, los sentimientos que evocaba el hecho de estar lejos de la vida que solían llevar.

Chicas que no estaban inmiscuidas allí por gusto porque ¿a quién le gustaría ver morir a quienes conoce?, no solo eso, ver morir a cualquiera.

Los testimonios de estas mujeres ya entradas en edad datan de cuando estaban en su juventud o apenas en la adolescencia, en un momento en el que les hubiera gustado salir a bailar, salir con amigas o ayudar a su familia, pero nadie pide que lleguen momentos que le den vuelta al estatus social del mundo.

A mi parecer, es uno de los mejores libros que he leído, ya que muestra una perspectiva más real de lo que es una guerra cuando no se está combatiendo y cuando sí, pero por el lado femenino; los momentos en los que no podían dormir por el miedo y por el hecho de tener que estar alertas ante cualquier situación que se pudiera generar en medio de la noche.

Esto permite ver que a pesar de lo cansadas o adoloridas que estuvieran debían seguir sin importar qué y que la lealtad no es solo cosa de hombres. Por ejemplo, un testimonio que aún conservo en mi memoria y no he podido borrar, es el de una chica que fue apresada por nazis y torturada por medio de la inserción de agujas bajo las uñas y el estiramiento de las extremidades hasta sentir que se desgarraban. A pesar de esto ella nunca delató a nadie y logró escapar para contar su historia.

Otro ejemplo de una situación que me dejó asombrada fue el de los momentos en los que les llegaba la menstruación, ya que debían seguir adelante aun con los pantalones manchados o con la sangre seca que llegaba hasta sus botas. Los testimonios van desde chicas que también combatían hasta enfermeras que decidieron unirse a ayudar y otras tantas que fueron reclutadas u obligadas a ir.

Cuando hablamos de guerra y mujeres, los términos no parecieran combinar bien juntos, lo digo por el tipo de sociedad de patriarcado en la que la mujer se ve como madre, novia, amiga, virgen, dama bella, entre otros; en la que nos hemos visto sumidas por muchísimos años, aunque las proveedoras de la vida han alzado su voz y no han permitido ser pisoteadas o minimizadas por más tiempo, porque por demasiado fuimos consideradas el “sexo débil” y aún hoy se lucha por los derechos y la igualdad de género.

Las mujeres que dieron fe de lo que pasó y de lo que vivieron, dicen que luego de que la guerra culminara nadie quería casarse con una excombatiente, como lo dice esta mujer: “Yo me sentía una heroína […] habíamos devuelto tantos hijos a sus madres, tantos maridos a las esposas […] Por la noche nos sentamos a tomar el té, la madre llamó a su hijo a la cocina y lloró: ¿Con quién te has casado? Es una fulana del frente […] como diciéndome que yo no tenía derecho a nada” (2015).

Un testimonio que muestra lo heroicas que fueron y cómo, a pesar de todo, muchas de estas guerreras nunca recibieron un reconocimiento por su servicio en batalla, ni siquiera fueron ayudadas, solo fueron olvidadas y dejadas a su suerte a pesar de haber batallado una guerra que, para algunas, no era suya.

Yo podría suponer que la razón por la cual nadie quería casarse con ellas sería –obviamente– por haber ido a la guerra, también por que al haber estado allí y haber visto el estado más deplorable del ser humano, pudieron verlas como una amenaza a su estatus de mujer “perfecta” y delicada, pudieron verse amenazadas sus ideas y valores patriarcales.

Al leer cada página la autora hace que una parezca estar en el lugar de los hechos, como si cada emoción se pudiera sentir en la propia piel y se experimentara el miedo de la relatora o su emoción. Los relatos que cada una cuenta son diferentes y a la vez tienen un aire que permite atisbar la similitud de sentimientos encontrados por cada una de las situaciones vividas en el campo de batalla.

Puedo concluir diciendo que a pesar de que por años se trató de silenciar a las féminas que participaron en esta disputa y solo se les reconoció históricamente el esfuerzo a los hombres, esta autora consiguió encontrar a mujeres que le contaran su historia y testificaran sobre las atrocidades que vivieron desde un lado más emocional y personal que lo que se acostumbra a contar, ya que se suele mostrar más el combate y los momentos que se pasan en él, que  aquellos cuando no se está peleando y los soldados tienen desasosiego en las trincheras, o su acercamiento y familiaridad con otros compañeros.

Además, creería que el sufrimiento de muchas de estas chicas las llevó a ser más fuertes y a la vez les causó traumas, los cuales no les permitieron tener una vida completamente normal. Este libro va más allá de lo histórico, es más humano y cada letra se siente en el ser, cada emoción relatada es una puerta hacia un pasado que nos es, en parte, desconocido.

*Estudiante de Licenciatura en Bilingüismo con énfasis en inglés de la UTP.