RIVERS OF OTÚN

En los eventos coincidimos como espectadores, compartiendo tareas, presentando visitantes, exponiendo nuestras obras, pero no nos quedan registros.

 

Por / Jáiber Ladino Guapacha

Uno de esos amigos que saca tiempo para leer lo que uno escribe, pensarlo y proponerle opciones, me dijo que dirigirme a Lord Violeta con un vallenato no le sonaba auténtico, que él me veía más con ese salmo-disco Rivers of Babylon: “lágrimas por el recuerdo de Sion, mientras la música en el cuerpo recupera la memoria para el camino de regreso. No te has ido, Jaibercillo. Te niegas al exilio y por eso buscas amigos entre nosotros”. Pues hombre, gracias. Me satisface que hayas leído no un reclamo para el ego sino un sutil aporte al estado del arte para la crítica en la ciudad, como lo recogió Miguel Ángel Rubio también. La estrategia, acertada o no, consiste en contar mi biografía lectora para que, unida a la de tantos otros, armemos el mapa.

 

Memoria y diálogo

Precisamente, en la amplitud de miras propuesta por Miguel para entender la literatura en relación con otras artes y sumar escenarios, quiero señalar un ejercicio que puede entrenarnos para la crítica: escribir la recepción. En los eventos coincidimos como espectadores, compartiendo tareas, presentando visitantes, exponiendo nuestras obras, pero no nos quedan registros. ¿No es más el papel que gastamos en publicidad que en recoger lo que se hizo, lo que impactó, lo que nos dejó? A la vez que como gestor y profesor me pregunto: ¿Alguien lee las memorias que enviamos al correo electrónico? Cuando toman la foto de la diapositiva, ¿están enviando a sus rectores la evidencia de que estaban en capacitación conmigo?

Como docente continuamente escucho la idea de que no sistematizamos la clase y por eso iniciativas que pueden ser innovadoras y que tuvimos ahí en nuestras manos, las vemos después cosechando el reconocimiento porque otro sí planeó, ejecutó, registró, tabuló, graficó, hizo el resumen en inglés, corrigió y reenvió. Podemos ser lectores críticos, juiciosos, intuitivos, analíticos, agudos, puntuales, precisos, pero si no ordenamos impresiones ni nos sometemos a los pares para corregir, la crítica literaria nos parecerá extraña.

En esa tarea de indexar experiencias lectoras, viene haciendo una labor muy valiosa Diego Firmiano, alimentando la mirada sobre obras y autores. Sabe que no se trata sólo de reclamar voluntad política (acción) a los dirigentes culturales, sino que se trata también de la promoción de nombres nuevos y de continuar el diálogo con los antecesores para cautivar lectores.

Se trata de un campo, que preside de manera indiscutible Jaime Ochoa con su biblioteca y su Atlas, donde las voces de décadas anteriores vuelven al ruedo para que dejemos de pensar que somos el cumplimiento de las profecías. Tarea silenciosa y fructífera en la que el poeta Mauricio Ramírez, provoca remezones para que comprendamos el fenómeno literario de la ciudad.

La crítica no es un invento reciente. En el mundo digital hay muchos portales donde se reciben bien reseñas, entrevistas, columnas, ensayos, artículos para comprender mejor la obra de los nuestros. Los periódicos que ha tenido la ciudad nunca han dejado de lado el registro del nacimiento de las obras y algunas primeras recepciones. En días en que Las Artes sobrepasa su número 1600, cómo negar una tradición de lectores y periodistas, gestores y educadores, preocupados por dar cuenta del destino de los libros y su vocación de futuro. Valga también el reconocimiento a Papel Salmón de La Patria en la vecina Manizales y a la Crónica del Quindío, receptivos a nuestras reseñas.

Nada más por curiosidad, ¿han dado clic en el label crítica literaria al final de estas columnas? ¿Han leído la semblanza que hizo de Bloom el médico Alarcón? ¿Ya leyeron las columnas recientes de Arredondo sobre Orillas, La mueca del Golem y El sonido de la sal?

 

Elección

En un premio, la crítica del jurado se ve obligada a la regla del pódium. En un estudio panorámico, es difícil leer al autor y quedamos sujetos a la observación del académico. La antología, reúne lo mejor de ambos.

Voy al Youtube para buscar el Abecedario de Jorge Larrosa Bondía y extraer de él una idea para afirmar las líneas anteriores. “[…] la palabra selección y la palabra colección tienen que ver con lección. Y también tiene que ver con lección, con el legere latino, la palabra “elegante”. Una persona elegante es una persona que sabe elegir, quiero decir, que muestra lo que es, en sus propias elecciones. Por tanto podríamos decir que la elegancia de un profesor está en los textos que escoge” (ver). En esa misma línea leo al profesor Rodrigo Argüello: “todo cazador es de algún modo un lector, quizás el primer gran lector de huellas, trazas e indicios”.

Ambas reflexiones nos convierten a los profesores de literatura en antologadores, ya sea para demostrar el criterio con el que elegimos, como también para alimentar el espíritu de los aprendices. Son insumos suficientes para un superhéroe como el hombre araña que propone Rigoberto: “dueño de la red y la manipula a su antojo. He ahí su autonomía, la prueba de su sensibilidad. El profesor de literatura contempla, vigila, actúa, busca el orden. He ahí su compromiso social, como autoridad, pero también como un ser anónimo, hijo de la muchedumbre. De su prestigio hablará la calidad de la red y la destreza con que la extienda en su diaria labor”.

Creo, señor Violeta, que los profesores sí tenemos el deber de la crítica como ejercicio cuando armamos nuestros planes lectores. Pero, la inclusión de los autores regionales se ve condicionada por la circulación de los textos. Fotocopiarlos, digitalizarlos, ¿hasta que punto hace parte de la solución? ¿Cómo garantizar respeto por autor, obra y lector en entornos hipermediales? ¿Cómo lograr ese fin de la lectura y que no se termine en la acumulación de pdf, jpeg, doc, hipervínculos ad infinitum, en expansión?

La Chambrana, esa colección literaria de los últimos dos años, responde muchas de las preguntas anteriores. Libros discretos y accesibles, con una curaduría que nos da a entender la decantación de procesos. ¡Adelante!