“El padres es la imagen verdadera de Dios soberano,

padre universal de las cosas”

J. Bodin

“Nuestros padres eran nuestros modelos de Dios, y si nuestros padres nos fallaron, ¿qué dice eso de Dios?”

Chuck Palahniuk

 Por: Diego Firmiano

Imagen tomada de: http://blog.paperblanks.com/wp-content/uploads/2012/05/freud-580x333.jpg

Imagen tomada de: http://blog.paperblanks.com/

El padre

Es sabido de forma genérica por la psicología, que la relación de un hijo con su progenitor es una relación ambivalente, simbiótica, simbólica, en esencia es, el padre como prototipo espiritual de autoridad y sustento que emula la figura de Dios (imago dei) en el niño.

El sentido común, la simple observación y Freud no para de demostrar esto cuando pone este en su sofá psicoanalítico a Fiodor Dostoievski, examina la riqueza de su multifacética personalidad, deduce el fenómeno de la identificación del niño con el padre, y resuelve que el niño mimetiza las actitudes y todas las condiciones heredadas ya que: “el sujeto quisiera hallarse en el lugar de su padre porque le admira”.

Este caso freudiano, junto con las posteriores teorías de otros eminentes psicoanalistas como Karl Abraham, Carl Jung, Melanie Kleim y otros se constituyeron un modelo general de relaciones familiares, por cuanto todo hijo tiene un padre, aunque no todo padre tenga un hijo.

De ahí entonces que por azar, accidente o por intención, la pérdida del progenitor, del “ser admirado” sea una terrible vivencia que se convierta en un trauma (herida), una conmoción interna que perdura en el sujeto afectado, al punto de experimentar una identificación (inconsciente diría Freud) con el padre en todas sus dimensiones.

Esto es lo que el psicoanálisis deduce como: “la relación del yo con el superyó” la unión psicológica entre la persona y el objeto paterno (Dostoyevski y el Parricidio 1928).

Esta realidad psicológica la podemos ver en escritores como Friedrich Nietzsche, Jean Paul Sartre, Ambroce Bierce, Frank Kafka  y no tan lejos de nuestra realidad en personalidades latinoamericanas como lo fue Roberto Bolaño, y como lo es el escritor Héctor Abad Faciolince y el político Álvaro Uribe Vélez.

El padre subjetivo

Fuente: Cuenta Oficial del expresidente constitucional https://twitter.com/AlvaroUribeVel

Fuente: Cuenta Oficial del expresidente constitucional https://twitter.com/AlvaroUribeVel

A pesar de que sabemos muy poco especificamente de la relación que tuvo el ex-presidente de Colombia Álvaro Uribe Vélez con su padre, se  deduce que fue una relación normal como cualquier otra y que tuvo los mismos efectos que ha teorizado la psicología experimental.

Y por eso el conocido y lamentable hecho de que a Alberto Uribe Sierra (Padre de Álvaro Uribe Vélez) lo hayan asesinado en 1983 en su finca de “Guacharacas” bajo extrañas circunstancias, viene a constituir sin lugar a dudas el principio innegable de la muerte de dios en el ex-presidente, hoy convertido en un acérrimo opositor político.

Su luto, precedido por la pérdida irreparable, hace que la totalidad de su vida quede circunscripta a la experiencia por la cual debe responder: “La muerte de su padre, causada por guerrilleros sin ley y sin Dios”; pero al mismo tiempo se resiste a matar su representación: El padre subjetivo como modelo  de sujeción a un ser superior.

De ahí que Álvaro Uribe Vélez, se resista como un acto de fidelidad y obediencia a cometer un parricidio al mejor estilo de Dostoyevski (que asesinó a su padre subjetivo a los 18 años cuando le informaron sobre su muerte) y decida hacerse cargo del padre que ha mantenido como un elemento vital para su razón de vivir. Su personalidad y su fuerte carácter serán una defensa y una manera de mostrar que el padre aún está vivo y que se opone a ese crimen espiritual, de olvidar el objeto de su amor.

Los parricidas no desean ser culpables de un crimen capital como este, pero el doble juego de no matar a un padre espiritual, que regula los sentimientos, los pensamientos y las pasiones, y de no desprenderse de su jurisdicción, hace que se anide sentimientos de culpabilidad y se autoinfringan castigos como el de Dostoyevski, con sus constantes histerias, la psicopatología del odio de Nietzsche plasmada en su rabiosa literatura, o las cartas tipo desahogo de Kafka hacia su duro padre Hermann.

Un hombre que sin padre lucha por ser la proyección de la relación filial con su progenitor, devenga actos que por su esfuerzo e iniciativa, constituyen, como lo dice Freud, en un acto de constricción que tácitamente dice: “padre, todo esto lo has hecho tú, me siento feliz”.

Y así entonces el hijo puede ser como su padre, porque lo admira, sin asimilar que sus acciones son inherentes sólo de él. En conjunto, la relación entre Álvaro Uribe Vélez y su padre Alberto Uribe se ha transformado, conservando su contenido en una relación entre el yo y el superyó: una nueva obra, en un nuevo escenario.

La negación del padre

Aunque en una entrevista que le haría la revista Semana, el año 2012, a propósito de su libro: “No hay causa perdidanegara rotundamente el hecho de que su padre fuera el objeto motivador para su ascensión al poder público:

En 1983 cuando mi padre fue asesinado, yo tenía 30 años. Comenzaba a ascender en la vida pública: había desempeñado ya varios cargos, entre ellos el de la Alcaldía de Medellín. (…) En los años siguientes hablé lo menos posible del asesinato de mi padre. Muy rara vez mencioné a mi padre en discursos y reuniones. Quería evitar que mi imagen pública fuera asociada con una idea de martirio o con la falsa impresión de haber incursionado en la política motivado por la tragedia familiar”.

Pero Freud delataría el acto de la negación cuando afirma que: “una representación o un pensamiento reprimidos pueden, pues, abrirse paso hasta la conciencia, bajo la condición de ser negados. La negación es una forma de percatación de lo reprimido” y lo reafirmaría cuando con naturalidad declara “Negar algo en nuestro juicio equivale, en el fondo a decir: Esto es algo que me gustaría reprimir” (La Negación 1925)

¿Qué se puede esperar de un hombre que ha perdido la imagen de Dios en su vida, que no encuentra a Dios en ningún lado excepto en templos, que ha perdido el poder paterno que constituía la justicia y la ley, y que reprime lo que niega rotundamente?

En cierta manera el ex-presidente, abogado y hoy opositor de los procesos de paz y otras políticas, se deja ver como un hombre que se siente en los modos de su existencia actual como un náufrago que no logra salir a flote. En otras palabras, es ver a un hombre que no se revela solamente con el tiempo y mediante su esfuerzo consciente y público, sino un hombre que se revela y un hombre que se oculta de mil maneras inesperadas.

Un ropaje que lo puede transformar en un diplomático, un político, un padre, un ciudadano, pero también en una caricatura o en un monstruo, por el sentimiento de culpabilidad reprimido; y este sentimiento de culpabilidad reprimido, sería el que inevitablemente lo llevaría a buscar el poder como un instrumento de libertad para mitigar las presiones internas, de hacer justicia en la sociedad en nombre de su padre.

Freud no duda en llamar a este tipo de personas con este tipo de libertades “delincuentes” y discrimina dos rasgos esenciales en este tipo psicológico: un egotismo ilimitado y una intensa tendencia destructora. (Varios tipos de carácter descubierto en la labor psicoanalítica. Cap. III: “el delincuente por sentimiento de culpabilidad”)

El destino como proyección del padre

La actitud de Álvaro Uribe Vélez de aprender el respeto y no la obediencia por la pérdida prematura e irreparable de su padre y su incursión política lo llevaría a reconocerse y a mentalizarse como el padre de los colombianos, al punto de que su psicología injerente en otro gobierno presidencial diferente al suyo, refrenda el dolor de un padre que extraña que sus hijos (los colombianos) ya no permanezcan reunidos a su alrededor.

Y lo más cerca del respeto es el instinto insaciable del poder, la autoridad y el egotismo amparado bajo la premisa: “Soy un ciudadano y un ser humano por lo tanto merezco respeto”. Contradictoriamente fue en sus periodos presidenciales donde más se violó este derecho inalienable del respeto particular.

El Ex-Presidente Álvaro Uribe Vélez puede definirse como un sujeto de disposición particularmente intenso, que se defiende en singular energía contra la dependencia de un padre especialmente duro. Y además en su personalidad refleja la ambivalencia de una persona conmovida por la pérdida de su padre.

Las constantes referencias de Álvaro Uribe Vélez de su devoción a la virgen es asimilada como un ocultamiento del sentimiento paterno reprimido. (Sin desestimar su fe religiosa sincera en la patrona de los colombianos, de los sicarios y de los delincuentes). También el destino es tan sólo, en último término, una ulterior proyección del padre.