El fenómeno Hamlet ha transgredido de tal manera que aún no se puede agrupar con la literatura imaginativa de Occidente. Ni Don Quijote, Sancho Panza, que se representan como mitos independientes, ni Elena de Troya, Ulises (Odiseo) o Aquiles, entre otros.

 

Representación de Hamlet, un clásico entre los clásicos.

Representación de Hamlet, un clásico entre los clásicos.

Por: Margarita Rosa Rojas Torres*

Introducirse en el mundo de Shakespeare sin previo conocimiento puede ser un error grave, eso sin contar la falta de entendimiento que resultaría al terminar alguna de sus obras.

Shakespeare, como otros artistas, está situado en uno de los momentos más creativos y brillantes de la historia de la literatura y especialmente del teatro: la época Isabelina en Inglaterra. Nacido en Stratford-Upon-Avon el 23 de abril de 1564, Shakespeare fue uno de los más grandes poetas y dramaturgos del siglo XVl.

Su trabajo se prolongó  hasta 1590, donde se vinculó a la compañía de James Burbage y perduró allí hasta 1613, para morir en 1616, misma fecha en que murió Miguel de Cervantes, autor de Don Quijote.

Las creaciones de Shakespeare van más allá de lo cómico y lo dramático, produciendo así treinta y siete obras de teatro, ciento cincuenta y cuatro sonetos y cinco poemas extensos que no solo marcarían una etapa dentro de la literatura universal, sino que barajarían muchas cuestiones morales generando problemáticas discusiones tanto sociales como psicológicas.

Desde Falstaff, personaje shakesperiano destacado de la obra Enrique IV, hasta Hamlet, pasando por los villanos –Yago, Edmundo, Macbeth– y concluyendo con las bellas damas y fieles caballeros, Shakespeare no había tenido tanta relevancia hasta el momento.

Sus primeros dramas, escritos entre 1590 y 1593, demuestran la fuerza de sus dones. Entre ellos Historia de Enrique Vl, en tres partes, Tito Andrónico, La comedia de los errores, Los hidalgos de Verona y Ricardo III, obra admirable y con uno de los personajes más entrañables de la tragedia.

William Shakespeare en una imagen idealizada del autor.

William Shakespeare en una imagen idealizada del autor.

Después de un tiempo y con el poema Venus y Adonis y la ayuda de la Reina Isabel  I Shakespeare establece en 1599 un teatro fijo a las orillas del Támesis (Londres), llamado El Globo.

En el apogeo de su gloria, este personaje crece conforme a su fama y las obras vienen una tras otra: El mercader de Venecia, Sueño de una noche de verano y La fierecilla domada. Entre 1592 y 1597 compone sus sonetos, poemas de amor equiparables a los de Petrarca. Además, Las alegres comadres de Windsor, Enrique V, Mucho ruido y pocas nueces, en la que empieza su camino hacia lo dramático, Como gustéis y Noche de reyes.

Shakespeare ya no es joven y su genio, ya maduro, comienza, y con esto el ciclo de las grandes tragedias. Escribe Julio César –inspirada en la vida del emperador romano–, Otelo, Macbeth –tragedia de la ambición–, El rey Lear y Hamlet, su trabajo más importante. Misteriosa y llena de arquetipos, la obra de la venganza y de la traición quedará inmortalizada como la tragedia que solo finge ser.

 

Hamlet y la venganza

Inclusive su título, tan popular y relevante, hace sumergir al lector en una odisea engañosa y apasionante. Está más que claro que Hamlet no es la obra más perfecta de William Shakespeare pero sí la más aclamada y enorme de todos los tiempos. Compuesta por cuatro mil versos, relata la historia del atormentado príncipe de Dinamarca que enloquece a propósito para descubrir al culpable de la sospechosa muerte de su padre.

Hasta que una noche, el espectro del rey asesinado le revela la verdad. En ese momento Hamlet entra en el dilema que su difunto padre le ha transferido: Vengar su muerte. Hamlet vacila pero finalmente decide hacerlo, procurando por todos los medios matar a su tío Claudio, autor del asesinato y nuevo esposo de su madre, la reina Gertrudis.

Los orígenes de esta obra son tan dudosos y confusos como la redacción de la misma. Se sabe que existe un Hamlet anterior que supera a este. Muchos estudiosos arrojan la posibilidad de que su autor es Thomas Kyd, escritor de La tragedia española, arquetipo fundamental de venganza.

Algunas especulaciones sugieren que Shakespeare le dio a su público un personaje renovado que nació de la creación de Hamlet, personaje que estuvo gestándose por más de una década.

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Don Quijote, otro clásico, superado, según muchos, por Hamlet.

De igual forma, sigue siendo una incógnita el presunto creador del verdadero Hamlet o Amleth o el mismo Ur-Hamlet. Quizás se deban retomar los inicios de aquel personaje que aparentaba locura para sobrevivir y volver a la leyenda que dio origen a este importante símbolo literario.

La obra es una línea de tiempo que enseña diferentes facetas de Shakespeare acomodadas a la perfección con las del mismo Hamlet. Ambos crecen y recrean su propia historia, con el anexo de que finalmente Shakespeare decide interpretar al rey de Dinamarca, padre de Hamlet. ¿Es entonces Hamlet una breve representación de Hamnet, hijo de Shakespeare?

Las tragedias anteriores de Shakespeare son significativamente pronunciadas y hacen eco a través de la historia. Sin embargo, son apenas equiparables a lo que representa para la literatura Hamlet. Ni siquiera Falstaff o Cleopatra pueden compararse a las reverberaciones de éste.

El fenómeno Hamlet ha transgredido de tal manera que aún no se puede agrupar con la literatura imaginativa de Occidente. Ni Don Quijote, Sancho Panza, que se representan como mitos independientes, ni Elena de Troya, Ulises (Odiseo) o Aquiles, entre otros.

No, Hamlet sigue estando a un lado, rodeado con su carisma misterioso y aura sobrenatural que es inusual en Shakespeare. Si se pudiera acomodar a Hamlet en un momento de la literatura, sería junto al rey David de la biblia o inclusive con otros personajes de las Escrituras.

Si la obra fuera cristiana, entonces se podría decir que “Hamlet lleva la bendición, como David, José y Jacob la llevaron en la biblia”. Y a excepción de muchos personajes de Shakespeare, la bendición para Hamlet era una verdadera maldición. Claudio lo decía y se reafirma con la libertad sin límites que convida el texto.

Es cierto, Shakespeare crea a un genio irreverente y sin remordimientos, completamente libre y sin pudor alguno -¿sintió Hamlet, entonces, arrepentimiento por la muerte de Polonio o por el trato tan malévolo que le propició a Ofelia?- pero su vez, le dio al sujeto una objetividad clara frente a su conciencia desenfrenada.

La internacionalización de la persona fue otro de los puntos clave del periodo Shakesperiano que trataba, más o menos, de la revisión de uno mismo o “selfsame” que auspiciaba una voluntad de cambio. Hamlet era, en muchos ámbitos, reflexivo y maduro, se moldeaba a lo que había y trabajaba con ello. Se nota con sus inquisitivos monólogos y ambivalente drama, psicológicamente bien pensado. Hamlet, según Freud, es una obra que comparte las mismas raíces que con Edipo Rey.

En él prevalece el deseo reprimido por la madre que le impide realizar la venganza contra un hombre que es el actual poseedor del objeto materno. El protagonista de la tragedia queda enredado en su ensimismamiento y no puede realizar el mandato porque su tío Claudio, el asesino, realizó en su momento el deseo “edípico” de Hamlet de matar al padre y quedarse con la madre.

En la identificación inconsciente reside para Freud el núcleo de su imposibilidad de concretar la venganza. Esto precisamente podría llevarlo a actuar y precipitarse sobre su padrastro. Además de que Hamlet no es un personaje psicopático al empezar la obra, pero finalmente llega a serlo y el deseo reprimido en Hamlet es universal, común en todos.

Para Lacan, quien estudió a fondo las teorías de Sigmund Freud y las complejizó conforme a sus investigaciones, es un drama en el que se juega el encuentro con la muerte. En él, el duelo y los ritos fúnebres ocupan un lugar preponderante. Algo completamente diferente a lo que Freud planteaba.

Ambos prevalecían con la teoría de que en él existía el complejo de Edipo, pero para Lacan la situación que se presentaba cambiaba un poco las cosas: Hamlet, a comparación de Edipo, sabía lo que hacía.

De la anterior cuestión se pueden concluir diversas opiniones:

  1. Si Hamlet estaba imaginativamente enfermo entonces todos los demás de la obra lo estaban.
  2. La pregunta siempre resultará ser: ¿Cómo deberíamos caracterizar al Hamlet de los cuatro primeros actos y cómo recibiríamos al nuevo Hamlet que se presenta en el V?
  3. La conciencia misma ha hecho envejecer a Hamlet, no solo en apariencia, claro está, sino en la ambigüedad de sus acciones.
Autorretrato al óleo de William Hazlitt, notable ensayista británico.

Autorretrato al óleo de William Hazlitt, notable ensayista británico.

Se está en frente de un mundo corrompido y cruel, en conjunto de la ambición y la venganza, estados propios de la locura prematura. Todavía los críticos se indagan cómo Hamlet logró estar y no estar al tiempo en su propia obra e intervino con toda libertad posible. “La majestad de la melancolía” es más que un enigma de doble cara encapsulado en su célebre monólogo “ser o no ser…”

En toda una vida rodeada de teatro una persona ha de encontrar ligeros parecidos entre Macbeths, Lears y Otelos. Pero ningún actor que interprete a Hamlet tendrá parecido alguno con los demás.

Existirán tantos Hamlets actores como directores, escritores o aficionados posibles, inmortalizados en lo que significa realmente el concepto y Hazlitt lo expresaba con algo realmente cierto: “Somos nosotros los que somos Hamlet”  y aquel “Nosotros” incluía casi que de ipso facto a Dostoievski, Nietzsche, Kierkegaard, Joyce y Beckett. Y ese es el momento en el que Hamlet se vuelve tan significativo para la literatura Occidental y algunos son inherentes a ello.

Es inverosímil la grandeza que esta obra alberga, no solo en sus aspectos teatrales/literarios sino en la crítica social que maneja. Hamlet es un mar de cuestiones filosóficas, psicológicas/psicoanalíticas, morales y angustiosas, por no decir absurdas, que sumergen al lector en un aprendizaje continuo.

Shakespeare es un autor completamente regular, constante e imaginativo, que va más allá de todas las comedias, tragedias, crónicas y dramas que ha escrito.

No cualquiera entenderá a Shakespeare de la manera que algunos críticos como Harold Bloom lo hacen, por ejemplo, o de la manera que escritores, lingüistas, ensayistas, conocedores de la materia o inclusive, la misma sociedad lo hace.

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Harold Bloom

Quizás serán infructuosos los resultados y la dispersión literaria sea demasiada, quizás el concepto de Shakespeare sea tergiversado en producciones cinematográficas y las masas no quieran leerlo.

Sin embargo, está la posibilidad de que alguien descubra un nuevo mundo dentro de él y produzca infinidades de cosas que lo engrandezcan y lo hagan merecedor de un sinfín  de reconocimientos, porque finalmente comprendió los enredos de William Shakespeare. Y sí, quizás habrá muchos o quizás no, quizás ya no quede nadie y la tradición se pierda, junto con la vieja cultura.

*Estudiante grado 11 Colegio Adoratrices Pereira.

 

Bibliografía

Harold Bloom. “Shakespeare: La invención de lo humano”. Grupo Norma. 1998.

“Las obras maestras de William Shakespeare”. Documental 98.