los ejércitosEl hombre no es solo una criatura tierna y necesitada de amor, que sólo osaría defenderse si se le atacara, sino, por el contrario, un ser entre cuyas disposiciones instintivas también debe incluirse una buena porción de agresividad. Por consiguiente, el prójimo no le representa únicamente un posible colaborador y objeto sexual, sino también un motivo de tentación para satisfacer en él su agresividad, para explotar su capacidad de trabajo sin retribuirla, para aprovecharlo sexualmente sin su consentimiento, para apoderarse de sus bienes, para humillarlo, para ocasionarle sufrimientos, martirizarlo y matarlo. Sigmund Freud.

Por: John Alejandro Jaramillo Patiño           

Desde los albores de la humanidad la historia del hombre ha estado trazada por la interacción con el medio y sus semejantes, llevándolo a un desarrollo de su potencial y a la creación de conceptos y herramientas que lo lleven a mejorar su calidad de vida. Todo en busca de un progreso y conservación de la humanidad, pero dentro de su historia los humanos también han utilizado su ingenio para otros fines que han dejado una huella imborrable en su memoria y corazones. El avance científico ha creado armas de destrucción masiva, la construcción de ciudades ha llevado a la degradación del medio ambiente y el desarrollo de la sociedad muestra la presencia de criminales de todo tipo que están en la historia humana desde los inicios de la civilización.

Cabe preguntarnos, entonces, ¿por qué el hombre en muchos casos utiliza su ingenio para este tipo de decisiones bélicas? Ya que dentro de lo abominable en el hombre y sus manifestaciones, una de las mayores expresiones de la dualidad del progreso y la destrucción es la “guerra”. Y es que desde los relatos bíblicos hasta nuestra era ha quedado sellada nuestra historia por un sin número de guerras, casi que se podría afirmar que este es un hecho ineludible para la especie.

En 1932, Albert Einstein escribió a Sigmund Freud con gran preocupación, y como amigo fiel de la humanidad, buscando una respuesta a una simple pero complicada pregunta “¿Hay algún camino para evitar a la humanidad los estragos de la guerra?”. Freud da respuesta a partir de sus investigaciones, conocimientos y teorías. Algo que serviría no solo para dar cuenta de la situación del momento, sino del porqué la tendencia del hombre a la destrucción y la continuidad de la guerra en la historia.

evelio rAhora daremos una mirada a los fundamentos y alcances de la afirmación de Freud, según el Adolfo Vásquez Rocca, acerca de la primacía del impulso de muerte, del impulso Thanático, sobre las demás pulsiones, en la novela Los ejércitos de Evelio Rosero Diago, que está enmarcada por su experiencia vivida en un conflicto armado y la influencia de la destrucción sobre todas las cosas.

Según el Diccionario de Psicoanálisis de Laplanche y Pontalis, Freud define el término pulsión como un proceso dinámico consistente en un empuje (carga energética, factor de movilidad) que hace tender al organismo hacia un fin. Una pulsión tiene su fuente de excitación corporal (estado de tensión); su fin es suprimir el estado de tensión y gracias al objeto, la pulsión puede alcanzar su fin.

Freud teorizó que la dualidad de la naturaleza humana surgió de dos instintos: Eros y Thanatos. Vio en Eros el instinto de la vida, el amor y la sexualidad en su más amplio sentido y en Thanatos, el instinto de la muerte, la agresión. Eros es la impulsión hacia la atracción y reproducción; Thanatos hacia la repulsión y la muerte. Uno lleva a la reproducción de la especie, el otro hacia su propia destrucción.

El objetivo de Thanatos, según Freud, “es disminuir tensiones, descomponerlas, regresar a la quietud del mundo inorgánico todo lo que vive, muere por causas interiores y regresa a lo inorgánico…, lo inanimado estaba allí antes de lo animado”. De ahí la afirmación de supremacía por regresar al estado de la quietud. Por lo tanto, por medio de esta pulsión de muerte sale a la luz una pulsión agresiva e independiente, según Freud en Más allá del principio del placer y lo mismo es válido para El malestar de la cultura, ya que aquí sí recae el énfasis mucho más en las manifestaciones exteriores de la pulsión de muerte. La vida depende  de la complementariedad y contraste de Eros y Thanatos, es decir, cada conducta del hombre depende de la combinación de ambas. No pueden actuar aisladamente, siempre están ligadas, tanto así que en momentos una subordina a la otra.

Evelio Rosero inicia su novela mostrándonos un paraíso edénico, rebosante de paz, síntoma de la pulsión de auto conservación y vida, situación que solo veremos en el inicio de su novela (en su edición del 2007 de editorial Tusquets. Todas las citas se tomarán de esa edición).

Y era así, en casa del brasilero las guacamayas reían todo el tiempo […] El sol empezaba. La mujer del brasilero, la esbelta Geraldina, buscaba el calor en su terraza, completamente desnuda, tumbada boca abajo en la roja colcha floreada. […] A su lado las manos enormes del brasilero merodeaban sabias por su guitarra y su voz se elevaba, plácida y persistente, entre la risa dulce de las guacamayas; así avanzaban las horas en su terraza, de sol y música […] San José, pueblo de paz. (p 11)

E inmediatamente nos sumerge en esta misma descripción con una mirada hacia otro contexto: “cuando ocurrió el ultimo ataque a nuestro pueblo de no se sabe todavía que ejército […] un cilindro de dinamita estalló en mitad de la iglesia […] hubo catorce muertos y sesenta y cuatro heridos” (p. 12). Eros y Thanatos en una tensión constante que veremos en el desarrollo de la novela, para al final ratificar la supremacía de la destrucción sobre la vida.

Además, la alusión a la expulsión del paraíso se hace notoria cuando Geraldina (Eva) camina desnuda sin preocupaciones mientras los niños juegan alrededor, para después comer del fruto del árbol prohibido, es como si diéramos una mirada al momento anterior al pecado y la llegada del conocimiento a la vida del hombre, y por ende, la conciencia de la muerte.Entreabrió la boca, sorprendida, dio el paso y me recibió la naranja riendo otra vez, encantada. Gracias dijo. Un efluvio amargo dulce se remontó desde la boca enrojecida.” (p 17).

Al seguir con la lectura de la novela encontramos la tensión entre erotismo y muerte un poco después, cuando Ismael cuenta cómo conoce a su esposa,

En San Vicente la conocí, hace cuarenta años, en el terminal de buses. […] Me deslumbraron sus ojos negros y ensoñados, su frente amplia, la delgada cintura, la grupa grande detrás de la falda rosada.[…] sólo un incidente semejante pudo apartarla de mis ojos: en la banda vecina se hallaba un hombre ya viejo, bastante gordo, vestido de blanco […] Y otro hombre, reverso de la medalla, joven y delgado hasta los huesos, sin zapatos, en camiseta, el corto pantalón deshilachado , se iba directo hasta él, le ponía la punta de un revolver en la frente y disparaba.[…] Era un niño. (pp 20-22)

Thanatos haciendo presencia y marcando su primacía obrando a través de un niño, imagen a través de la historia marcada como símbolo de inocencia. Y al huir hacia el baño Ismael se encuentra con su esposa.

Fui y empuje la puerta y la vi en el momento en que se sentaba, el vestido arremangado a la cintura, los dos muslos tan pálidos como desnudos estrechándose con terror.[…] mirarla otra vez, la implacable redondez de la nalgas tratando de reventar por entre la falda arremangada, su casi desnudez (pp. 23-24).

Se hace presente el ininterrumpido contraste entre erotismo a través del voyerismo de Ismael, que será constante hasta el final del relato, y los sucesos que encarnan la muerte y destrucción en la novela.

Continuando con las afirmaciones de la supremacía de Thanatos y su tendencia a regresar a la quietud, a lo inanimado, encontramos que los personajes principales (Ismael y Otilia) son dos personas viejas, en la última etapa de su vida. Para qué usar un protagonista viejo y en las últimas, sino para dar constancia de la primacía de la muerte sobre la vida.

Hoy mi mujer sigue siendo diez años menor que yo,  tiene setenta, pero parece más vieja, se lamenta y encorva al caminar. No es la misma muchacha de veinte sentada en la taza de un baño público, los ojos como faros encima de la isla arremangada, la juntura de las piernas, el triángulo del sexo.” (p. 24). Por otro lado el pueblo también empieza a verse desolado “el alcalde y el personero no se encuentran en la alcaldía, no hay nadie en las oficinas del concejo municipal. ¿Dónde están?, ¿qué vamos a hacer?, ¿cuánto durará? ( p. 93)

En cuanto a los personajes que viven en el pueblo y rechazan toda la perversión y violencia, es decir, los inocentes, podemos constatar que esta situación es una de las que mas influye en la fuerza y el poder de Thanatos. “Cuanto más inocentes somos, es decir, cuanto mejor nos apartamos de nuestras pulsiones agresivas, más pasan éstas al servicio del superyó y mejor armado está para torturarnos. Así los más ‘inocentes’ llevan la carga más pesada de culpabilidad”, afirma Octave Manonni.

Y es por esto que no hay necesidad de que el autor nos defina quiénes son los ejércitos en la novela, no es necesario, la naturaleza humana los llevará a ser parte del único ejército al comando de Thanatos en la novela. En consecuencia, notamos que con la toma del pueblo hacia la mitad de la novela, casi que podríamos escoger una página al azar y encontrarnos con la violencia y muerte en cada uno de los párrafos, con una que otra aparición de Eros en ciertos momentos.

Hasta los personajes que encarnan la ley en la novela se dejan llevar por la venganza y la muerte, vemos cómo el oficial Berrío hace gala de ello disparando a los habitantes de San José pueblo de paz.

Tenía el rostro desfigurado de rabia, ¿o iba a llorar? De un momento a otro, como catapultado por el rencor, se llevó  la mano al cinto y desenfundó la pistola. […] apuntó al grupo y disparó una vez; alguien cayó a nuestro lado […] ahora desde otro lugar disparaba dos, tres veces.(p. 96)

Y encaminándonos hacia el final de la novela, el personaje de Ismael se irá deteriorando, desmoronándose al igual que el pueblo con la presencia de la guerra:

me miro los pies: mis uñas se enroscan como garfios, también las uñas de mis manos son como de ave de rapiña, es la guerra, me digo, algo se le pega a uno” (p. 141). Eros pierde fuerza y queda subordinado por Thanatos. “Geraldina de negro. Ya no logro recordarla desnuda. (p. 170).

Y hasta el final, en la última página del libro, después de sumergirnos al inicio en un paraíso que se deteriora según avanza la historia primará Thanatos, la muerte, la destrucción, dejando el pueblo desolado; y Geraldina, símbolo de vida y erotismo en la novela será usada una vez más como objeto sexual. Thanatos abusará sexualmente de su cuerpo inerte, como metáfora y burla a la pulsión de vida y reproducción.

Entre los brazos de una mecedora de mimbre estaba – abierta a plenitud, desmadejada, Geraldina desnuda, la cabeza sacudiéndose a uno y otro lado, y encima uno de los hombres la abrazaba, uno de los hombres hurgaba a Geraldina, uno de los hombres la violaba: todavía demoré en comprender que se trataba del cadáver de Geraldina, era su cadáver. (p 202)

Ismael, personaje principal de la historia, se despedirá de Geraldina antes de que le disparen. Thanatos demuestra su primacía y característica del regreso a la quietud y la muerte; un pueblo que queda totalmente desolado y con la marca de la muerte por todos lados.

Adiós, Geraldina digo en voz alta […] Les diré que me llamo Jesucristo, les diré que me llamo Simón Bolívar, les diré que me llamo nadie, les diré que no tengo nombre y reiré otra vez, creerán que me burlo y dispararán, así será.(p. 203).

Evelio RoseroAhora, es claro que esta mirada se hace a través de una teoría propuesta por Freud, escrita en la época moderna queriendo establecerse como universal, paralela al pensamiento y búsqueda de la verdad absoluta, características del modernismo. Por lo tanto, se podría refutar esta tesis sobre la novela Los ejércitos, y más en esta época postmoderna donde se habla de verdades y diversas teorías. Teorías que argumentan que el origen de la agresividad y las guerras en el hombre provienen de otras fuentes, como la teoría de Barbara Ehrenreich, ensayista y activista estadounidense, que opina que la raíz del comportamiento bélico está en el miedo de nuestros antepasados ante animales que eran depredadores más hábiles. Con la evolución los humanos aprendieron a construir instrumentos de guerra y celebraron su victoria sobre el mundo animal con brutales rituales de caza que con el correr del tiempo se convirtieron en rituales bélicos con otros humanos.

Esto explicaría por qué muchas personas no sienten inclinación natural por la guerra y por qué para convertirse en guerrero se requiere entrenamiento e iniciación. O como la teoría del economista británico Thomas Malthus, quien pensaba que la solución a los problemas sociales se halla a las fuerzas naturales. La población del planeta crece más rápidamente de lo que se desarrolla la producción de alimentos, y para equilibrar la situación la naturaleza crea hambrunas, enfermedades y guerras, explica el economista Ran Ambramitzky.

No podremos evitar las guerras hasta que inventemos maneras de controlar el aumento de la población, y así entre otras teorías más. Pero esta es una época donde aparecen muchas teorías, y por ende, no hay búsqueda de universalidad en ellas, así que es claro que el trabajo realizado por Freud conserva gran peso y validez. Además, echando un vistazo a la historia humana y los hechos, resulta muy poco probable encontrar una verdad absoluta a una especie de tantos cientos miles de años con tantas incógnitas en lo que concierne a la noción de su ser, y más a una verdad universal en un universo mucho mas viejo. Solo nos queda recurrir a Immanuel Kant que nos dirá “al filósofo no le queda otro recurso, que intentar descubrir en este absurdo decurso de las cosas humanas una intención de la Naturaleza”.

Por otro lado, también es cierto que hablando de la teoría freudiana hay muchos de sus seguidores que difieren en sus planteamientos criticando la teoría de las pulsiones, y otros  afirmarían que las pulsiones simplemente son paralelas, así que la primacía de una sobre otra sería sólo en momentos, por lo tanto la mirada a Los ejércitos sería errónea; y como ya hemos observado, la vida depende  de la complementariedad y contraste de eros y Thanatos. Pero como el único hecho ineludible para el hombre es la muerte, Freud afirma:

Si el objeto de la vida fuera un estado aún jamás alcanzado, eso contradiría la naturaleza conservadora de los instintos. Tiene que ser un estado de procedencia mucho más antiguo, que el viviente dejó una vez y al que tiende denodadamente por encima de todos los rodeos de la evolución. Si pudiéramos suponer como experiencia sin excepción que todo viviente muere por motivos internos, podríamos entonces decir: El objeto de toda vida es la muerte, y yendo más atrás: Lo no viviente fue anterior a lo viviente.

En conclusión, si bien hay varias teorías que hablan sobre la noción del ser, la historia es fiel reflejo de ello, y en la novela Los ejércitos encontramos la constante influencia de Eros y Thanatos sobre los personajes del pueblo San José, hasta quedar desolado y con la marca de la destrucción por todos lados, dando  así la primacía a la pulsión de muerte.

La agresividad en el hombre ha estado presente de muchas formas, dejando la marca del constante contraste entre las pulsiones de vida y muerte. Y aunque algunos seguidores de Freud pongan en paralelo las pulsiones, esta afirmación de supremacía de Thanatos se puede interpretar como metáfora hacia un llamado de nivelación de las mismas, ya que la negación de la muerte y su represión son las que le dan el poder para comandar y primar con tanta fuerza en la sociedad: “lo que ha permanecido incomprendido; retorna como alma en pena, no descansa hasta encontrar solución y liberación”, afirma Freud.

La propuesta a seguir es aceptar las pulsiones en su totalidad sin negar lo que implica Thanatos en el hombre y poder satisfacerlo a un punto menos dañino, para que pueda primar la razón, y así, el hombre pueda encontrar un mejor camino hacia el futuro para no repetir su historia y encontrarse con algo tan sombrío como lo que pudo reflejar Evelio Rosero en su novela. O si bien esta época postmoderna nos deja ver varios caminos hacia una respuesta para superar los conflictos, Estanislao Zuleta dice:

 Si alguien me objetara que el reconocimiento previo de los conflictos y las diferencias, de su inevitabilidad y su conveniencia, arriesgaría paralizar en nosotros la decisión y el entusiasmo en la lucha por una sociedad más justa, organizada y racional, yo le replicaría que para mí una sociedad mejor es una sociedad capaz de tener mejores conflictos. De reconocerlos y de contenerlos. De vivir no a pesar de ellos, sino productiva e inteligentemente en ellos. Que sólo un pueblo escéptico sobre la fiesta de la guerra, maduro para el conflicto, es un pueblo maduro para la paz.