Por ahora, me parece, estamos en un lugar todavía muy elemental de la escritura de No Ficción Creativa. Los novelistas tradicionales han coqueteado esta materia escribiendo libros que son relatos testimoniales, pero ninguno de estos novelistas se ha decidido a abandonar la ficción del todo para creerse autores de No Ficción.

Juan Miguel Álvarez, escritor y documentalista dedicado a la No Ficción.

Por: Ángel Castaño Guzmán

Juan Miguel Álvarez llamó la atención del público lector interesado en la No Ficción con una serie de perfiles de largo aliento y entrevistas a ilustres periodistas publicada en la revista Elmalpensante.

Luego, con su libro Balas por encargo se confirmó como uno de los nombres a tener en cuenta en el campo del periodismo narrativo colombiano.

Ahora un texto suyo hace parte de Un mundo lleno de futuro, un compendio de crónicas latinoamericanas sobre los beneficios de la ciencia y la tecnología. La edición del libro estuvo bajo el cuidado de la argentina Leila Guerriero.

Su crónica en ‘Un mundo lleno de futuro’ fija la lupa en dos comunidades periféricas beneficiadas por la ciencia y la tecnología: una en La Guajira y otra en el Cauca. Háblenos de lo que encontró en esas zonas, ¿cuáles son sus puntos de encuentro?

Son lugares por los cuales el Estado responde poco. Llenos de carencias y asolados por los problemas comunes a todo el país: violencia, desigualdad, pobreza, hambre, enfermedades. Ambas comunidades, —Kasichi, en La Guajira, y El Cerrito, en el Cauca— han debido superar la desconfianza natural que le cultivaron al Estado, la desconfianza entre ellos mismos incluso, y trabajar con sentido gregario para obtener un beneficio común.

Un elemento interesante de su crónica es que centra la mirada en hechos ajenos al imaginario nacional sobre La Guajira y el Cauca. En su opinión, ¿cuáles son los temas periodísticos que el postconflicto visibilizará?

No estoy seguro de que llegue a haber una inercia en el periodismo nacional que vuelva necesario poner en la agenda pública ciertos temas sensibles en el posconflicto. Ojalá, sí.

En todo caso, pienso que el tema fundamental que no se nos puede escapar y del cual se pueden desprender infinidad de historias dulces, tristes, dignificantes, vergonzantes, es la organización social o la organización comunitaria que empezará a reclamar y a manifestarse para luchar por mejoras en la calidad de vida. Si ya nos parece familiar un taponamiento de la vía Panamericana en el norte del Cauca, por mano de pueblos indígenas, afros y campesinos, pues se volverán más frecuentes las marchas de todos los sectores de la ciudadanía, sobre todo las de las clases obreras: docentes —como la que ocurre ahora—, empleados públicos de las entidades territoriales y de las instituciones estatales, huelgas de trabajadores del sector privado, protestas de los trabajadores de la Salud, entre muchos más. Durante los años de las Farc en armas, era usual que todas estas marchas fueran macartizadas y deslegitimadas por el Estado diciendo que estaban infiltradas por la guerrilla. Pues ahora, sin las Farc en armas, la protesta social será la única vía de reclamo ante un Establecimiento poco justo. De nosotros, la prensa, depende que estas manifestaciones tengan el valor exacto dentro de una democracia y no empiecen a ser atacadas solo para apaciguarlas y no atender las peticiones. Mejor dicho: entre más legítima sea la protesta social, más ilegítima se vuelve la protesta armada. Y a esto puede contribuir la prensa, como nadie más.  
 
¿Cuál fue la experiencia de trabajar en un libro cuya editora fue Leila Guerriero? ¿Cuál es el método de trabajo de ella a la hora de editar los materiales de terceros?

Leila es una eximia editora. Hace que tu trabajo como autor alcance cuotas de alta calidad. Te da libertad de que escojas la estructura del relato y la manera de contar; también, te da alas para malear el tono de la prosa. Pero luego, unas vez haces tus elecciones, ella usa un escalpelo para diseccionar fragmento a fragmento y mostrarte por qué no está bien resuelto. Señala desde errores y defectos de la construcción del relato, la elaboración de los personajes, hasta el mecanismo interno de la estructura. Si lo amerita, mete la mano y termina de apuntalar un párrafo. Es tranquila con los tiempos de entrega, porque siempre negocia con las editorial buenos tiempos de trabajo. Con ella, uno nunca está corriendo con entregas descuidadas. Entre muchas de sus virtudes está la habilidad poética para titular crónicas. “Un mundo lleno de futuro” es un título insuperable para este libro.   

En breve usted publicará un libro de no ficción. ¿De qué va el libro y qué similitudes y diferencias tendrá con Balas por encargo, su primer libro periodístico?

Se trata de una crónica de viaje por siete regiones devastadas por el conflicto armado. Como toda crónica de viaje, es un tejido entre mis emociones y hallazgos como viajero, con los hechos de guerra que sucedieron en esos lugares, con las historias de personas que le permiten a uno —a los lectores— mantener la fe en el mundo. Desde todos los aspectos, es un libro distinto a Balas por encargo. Es más emocional e íntimo, menos sujeto a los datos duros, con más participación de la voz del viajero y menos de las terceras personas.  

Además de cronista, usted es un estudioso de la literatura de No ficción. ¿Cuál es el panorama de este tipo de escritura en el país?

Uy, me meto en problemas con mis amigos y maestros. Es un debate que todavía no nos hemos dado con la profundidad que merece. Por ahora, me parece, estamos en un lugar todavía muy elemental de la escritura de No Ficción Creativa. Los novelistas tradicionales han coqueteado esta materia escribiendo libros que son relatos testimoniales, pero ninguno de estos novelistas se ha decidido a abandonar la ficción del todo para creerse autores de No Ficción. De otro lado, los periodistas que escriben crónicas ven en este género la máxima expresión de la No Ficción. Ahora no recuerdo ejemplos de cronistas que se hayan decidido a construir una novela de no ficción o un relato testimonial cuya misión no sea informar, sino proponer una idea de mundo. Es decir, que los obligue como autores a deshacerse de la obligación informativa para encargarse de una expiación emocional.

En el medio, queda buena parte de esta materia por explorar: no tenemos autores de gran calidad escribiendo biografías de los personajes más importantes del país, no tenemos una tradición de cronistas de viaje, no tenemos autores dedicados a temas específicos como la música o el deporte que ya ostenten varios libros de no ficción como obra, no tenemos una camada numerosa de ensayistas de tono narrativo sobre aspectos de la cultura, que se hayan soltado del abigarramiento de las publicaciones académicas, y que puedan considerarse la sucesión de Gutiérrez Girardot, Estanislao Zuleta y el resto. Y finalmente, no tenemos una sólida tradición de editoriales que se entreguen a la difusión de la No Ficción Creativa, en consecuencia no contamos con editores de ojo afilado en esta materia. Apenas, dos o tres nombres.

Pero esta situación no es motivo de queja. Creo que lo importante es que hay pasos que muestran que estamos creciendo en ese sentido.

Según su experiencia, ¿qué elementos debe tener una crónica para ser buena y superar la contingencia noticiosa que la creó?

La crónica es el relato de unos hechos a lo largo del tiempo. Escribirla con calidad narrativa es un deber de cualquier periodista. Pero, escribirla con el ánimo de que también logre ser una apuesta estética es algo más complejo. Y requiere que el autor sea capaz de ver en esos hechos y en el paso del tiempo asuntos que obedecen a las emociones, a la sensibilidad humana, a las dudas morales que empujan decisiones, es decir, a esa pasta con la que se elaboran las novelas que tanto amamos.