TRIBUTO A LOS RADIONOVELISTAS

Aquí, y ahora, hacen falta seres más conscientes de su papel en el mundo y de su deber ineludible de aportar un granito de arena, siquiera, para elevar la consciencia colectiva.

 

Escribe / Jorge Eliécer Triviño – Ilustra / Stella Maris

Estudiábamos en nuestra amada escuela, y debíamos salir de ella a las cinco de la tarde, en volandas, por un caminillo destapado. Parecíamos competir con nuestros compañeros de clase; sin embargo, lo hacíamos por una causa más noble: llegar a nuestro hogar para tomar el algo; generalmente un chocolate caliente con pan o arepa con mantequilla, y sentarnos frente a un radio RCA Victor, de forma rectangular, con bordes superiores redondeados, con teclas marfiladas y con una bocina cuadrada al lado izquierdo. Tenía, además, un entramado de una fina tela con grabados.

La silla, siempre estaba lista, pues nuestras madres sabían de nuestra costumbre, y la aceptaban, reconociendo, quizá que era una serie formativa, pues la oíamos a alto volumen.

El reparto de la radionovela, no podía ser menos importante, pues el protagonista de la serie, era nada más que Gaspar Ospina, un hombre dotado de una voz varonil y de acento tranquilo y sereno; además la voz de su amigo y coprotagonista Solín, era interpretada por una magnífica voz: Erika Krum.

Desconocíamos por completo cuál era su apariencia física de los protagonistas que oíamos, pero el narrador, y ellos, con su acento y firmeza continua, nos hicieron imaginar a Kalimán como un hombre varonil de ojos azules, con un turbante azul y con una esmeralda el centro del turbante.

El lema, al inicio del programa, decía: “caballero con los hombres, galante con las mujeres, tierno con los niños e implacable con los malvados”; lo cual, penetraba en nuestra psique juvenil, tocando nuestras fibras neuronales profusamente, y nos hacía meditar en las actitudes más correctas de obrar con los demás; aparte de hacer una retroalimentación con lo que nos habían enseñado nuestros padres. El cuerpo del héroe era atlético, de elevada estatura, dotado de fuerza, valor, inteligencia, y fuerza mental, dentro de lo cual se destacaba la capacidad de transmitir el pensamiento a distancia a su gran amigo Solín. Kalimán, era un hombre dedicado a la meditación, y a la pronunciación de la palabra más sagrada para los hindúes: el mantram OM.

Si analizamos a profundidad el nombre Kalimán, encontraremos que su nombre está compuesto por: Kali y man. La palabra Kali, representa a la diosa a la madre Divina, la Madre del Universo, y la Divinidad protectora, y la palabra Man, con el pensamiento; es decir, quien tiene la capacidad de pensar como la Madre Divina, o el Alma del Universo, o quien está conectado con ella. Solín, con el poder solar, radicado en el corazón, el poder del amor. Pero estas disquisiciones no tendrán valor alguno, si nuestras mentes maleables aún, y dispuestas a ser moldeadas por otras mentes cercanas, no fuesen influenciadas positivamente.

Esta serie radiofónica tenía también el valor de mostrarnos a través de otros personajes como la Araña Negra, que representa los bajos instintos que nosotros poseemos, y que se sirven de Míster X, y que son, según el narrador: la sagacidad, la trampa, la traición y el instinto asesino.

La lucha feraz de nosotros por vencer a estos dos monstruos de nuestra Psique, era lo que nos alentaba a salir aprisa de nuestra escuela, para llegar a nuestra casa, pero había otro aliciente más: es que continuábamos, luego, oyendo la radionovela Arandú, cuyo protagonista era un indio, del cual no sabemos de qué selva era; pero creemos que se trata de la selva amazónica donde se llevaba a cabo la acción.

La presentación de la radionovela decía: “¡Arandú! La selva, sus peligros, y un hombre que conoce todos sus secretos: ¡Arandú! El príncipe de la selva.”

Como en la radionovela Kalimán, el narrador nos contaba paso a paso los sucesos, y describía las situaciones y con el montaje escénico, describían con sonidos, los desplazamientos, las situaciones climáticas como el viento; el sonido del agua al caer, los golpes recibidos, y todo aquello que implica mantener una buena narración, para sostener nuestra audiencia, los jóvenes de entonces.

Quien interpretaba a Arandú era nada más y nada menos que Carlos de la Fuente, cuyo nombre real era Carlos Alfonso Muñoz, quien se cambió de nombre por Carlos de La Fuente para no competir con el afamado Carlos Muñoz, que sería protagonista de muchas telenovelas colombianas como Pero sigo siendo el rey y muchas más.

El intérprete de Taolamba, compañero de Arandú, y quien era, según el libreto, un hombre de uno con ochenta de estatura de raza negra, dotado de gran fuerza física, era el radio actor Silvio Ángel.

Cada una de estas producciones radiales, prepararon nuestra alma para seguir investigando sobre temas trascendentales y para creer aún más en las capacidades mentales para poder avanzar en nuestro sendero, en esta selva de cemento.

Arandú, como personaje, tiene el valor de habernos aportado un sentido de justicia, de valor y de coraje. La selva, según Carl Gustav Jung, representa el inconsciente, o endoconsciente, donde esta domina Arandú, nuestro Ego, o Ser interior.

En esta selva de cemento en la que vivimos diariamente se lleva a cabo una batalla diaria contra nuestros bajos deseos, nuestros bajos instintos, nuestros rastreros sentimientos y egotistas pensamientos; donde nuestra arma más efectiva, definitivamente, es la atención a cada pensamiento, a cada sentimiento y a cada emoción que aflore a nuestro ser.

A Gaspar Ospina tuve la oportunidad de conocerlo a través de la televisión en una serie de teatro, siendo conmovido de nuevo por su madurez actoral y por su profesionalismo; en cuanto a Carlos de la Fuente, pude conversar con él, en una calle de la ciudad de Bogotá. En esa época, él hacía el papel protagónico de la serie de humor Dejémonos de vainas de Daniel Samper Pizano y Bernardo Romero Pereiro. Fue un encuentro casual con uno de aquellos seres que habían logrado cambiar el incipiente pensamiento de muchos jóvenes campesinos y de las ciudades de nuestro país, que ahora pasamos de los cincuenta años, pero que tuvimos la oportunidad de haber recibido enseñanzas muy valiosas de carácter espiritual. Sembraron en nosotros las semillas del buen obrar y del buen pensar. A quienes decidieron hacer estas radionovelas en nuestra radio nacional les debemos agradecimiento eterno. Esas semillas han crecido obteniendo los mejores réditos, pues hemos logrado sacar adelante familias enteras, dándoles educación de calidad, amor y entregarles lo mejor de nuestras vidas. Hemos podido dar los más elevados conocimientos mediante el ejemplo, pues comprendimos, tempranamente, cuáles son los resortes anímicos que mueven al ser humano y los valores más excelsos, aparte de la ética como fundamento de una sociedad saludable.

Sé muy bien que hay vacíos en la sociedad; pero ellos se deben a que la mayoría, no tuvieron la oportunidad, o que sucumbieron ante el poder corruptor del dinero. Como decía Francisco de Quevedo: “Poderoso caballero es don dinero”, pues por él, las personas claudican y ceden ante sus intereses personales, ante el poder de la codicia —enfermedad actual que corrompe los cimientos de muchos países— y que los gobernantes de turno tienen como norma de vida. Casos como esos, los de los caudillos que han tiranizado a los habitantes de las diferentes naciones del mundo.

Los paladines de la justicia han sido quienes han propendido por una sociedad más justa, pero han sucumbido ante las balas de quienes pretenden silenciar toda acción de restauración y de dignidad que debemos tener.

Aquí, y ahora, hacen falta seres más conscientes de su papel en el mundo y de su deber ineludible de aportar un granito de arena, siquiera, para elevar la consciencia colectiva.

Debo reconocer que tiempo después aparecieron en mi vida escritores que propendían por un renacimiento de las enseñanzas de carácter espiritual que me han evitado caer en las profundidades del materialismo rampante y en las garras de la desidia y del desgreño, y del olvido de muchos seres que sufren, a causa de la inexistencia de la acción de la justicia, que cohonesta con el poder económico, militar y político y que arrasa con los derechos de los más pobres,  que no tienen a quién acudir, pues la justicia “es para los de ruana”, que los defiende a capa y espada, en detrimento de quienes no tiene voz ni voto, o no tienen capacidad de comprensión acerca de los resortes que se mueven para poder protegerse, o bien, carecen de capacidades mentales y verbales para expresar cuanto les acontece.

Conocí un caso en una estación URI de la capital de la república, en la que unos asesinos —a quienes oí hablar— iban a incriminar a un habitante de la calle, engañándolo y pagándole una miseria para que aceptara el vil trato.

Quedo en deuda con quienes han elevado nuestra consciencia con cada acto, por pequeño que pareciera: nuestros padres, hermanos, amigos, escritores, escultores, obreros y un sin número de seres que, mediante el ejemplo, una sonrisa, un acto bondadoso, su rectitud, su coraje y su recto obrar, han dejado hullas imborrables en nuestra alma que tanto necesita de esos modelos vivientes, como necesitamos de los arquetipos que nos enseñaron en los cuentos de hadas, y de aquellos grandes hierofantes como Orfeo, Pitágoras, Platón, Moisés, Buda y Gandhi.

La humanidad avanza a pasos lentos, cuando comprenda que debe tener ideales que le permitan enrutar su pensamiento hacia otras esferas más elevadas y sutiles; solo así, podrá salir avante de esta situación tan lamentable, a la que ha arrastrado el poder del oro.

Después de haber visto que se han remasterizado las grabaciones de la serie de radio Kalimán, solo nos queda agradecer a quienes se han tomado este trabajo de recuperación, pues es una obra invaluable para la regeneración de nuestra sociedad. Ese hecho da cuenta de la grandeza con que fue creada la serie, y el esfuerzo que hicieron tendrá sus réditos, sin la menor duda.