Francisco González Lotero. Nacido en 1944, reside en la actualidad en Dosquebradas. Ha escrito numerosas obras poéticas reunidas en ciclos. Algunos de ellas son: Balada de los oficios, Cantata a la raza, Cimarronería, Ciudad subterránea. La mayoría de su obra permanece inédita, pero ha publicado Natura y son (en coedición con Hernando López Yepes) y Cotidianidad (1992). Los presentes poemas son fragmentos tomados de su libro Dos cantatas (2014).
A la raza (primera cantata)
Las videncias (8)
Un volcán de vastas proporciones
agita el continente en su pigmento
de multifacética sonrisa,
quiebra del junco la esperanza
como guardando un ansia,
una visión del desfile
de posteriores lunas
que alumbran otra piel,
foránea, hermana y amarrada,
desconocida, sumisa,
extrañamente gutural, amarga…
piel de un violado continente
sorprendido en el rito y en el exorcismo.
La marcha debate con la carcajada en el oído,
deja su filo copular con el pánico,
y el consciente azabache se adormece;
definitivo el éxodo,
lentamente desciende
el vértigo a la historia
como en un maremoto,
el esperma danza concepciones
de mitos no olvidados
inocentes orgasmos que en su magia
cubren de piel el sueño…
Ronca un mar de ansiedades,
y grita, sueña, huye,
o arremete sobre su entusiasmo…
Y nuevamente el vértigo
blande la cruz,
y muere el ímpetu!
La desnudez mordida (20)
El insaciable afán de voraces mandíbulas
cayó como relámpago,
quemó tanto más hondo
que antorchas aplicadas a la herida.
Decapitó canciones, estatuas, pergaminos,
bohío, sementera…
… Y como ya no fue posible detenerlas,
se alzó una lanza en ristre
preñando confusiones.
En simultánea coz fue la embestida;
así el alma de América, tejida
a la peninsular y a la africana,
trabó sus impresiones
en un lento susurro
de todas las arterias
y músculos y voces,
e íntimas razones, las sonrisas;
la piel de visos mates,
la alegría de sentir en instintivo cauce
la justa permanencia de sus vísceras,
en un brumoso olvido fue arrojada…
Perdida el alma del Anáhuac,
de Guananí, de Arauco;
perdida la africana
entre monstruosidades de alma blanca,
bajo la violación en los orígenes
de nacionalidad e idiosincrasia…
Así todo recuerdo fue imposible,
como el reconocerse,
como balbucir las genuinas palabras
para cantar en lápidas o templos…
como reír precolombinas risas,
o como arar sin dueño y sin cadenas!
La esperanza (11)
En la cópula del miedo
revientan las pasiones,
y brillan en su noche
los antiguos ecos,
tal vez los ímpetus del escarnio,
tal vez los cantos de enajenación
traídos en asfixia;
eran los cimarrones extraviados
en la doble manigua.
La colisión del vegetal insomne
enarbola tentáculos de antropofagia,
desencadena un roce de inmanencias
entre el tallo talado
y la cerviz vejada;
unen el verde y la mascarilla numerada
sus instintos,
y nace del compás de este letargo
una nueva bengala
que alumbra, truena, dice, evoca, gesticula, piensa,
que no puede olvidar
su esperma remendado;
que si comprende y ama
la doble convergencia en las entrañas,
no puede soportar el hierro en su conciencia.
Dimensiones (25)
El mundo gobernado por el pánico.
Caballos y mastines como leyes
en sus cascos traían la mordedura
de su galope de ladridos,
atravesando entrañas y consciencias
como inyección del doloroso vértigo
que circula por las venas de la tierra.
La figura del hombre fue perdiendo estatura.
Mientras el extranjero cabalgaba
sobre dos almas tatuadas con su espuela,
uncidas a sus riendas, en jumento cambiada
la estatura del humano,
en objeto del látigo que ora y asesina,
la figura del hombre disminuye la esencia,
la trueca por un trozo de metal codiciado;
en éste pierde el brillo
de su historia pasada.
Sus botas elevaron sobre las costillas invadidas
y sobre las costillas traficadas,
en este continente de oro y ambiciones
instituciones bárbaras que niegan
las almas y razón de los vencidos.
Espuma de los siglos (32)
Entre la catarata de espuma de los siglos,
la carne uncida al hierro
abrió las corolas de los galeotes
extirpados de su patria,
pintó el éxodo sobre sus espaldas,
y empozado en las almas
como jungla de espinas,
se expatrió en otras patrias,
y entró como la hermana
que sube a la memoria,
en la cobriza gama de lenguas del planeta;
otras esperanza vencida por la cruz y el caballo,
pero triunfal en su fusión
con otras multitudes…
… La pupila de los hondos nocturnos,
del océano extrajo la cascada de vértigos
en sus imágenes íntimas, trazadas
por el violento ritmo del tambor del verdugo,
nuevas selvas pobló, de sus ríos amigo…
Del contacto con la sal de los mares,
extrajo nuevos sueños por ahuyentar la pesadilla
bajo distintos vientos
que mezclasen las palabras
afuera del vientre fétido
del barco de mazmorras.
El paisaje donde el Caribe canta
sus horóscopos en liras paleolíticas,
donde se plasma su pigmento
en las rutas de ingeniería
en las pirámides de los antiquísimos Estados,
otra vez dio fuerza al músculo,
dio a la lengua otra lógica
para entender que la planta copulaba
con el sol del trópico.
Descubrió nuevos raciocinios en el paisaje,
entonando los himnos de la tierra,
de tal fuerza en el ritmo…
¡Sí! De tan seductora melodía,
capaz de romper el crisol de las cadenas…
Los años daban tregua, y la montaña
abría sus vertientes preñadas con sus voces,
abrió ríos de caudal robusto,
flora como gama
de todas las posibles medicinas…
Abrió el regazo de adoptiva madre,
al primer cimarrón.


