Claudio Willer nació en Sao Paulo, Brasil, en 1940. Poeta, ensayista y traductor. Algunos libros publicados: Anotações para um Apocalipse, 1964; Dias Circulares, 1976; Jardins da Provocação, 1981; Volta, 1996; Estranhas Experiências, 2004; Poemas para leer en voz alta, 2008. Traductor al portugués del Conde de Lautréamont, Antonin Artaud y Allen Ginsberg, entre otros. Como crítico y ensayista, ha colaborado en suplementos y publicaciones culturales tales como: Jornal da Tarde, Jornal do Brasil, revista Isto É, jornal Leia, Folha de São Paulo, etc. En varias ocasiones ha sido presidente de la Unión Brasilera de Escritores. Además, es co-editor de la revista electrónica Agulha.

http://varejosortido.blogspot.com/

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Poemas para leer en voz alta

 

Ninguna agitación podría perturbar la íntima familiaridad de nuestras horas oscuras

Joyce Mansour

 

1

eros

viajantes inertes
inmersos en el silencio de esas horas
cuando el tiempo no es más tiempo
sino lasitud
y nuestros cuerpos jadeantes construcciones
envueltas en desnudez
atestiguado apenas por los objetos de la casa, cuadros en la pared, los pesados muebles, los libros y sus lomos, macetas, espejos y además la negra silueta de los edificios recortados contra la ventana
rostro ciego de la ciudad ahora adormecida al observarnos fijamente
yo brujo, tú sibila
¿qué dioses adoramos?
parados en la pausa entre sobresaltos
¿qué alquimia inventamos?
el peso que nos paraliza y adormece
no es cansancio
sino otra cosa
sensación de lo profundo
el oscuro sentir
del mundo que respira
por los poros de la oscuridad
y nosotros, maniatados por el placer, apenas conscientes
de la presencia de los objetos de la casa, muebles, macetas, libros, almohadones esparcidos por el piso, nuestras ropas tiradas al azar, más el negro recorte de los edificios por detrás de la ventana,
perfil del paisaje urbano, testigo impasible
apenas sabemos quiénes somos
apenas recordamos nuestros nombres
nos quedan el reposo y una intuición
despierta para el tibio mundo de nuestros cuerpos
nunca, nunca había sentido eso antes así

2

cuando el calor de la noche de verano
y la lluvia de la noche de verano
se encuentran
y son la misma corriente de vida que se escurre por nuestras arterias
entonces
nos reconocemos por las caricias
un arco iris puede sentarse en la cabecera de la cama
una nube puede servir de cobija
un paisaje de sol naciente
en una playa marcada por tiendas de campaña
se refleja el lago luminoso de tu vientre
la montaña con su ladera cubierta de matorrales
en donde cierta vez nos perdimos entre nacientes de ríos
proyectan su sombra en tus muslos
planicies batidas por el viento alisio
que atraviesa el continente, el universo
es nuestra imaginación febril

3

la colcha era verde
y la lámpara azulada
acostumbraban a oír músicas lentas y suaves
creían que el estante repleto de libros tenía un aire solemne
y les gustaba eso
cualquier cosa
que sugiriera un ambiente sobrenatural
eran rápidos, muy rápidos en sus juegos intelectuales
se servían en copas desbordantes, burbujeantes
y todo era practicado con una cierta indiferencia
con la naturalidad de hace tanto tiempo
que nos hemos habituado a estar juntos, a quedar desnudos, a besarnos en la boca
y acostarnos sobre la colcha verde del sofá, a la luz azul de la lámpara
al lado del estante de libros que componían un clima de ritual
sugestión de cosa esotérica
ciertamente se miraban
y quedaban de volver a encontrarse otro día
(las noches pasaban de prisa)

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Llego más cerca

atravieso un filtro de marejadas
recojo de las olas la simetría de este poema
nubes se deshacen en un combate final de colores
mientras el mar
(un río más indomable)
respira pesadamente
pasando a frente a mí
con la lentitud solemne de las procesiones de barqueros religiosos
extendiendo su cobija de noches
sofocando las hogueras de lo hondo
prendidas en los claros en donde los ahogados intentan calentar las manos
la presencia humana es murmullo y soledad
quedan apenas estos dos navíos cargueros
sombras recortadas contra la lejanía
dos barcos   –   dos puntos
voces solitarias insignificantes y nulas
zambulléndose en el vacío grisáceo
y este velero
mancha agitada sobre un mapa de negaciones
se desliza rápido hacia la oscuridad
lo humano retrocede de una sola vez
ahora todo es distancia y vacío
se disuelven las palabras y el paisaje
queda apenas el otro
todo lo que no somos
todo lo que nos es extraño
como un texto
hueco de la memoria viva
trama oscura de encuentros amorosos
lo negativo de ese mundo nuestro de coordenadas terrestres
con su sordo murmullo de infinitas fuentes

 

 

Poética

 

1

entonces es eso
cuando creemos que vivimos extrañas experiencias
la vida como una película
o chispas que saltan de un núcleo
no propiamente la experiencia amorosa
sino aquello que la precede
y que es aire
concreción cargada de todo:
la ciudad refluye hacia su hora nocturna y todos van para casa o buscan encuentros improbables y absurdos, rumor de la multitud que circula por el centro y por los barrios, mientras las tiendas cerradas aún están iluminadas, los locos predican en las esquinas, la humedad de la lluvia que aún no pasó, incluso el recuerdo de la noche anterior en el cuarto revolviéndonos en caricias y también nuestro encuentro en la tibia oscuridad de un bar –hora confesional, exponiendo las sucesivas capas de las cosas que pasan– donde la proximidad de los cuerpos confunde todo, palabra y beso, gesto y caricia
todo graBado en el aire
y no lo hacemos por voluntad propia
más bien por atavismo