Aleksandr Sergéyevich Pushkin fue un poeta y novelista ruso (Moscú, 1799; San Petersburgo, 1837). Es considerado el padre de la literatura rusa moderna, y sus obras, escritas en ruso, influyeron en importantes escritores posteriores como Tolstói, Gógol o Dostoievski, además de en diversos compositores como Tchaikovski o Músorgski. Fue influido por la lengua y la literatura francesa. En 1833 fue nombrado miembro de la Academia Rusa. A pesar de su cada vez mayor prestigio, se vio toda su vida acechado por las deudas, hasta que fundó la revista El Contemporáneo, que llegó a ser la publicación más influyente de las letras rusas. Finalmente murió de las heridas recibidas en un duelo instigado por sus enemigos. Entre su obra poética se encuentra: El prisionero del Cáucaso” (1822), Los hermanos bandoleros” (1822),   (1824), “Noches egipcias” (1835); entre otros.

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Recuerdo

Cuando cesa el estrépito del día en torno al hombre,
y a las mudas calles del pueblo,
clarísima, desciende la sombra de la noche;
cuando el sueño premia el trabajo;
entonces vivo horas amargas de vigilia
que se consumen en silencio.

En la nocturna paz, en mi interior se agita
íntima sierpe de la culpa;
y los sueños rebullen; y a la mente abatida
por la pena viene el dolor.

Ante mí, lentamente, la callada memoria
despliega su largo pergamino;
y al leer en él con asco aquello que yo he sido,
maldigo todo y me estremezco
y amargamente lloro y amargamente gimo,
mas no borro las tristes líneas.

Como fui en otro tiempo, así soy ahora…

Tel j’étais autrefois et el je suis encore
André Chenier

Como fui en otro tiempo, así soy ahora,
descuidado, amoroso. Bien sabéis, mis amigos,
si puedo una belleza mirar sin conmoverme,
sin tímida ternura, sin emoción secreta.
¿Jugó poco el amor, acaso, en mi existencia?
¿Bastante no luché cual joven gerifalte
en la red traicionera tendida por la Cipria?*
Pero aún no escarmentado por centenas de ofensas,
ante otros nuevos ídolos elevo mis plegarias…

*Afrodita

Versión de Eduardo Alonso Duengo

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Yo la amé…

Yo la amé,
y ese amor tal vez,
está en mi alma todavía, quema mi pecho.
Pero confundirla más, no quiero.
Que no le traiga pena este amor mío.
Yo la amé. Sin esperanza, con locura.
Sin voz, por los celos consumido;
la amé, sin engaño, con ternura,
tanto, que ojalá lo quiera Dios,
y que otro, amor le tenga como el mío.

1829

Versión de Rubén Flórez Arcila

Fue en su patria, bajo aquel cielo azul…

Fue en su patria, bajo aquel cielo azul
ella, la marchita rosa…
Al fin murió, un hálito eras tú,
sombra adolescente que nadie toca;
pero una línea hay entre nosotros, es un abismo.
Intenté, en vano, avivar mi sentimiento:
la muerte dijeron los labios con oscuro cinismo,
y yo la atendí indiferente.
A quién amé entonces con alma fervorosa,
a quién le di mi amor en vilo,
con tanta infinita, amante tristeza,
con callado martirio, con delirio.
¿Qué fue del amor y la pena? Ay en el alma mía
para la ingenua, la pobre sombra,
para el feliz recuerdo de los perdidos días,
no tengo lágrimas, ni música que la nombra.

1826

Versión de Rubén Flórez Arcila