(Pereira, Colombia, 1985). Poeta, fotógrafo, gestor cultural. Ha publicado los libros Nubes de un cielo que no cambia (2009), Parque mental (2013). Poemas suyos aparecen en varias antologías y revistas de poesía en Colombia y Latinoamérica. Colaborador de la revista de poesía Ulrika; poeta invitado en la 26°edición del FIPB. Actualmente coordina una colección de poesía para la editorial Babilonia, entre otros proyectos editoriales, y es coordinador de la programación cultural del Museo de Arte de Pereira.
La poesía de Dufay es una poesía que avanza a veces a tientas, a veces a galope tendido, buscando los metros apropiados para cada momento de la enunciación. Una poesía que, a primera vista, parece proceder por antítesis. Antítesis de influencias culturales, lo clásico y medieval versus lo que podríamos llamar lo cibernético: conviven Prometeo, Sócrates, Dante, el Bosco y Villon, con Mario Bros., los X-men, Internet; antítesis de amor y odio, de literatura y vida.
Jan de Jager
Ya las llamas abrazan los troncos
Al mirarte de lejos
puedo verte varias tardes.
Tomo distancia de todos los temas.
Ya las llamas abrazan los troncos,
la delicada caída acontece a ritmo de sol.
Entre tu cuerpo que se derrumba y el suelo
la intensa luz se fuga para mostrar las momias de la sombra.
Imagina caminar un continente
de seres que se incendian.
Ya no es tiempo de subir el vidrio de la vida,
le he roto,
en el lujo de omitir la historia de las generaciones:
vértigo del vacío en el derrumbe.
Ya las llamas abrazan los troncos,
nace de esta ternura el ánimo destructivo, arden
mientras se derrumban en la pasividad de su resistencia.
Desde la lejanía,
la amplitud del pesimismo
calcina las formas
de la montaña de ceniza nace un optimismo radical.
Carta a la Victoria No. 3
Bogotá-Viena, Sá, Jul 14, 2007 11:11 PM
Quizá ibas en tren
a encontrarte
con el aire que parió
otra cara de la ensoñación.
Un gusano clonado
muerde paisajes
y las cien aguas
te reciben formando un mar
que antes fue de papel.
Respira el aire
color arco iris
que pintaron algunos generales.
Háblame en alemán
hasta que quede gringo.
Quizá ibas en tren
y las oraciones del año de Buda
se dejaban leer por el viento
que es un políglota.
Piensa que en cada esquina
se pudo dar el beso.
Retratos hablados del Bosco
Se encendieron las lámparas que completan la oscuridad.
Pasan ordenados y felices hacia la entrada del agujero negro.
La silueta ciega reza la oración de las pieles verdes
que no cantan ni se vuelven aire en los ríos oxidados.
El pájaro enmudecido del tiempo engulle la particularidad,
deja sobre las hojas de zinc, cuerpos de humanos programados
que se sostienen con la luz emanada de soles negros.
Reposan en los museos y en las ollas los primeros
retratos hablados, afuera suceden cosas.
No quiero tener los dientes de la pantalla,
la legión tiene colmillos,
es invisible.
Han aparecido en el tiempo rostros pintados,
se recogen las flores de estas voces que volvieron a la
tierra: están en el aire,
las puedo divisar, armar con esa luz extravagante,
una explosión:
los pocillos se esconden en los rincones
con su asiento de azúcar,
las personas tienen miedo de los hombres
que no tienen casa:
goteras sin cántaro,
sin espera.
Prometeo
Ofrece el fuego.
– Tengo encendedor
llama cuando quiera
llama todo el día
llama mientras sueña
llama cuando duerme
llama cuando despierta
llama gratis
llámame
tomo sol
márcame.
De la blanca dama
Hay quienes llegan a la noche
guiados por un vacío que la luz no alcanza.
Rebaños organizados por la música,
lobos que caen en trampas de sonido.
Otros se desvelan
soñando
hacer
el amor a los súcubos contra las puertas:
el fuego está adentro o en otra cara.
¿Qué canto recorrerá por dentro
a los amantes del polvo, a las sombras
de los cabellos peinados a golpes de viento?
Las manos de la noche (que son frías)
tocan, te manejan con hilos invisibles…
Y si ves un fantasma con cara de luna
no temas
ni te atormentes con la duda
es ella la poesía.
A Johanna Giraldo
A mi madre
no soy un borracho tan perdido
que vaya a morir sin verte
Sergei Esenin
I.
Nuestra distancia
me ha hecho viajar en parábola
por el espectro humano
el pensamiento
y las palabras.
La ciudad natal está lejos
lejos están tus jardines
creciendo dispersos
como la sensibilidad
como tus sueños.
Madre
no sufras tu invidencia
tú bajas
subes, te atiendes
y cantas.
Afuera, este mundo de ciegos no avanza.
Espérame
he ganado certezas, espacios
(vida espérame, muerte espérame, amor, tenme paciencia).
Cuando nos volvamos a ver
un conjuro de aromas vitales
y días y días de riesgos y versos
en un ramillete de imágenes habladas
te cantaré.
II.
Madre
desde los primeros pinos líricos
siempre temiste mi muerte temprana:
que la nada y la oquedad me mataran.
¡Hoy comprendo tus temores!
Está el talento a medio camino de la voz
devolverse es más arduo que seguir.
No hay maestros, decoro, ni laurel. No hay salida:
en fuga se ha convertido la herida.
No obstante
la fuerza y el ingenio heredados
están de mi parte.
Para nosotros
los de esta pobre vida
los que no morimos
por no tener ni dónde caer vivos
forjaré con palabras
un imperio en el aire.


