Juan Diego Torres es un joven procedente de La Virginia, Risaralda. Estudiante de psicología de la Universidad Cooperativa de Colombia y escritor por curiosidad desde los diez años. Su manera de escribir reflexiona sobre la existencia, el materialismo filosófico de la cotidianidad y lo simbólico desde un matiz cosmogónico. Siempre ha guardado sus escritos para sí mismo, pero en el último año decidió hacerlos públicos.
[01-00]
Acomodado en la nada como un gato en medio de la noche
Espero, meditabundo a que algo llegue, pero no sé qué
Mis dedos están fríos
Mis orejas están frías
Mi nariz está fría
El corazón late, pero ante la existencia vibra
Ya no veo átomos, solo ondas que se esparcen
Aquí, allá, en todas partes
La alarma interrumpe mi velada con el silencio
Me levanto y veo la pared
Las figuras de las cosas en mi cuarto empiezan a tomar forma, una de ellas mueve su cola y se sube encima de mí, ronronea
Vuelvo a dormir, siento un amor increíble a la existencia, luego la repudio
Mis pensamientos chocan, pero el tiempo pasa, el tiempo pesa
Me agobia, me saca de la nada y me arroja a la existencia con desprecio.
[02-00]
Seremos astronautas de la nada, y un niño príncipe nos verá con su telescopio desde el Kremlim de Moscú, su padre en el día promulga la verdad en plazas inmensas, llenas de ‘’sujetos’’
La verdad es ridícula y la falsedad malvada, los matices materialistas nos arrojan a un mar de dudas, pesado y denso como el mar muerto.
El sol es el tiempo, arriba de todo e inamovible, por eso todo avance científico busca alejarse de él (del sol y del tiempo) pero no lo suficiente como para perderlo
El sol brilla en la superficie de ese mar
Las auroras en las montañas, la consciencia
Pero el amor y la razón nos naufraga entre la guerra
La guerra como las llamas, al final, la historia se lee desde sus vencedores y vencidos
El niño no nos ve más, nos hemos alejado, la tierra solo busca militantes sin reproche
Y nosotros somos más que eso.
[03-00]
El tiempo no permite quietud
Solo un entumecimiento visceral
Palpo la nada y la nada me mira, mis yemas dactilares se congelan
Hay doce ojos en el reloj, uno en el medio y mira los otros, yo los miro a ellos y el agobio me turba
Ya son las 11:02 y la penumbra empieza a filtrarse entre las ventanas
Ahora mi cuarto es mi caverna
mi mente es mi caverna
mi existencia es mi caverna
y pinto jeroglíficos para cuando ya no esté aquí
Otros correrán por estas cavernas y Platón los mirará desde lejos
hay que escoger; vivir o contar.
[04-00]
Últimamente el Valle Cósmico solo era un bulevar
Como Siddharta Gautama espera el camino del lama
En los adentros deidades al humano aclaman
porque de sus errores aprendió, y ellos dizque omnipotentes
Existir para nutrirse de luciérnagas entre paisajes despoblados
Pero al final las estrellas conspiraron y fecundaron al musgo y al pantano
Seres de átomos, astros y magia emergieron de entre el lodo soñando algún día ir de vacaciones a Kepler 62e.
[05-00]
El misticismo del existir entre partículas atómicas
Cada que pienso en astrofísica me agobio
Todo es obscuro y el lenguaje se deforma
Electromagnetismo, termodinámica, moléculas y un ojo que “todo” lo ve: Hubble
Gravedades inconclusas
Tonos grises que se nos pintan de colores
Cuando todo es fotón o no
Todo es aire o no
respirar o no
mirar o no
vida o no
¿Todo es percepción o no?
[06-00]
La luz se esparce sin orden
Nos movemos como polillas a ese ritmo
La obscuridad nos abruma
Croamos como las ranas en la noche solo para escucharnos
La luna pide vivir
Solo vemos su reflejo en el agua
Dizque existencia
Solo materia cíclica
Que deambula por pasillos estrechos donde no se halla
Átomos conscientes
Dizque ‘’humanos’’
o ¿solo carne sintiente, que luego se arrepiente de sentir?
[07-00]
El silencio del humano agobia a los dioses, las deidades fallecen al final del día y emergen de nuevo en cada ocaso
La luz llega, el águila cae sobre las montañas y planea entre sus cumbres
Los árboles arman sus tallos, las hojas marcan el camino y las raíces se esparcen sobre la tierra fértil, las ranas croan y el río fluye, en su reflejo nocturno adormece la luna. El indio espera en la orilla y el blanco se caga en sus fauces.
¿Que hay más allá del afluente?
[08-00]
El tiempo se desliza entre los dedos la extensión del alma en las manos enfría con su majestuosidad cuando la inspiración aparece
Por ello muchas veces en las expresiones artísticas sobre Dios: Dios es manos en un jardín pálido y grisáceo de nada
¿Acaso cada uno es demiurgo de lo existente?
Las meditaciones agobian o amansan la mente, luego la dejan en profunda tranquilidad, como una letrina de reflexiones, resurgen ideas como escapes de la agónica existencia que quedan después de remitirse a los adentros


