Los diferentes colectivos feministas, la comunidad indígena Emberá Chamí, así como la misma ciudadanía se reunió con el mismo propósito: exigir justicia y rechazar la violación de una menor de edad.

 

Texto / Margarita Rosa Rojas Torres – Fotografías / Santiago Ramírez

La historia comienza en Pueblo Rico, un domingo en la tarde. Una menor de 13 años desaparece y varias horas después la encuentran en un potrero, asustada, con la noticia de que fue abusada sexualmente por parte de siete miembros del Ejército.

El dolor y la preocupación de una familia Emberá comienza, la indignación crece, al igual que la impotencia por enfrentarse a la realidad que atraviesan miles niñas, adolescentes y mujeres es palpable. Las personas reaccionan, los insultos emergen y las acciones de las instituciones legales y el gobierno no dan la talla en esta situación.

“Si nos toca estrenar con ellos la cadena perpetua, lo haremos”, ha sido una de las frases del presidente Iván Duque más trinadas en los últimos días, a propósito de la aprobación en el Congreso de la cadena perpetua para asesinos y violadores de niños hace unas cuantas semanas. Sin embargo, ni aquella intervención, ni el rumbo jurídico del caso han sido aprobados por una de las piezas fundamentales del Estado: las mujeres colombianas.

En el país la violencia contra las niñas y mujeres colombianas crece, como un enemigo que acecha y destruye.  Según la Corporación Sisma Mujer, durante el año 2019, cada 24 minutos, al menos una mujer fue agredida sexualmente y sobre este grupo, las niñas y las adolescentes fueron el 86% del total de mujeres agredidas. Las niñas que tienen entre 10 y 14 años son las más afectadas, seguidas por las que tienen entre 5 y 9 años.

Además, la misma corporación muestra una tendencia histórica desde 2008 a 2018, en la cual los miembros de las fuerzas armadas, de policía, policía judicial y servicios de inteligencia –como grupo diferenciado– fueron los mayores presuntos responsables de la violencia sexual en el contexto de la violencia sociopolítica durante este periodo, con el 33,9% de los casos contra las mujeres (482). Dentro de esta categoría, la Policía fue el agresor con el mayor número de hechos (59,34%, con 286 casos), seguido por las Fuerzas militares (32,37%, con 156 casos).

Colombia ha reaccionado frente al sufrimiento que las mujeres hemos acarreado durante mucho tiempo. Especialmente en Pereira, Risaralda, donde se realizó un plantón al frente del Batallón de Artillería N°8 San Mateo en la Av. 30 de agosto, institución a la cual pertenecían estos llamados ‘héroes de la patria’.

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Los diferentes colectivos feministas, la comunidad indígena Emberá Chamí, así como la misma ciudadanía se reunió con el mismo propósito: exigir justicia y rechazar este aberrante hecho. En medio de arengas, puños violetas en alto y carteles señalando los crímenes cometidos por dichos hombres, además de la sensación de que se puede combatir el sistema patriarcal, todos los presentes, a través de una protesta pacífica, reclamaron no solo por este, sino los otros casos donde el Ejército ha sido un traidor de la nación.

A pesar de la presencia de la policía, las miradas en fila de los soldados del batallón y algunos vehículos que transitaban, no se silenció en ningún momento el grito por la defensa de la vida de las mujeres; por el respeto de los pueblos ancestrales.

El plantón se convirtió en el espacio para expresar otras situaciones: la violación de los territorios indígenas, la inseguridad que día a día viven las mujeres, así como la preocupación por parte de las diferentes organizaciones feministas por el rumbo que las entidades de control les otorgan a las diversas formas de vulnerar la integridad de la mujer.

Hoy más que nunca el movimiento de mujeres de Pereira y Risaralda se unió para defender la vida, dignidad e integridad de todas las niñas y mujeres. Así mismo, para respaldar la lucha indígena y el respeto de sus derechos.

La violencia contra la mujer no da espera, continúa en ascenso y de las formas más crueles posibles. Se espera un alto por parte de la justicia y el gobierno, así como la conciencia de una sociedad, para que no seamos las culpables de los crímenes que se cometen contra nosotras; que la cuarentena no nos cueste la vida y podamos vivir finalmente sin miedo.

Por todas y por cada una.

#NiUnaMenos #JusticiaParaLaNiñaEmbera