¿Cuántas veces hemos querido detener el tiempo? ¿Cuántos momentos se nos han escurrido como agua entre las manos? Solo sabemos que nuestro camino, atrapados en el tiempo desde que nacemos hasta que morimos, figurará como aquello que fuimos, somos o seremos. Primer artículo de esta serie sobre divulgación filosófica.

 

Por: Sebastián Castañeda Palacios

Solo fui consciente de ello cuando me encontré frente a las ruinas del lugar material de los mejores recuerdos de mi vida (de aquel de las risas de adolescencia) y la destrucción conjugada con desolación se reflejaba en el rostro de mi viejo; ese con muchas más arrugas y canas de las que mi torpe memoria recordaba de aquella inolvidable tarde jugando fútbol en el patio de la casa; solo en ese preciso momento fui consciente, decía, de mi primera consideración importante en la vida: somos tiempo.

Me explico, solo el tiempo nos permite lograr comprender lo que somos: vivimos atrapados dentro del tiempo y nuestro divagar a través de él configura aquello a lo que nos referimos como “esto es lo que soy”.

Pero de ninguna manera me estoy refiriendo al tiempo como aquella cosa superficial representada en lo que llamamos reloj. Valga aquí resaltar que el reloj es solo un invento (un arte-facto) creado para servir al humano con el fin de hacer concordar a una o varias personas en un mismo momento en una determinada actividad. Pero no hay nada más allá de esa función, que resulta muy útil, sin duda. Podríamos retroceder todos los relojes del mundo, incluso destruirlos, y aun así el tiempo nos seguirá devorando, empujando hacia la destrucción de todo lo que conocemos, incluso (y con mayor énfasis) a la destrucción de nosotros mismos.

¿Cuántas veces hemos querido detener el tiempo? ¿Cuántos momentos se nos han escurrido como agua entre las manos? Solo sabemos que nuestro camino, atrapados en el tiempo desde que nacemos hasta que morimos, figurará como aquello que fuimos, somos o seremos.

Pero a todas estas, y más allá del vértigo que nos pueda causar figurarnos la inmensa afectación y el asesinato infernal que nos deja, ¿podemos decir qué cosa es el tiempo? ¿Es acaso una unidad de medida? Pero si es así, ¿qué cosa mide?, ¿la existencia? Y si el tiempo es una unidad de medida, entonces, ¿cómo explicar que haya unidades de medida para una unidad de medida?

Sí, la inferencia que haces, lector, es correcta: el tiempo no es una unidad de medición, sino algo que tratamos de medir. Pero así nos encontramos de nuevo frente a la gran incógnita ¿qué cosa es el tiempo? ¿llevamos el tiempo dentro de nosotros o es algo que se encuentra en el exterior? Pregúntenle a Kant.

Bien conocida en el mundo de los filósofos es la frase de San Agustín sobre este tema: ¿Qué es, pues, el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé; pero si quiero explicárselo al que me lo pregunta, no lo sé. Y en realidad tal afirmación no está tan lejana de lo que nos sucede a cada uno de nosotros frente a esta cuestión. Todos vivimos con una comprensión innata de lo que es el tiempo, nos movemos cotidianamente ordenando nuestra existencia en torno a él, en la medida en que brinda o agota nuestras posibilidades.

¿Qué es el tiempo? Sin duda nos resulta bastante extraña tal pregunta, y ante ella quedamos mudos o gagos, en el mejor de los casos. Pero, cuando en momentos de desesperación o de exceso de estrés, ese tiempo cotidiano se nos presenta como escaso, o caemos en la cuenta de lo limitado que es nuestro tiempo, y sobreviene la pregunta por el sentido de lo que hacemos, de lo que somos, nos cuestionamos cómo estamos gastando nuestro poco tiempo.

Cuando todo marcha bien, pocas veces nos detenemos a preguntarnos por todo esto; es necesario que algo falle, que la vida se desconfigure, que la angustia sobrevenga para iniciar a pensar la vida (razón tenía Heidegger cuando dijo eso).

Es aquí donde la pregunta que nos deja sin palabras debe cambiar un poco: ¿qué sentido tiene el tiempo para nosotros?, ¿qué sentido le damos a nuestro tiempo? Claramente, la pregunta por el sentido que le damos a nuestro tiempo es fundamental en nuestra existencia, estructura un modo de enfrentarnos a la tediosa cotidianidad.

Ahora, precisamente por tal motivo, no debemos salir ilesos después de preguntarnos por el sentido de nuestro tiempo. Si soy tiempo, entonces aquel tiempo que doy de mí a algo, y su correspondiente importancia dentro de mi vida, define lo que soy. Es decir, mi existencia es definida, o tiene un sentido, por aquello a lo que le doy mi tiempo. En ese mismo camino, las vivencias, los recuerdos concretos y su correspondiente sensación o sentimiento, son absolutamente constitutivas de aquello que somos: no es posible construir una forma de vivir, un esto es lo que soy, al margen del recuerdo.

Pero cuidado, tampoco nuestra vida se agota en el recuerdo: nuestro existir se constituye por pasado, presente y futuro. ¿Qué significa esto? Ya dije antes que los recuerdos nos constituyen, pero también somos el presente (entendiendo este como un fluir constante, pero también como un pasado corto) e inevitablemente es el presente el que nos posibilita el desarrollo de la vida: siempre vivimos en presente, atrapados entre la nostalgia de lo que fuimos y la preocupación de lo que seremos. De hecho, si lo miramos detenidamente, el pasado ya no es y el futuro aún no es: solo nos queda el presente.

No obstante, no nos dejemos engañar por una extrema exaltación del presente: somos tiempo y eso implica que orientamos nuestra existencia desde lo que fuimos hacia lo que seremos. Dicen que el humano es un animal racional; la razón es un dispositivo que funciona con base en la temporalidad: el humano es un animal de temporalidad. Y la manera en que dotamos de sentido a nuestro tiempo, influye directamente en nuestra sensación personal de bienestar.

El hecho de que somos aquello que hemos dotado de sentido y significado con nuestro tiempo, y que sólo preguntándonos por el sentido de nuestro tiempo, podemos decir esto es lo que soy, vale para que te hagas esta pregunta antes de olvidar esta página, lector, ¿el sentido que le das a tu tiempo te satisface? ¿Quién eres?

@opina.sebas