Aquí todo se cuenta en números enteros. Salvo el dinero y los muertos, que también se entierran por partes según las cuotas. Entonces se aplican los decimales.
Por: ELBERT COES
… 5, 4, 3,me gusta cuando la pelirroja se sube el sostén. Más cuando se inclina para mimar a su hijo en la cuna. Me inhibe su escote cañón, sus senos pendientes que abren el sombrío desfiladero hacia un abismo fatal.
Toda fila es eterna. Son como las ganas, vertiginosas. Dos ancianos en la cola; ¿qué se puede perder? Han vivido mucho y ya pueden irse a descansar en paz. Cuatro niños llorones; mejor morir de una vez porque así no llegan a descubrir lo cruel que es la vida. Los bebés pasan desapercibidos; no cuentan los que van en el vientre, todavía son fetos y se pueden ir por el retrete. Los jóvenes son blanco fácil por su ambición, pueden soportar el dolor por más tiempo. Aquí entro yo, seguro moriré haciéndome el valiente. Que todos esperen, no hay afán.
Este lugar es como el escote de esa pelirroja, angustioso como sus tetas. Uno podría quedarse aquí para siempre sin darse cuenta de la traga maluca que tiene. Me gusta cuando ella se sube el sostén porque ambos senos saltan condicionados por un resorte. Uno debería ser amamantado toda la vida.
—Señor, avance —me dice una mujer vestida de blanco.
Para ella soy otro maldito enfermo.
Por supuesto la moda aquí es pasearse con una bolsa de suero enganchada a través de un cable en el túnel carpiano, sonreír de pasarela, sentirse una Victoria Secreet o por lo menos una Soho. Modelar. Estrato seis es ir en bata con medio culo pela’o, pero el nivel superior no es la silla de ruedas sino la camilla en el pasillo en caso de un soponcio o porque así lo decidió el panel —que es quien decide— a favor de quien entró gritando porque uno de sus riñones estaba a punto de estallar como un molotov. Prefiero que la recepcionista me mire como si yo fuera un depravado, quizá eso le guste y logre su número telefónico para una cita… Sexual. Necesito ser amamantado. Todo esto es la parodia real de una ficción.
4 5 6 7 8 9 10, 11, 12 es mi número de cédula. Llevo tres horas en la fila; me senté a pensarte una, leí media, e intenté olvidarme del mundo otra. La primera mujer que vi fue la muchacha bonita con cola de caballo; esbelta, suave, retraída, instalada en la silla sin respaldo del último lugar de la poblada sala de espera. Sus ojos negros ojerosos no pueden esconder el malestar, la batalla febril que se está librando en su linfa. El primero de la fila en la que soy el último quedará de último en la sala de espera y detrás de la ojerosa muchacha con cola de caballo. Si supieran cuánto duele esta tonta herida me darían el primer lugar, y un papel protagónico en boliwud. 2, 3 y hasta 4 pasos doy hacia adelante. Aquí todo se cuenta en números enteros. Salvo el dinero y los muertos, que también se entierran por partes según las cuotas. Entonces se aplican los decimales.
Llevo 3 horas esperando y hace apenas 15 minutos que llegó el médico. Rubia ojiverde. Buen trasero. Tetas maduras. 100 por ciento silicona. Recién llegada dijo: documento de identidad a la mano para agilizar por favor.
Afuera un niño llorón con cabestrillo casero me entretiene un lapso de tiempo.
—Sigue usted, señor —me dice la médico 40 minutos después parada en el rectángulo de su cuartico.
—¿Número de cédula?
Tetas maduras curvas ojos grandes cola de mujer tersa silicona…
—¿Número de cédula?
Lo siento, las caderas distraen.
—4 5 6 7 8 9 10, 11, 12. No estoy en el sistema, No tengo sisben Ni plata. Soy solo un número para la gente de silicona.
Tomo asiento sin que ella me invite.
—Dígame porqué vino.
—Mi perro me mordió el meñique, me odia por ser estrato cero. Mi perro no trabaja, no paga renta ni servicios; encima me muerde.
Si este lugar fuera un club, la mona sería un peón y los rostros famélicos, espejos del hombre miserable. Deberían atenderme a mí primero; soy mejor que toda esta gentucha, estoy aquí igual que ellos por un simple número. Señorita, mire mi sonrisa y mi porte, véame, soy distinto, interesante. Póngame una de esas agujetas con suero y deme un beso. Muéstreme una teta. Dígame que le gusto. No tengo dinero pero soy bueno con los números y el sexo.
TURNO 96.La mona de ojos grandes me envió a otra fila afuera de su cuartico; facturación. Ésta es más larga que la anterior. Turno 97. Van a cobrarme un platal por perder mi meñique. Me pregunto si existe otro lugar en el mundo a donde uno tenga que pagar por salir herido sin que se trate de un realiti chou. Turno 98. Afuera el niño lloriquea la fractura de su cúbito. Su uniforme ficticio del Barcelona f.c luce impecable, como nuevo. Turno 99… … … Si no jugó al menos medio tiempo, no sudó la de Messi, y si no sudó la de Messi, se habría quebrado el brazo por nada. Turno 01. Mi ficha es el 63 y no lloro un velorio ni necesito cabestrillo casero para mi dedo.
—¿Señor, usted qué e p s tiene? —pregunta el hombre de facturación.
Amigo, yo sólo soy un número.
—No tengo e p s.
—En el sistema me aparece que usted es particular.
—Tengo una carta temporal para casos de urgencia.
—¿Me la muestra por favor?
La rubia de silicona reaparece en la sala cuando entrego el documento al facturador. La madre del niño fracturado la asalta empujada por los coleros hartos de oír el lloriqueo. El facturador me devuelve la carta temporal y me pide que vaya a la sala y espere el llamado del médico. La mujer de silicona se va después de decirle a la madre del niño fracturado que a su regreso lo atiende. Desaparece por un pasillo largo y oscuro.
En la sala de espera no hay sillas libres, nunca las hay. Los coleros que iban delante de mí, están sentados en el suelo. Bueno, no me queda más que hacer lo mismo que ellos. ¡Tanto trajín para pagar un platal por perder mi dedo meñique! Lo curioso es que en el último lugar, sentada en la misma silla, continúa la muchacha ojerosa con cola de caballo. Su sonrisa despierta… la mía se apaga.
Turno 05 …




