¿Separar al profesor del crítico no nos llevaría a crear una comunidad de lectores conformistas? Pues yo te devuelvo otra pregunta: ¿enseñar lectura crítica es lo mismo que formar a un crítico literario?

 

Por / Lord Violeta

Necesito que imagines un peladero empolvado donde unos mozalbetes patean lo que fue un balón de fútbol. Las dimensiones de la cancha se amplían de acuerdo con la zurda o la derecha de fulanito o zutanito. Ahora, entre la nube de polvo, quiero que perfiles a tu preferido y lo vamos a llamar Peter. Peter sueña con que alguna vez alguien estará donde te ubicas, se anima con su dominio de la esfera y termina por ficharlo. Por eso juega con la mayor técnica posible, es amigo de todos, no le interesan los goles a cualquier costa, él prefiere el verbo jugar sobre el competir.

Justo en ese momento en que hemos detenido la cámara en Peter, lo empuja Noval, quien no cree que esto sea deporte o juego, no, para él no habrá una segunda oportunidad sobre la tierra y por eso deja el alma en la cancha, su equipo es un ejército que le debe obediencia ciega, sin derecho a réplica, celebra sus goles descamisándose y golpeándose como gorila.

Buscas entre los animadores del encuentro la mirada de alguna chica que sirva de trofeo al vencedor, pero, llegamos tarde y por eso ves que la bola la toma en sus manos Tea y dice que ella y sus amigas van a jugar también. Se retiran los flojos, Tea y sus amigas equilibran los equipos en número y continúa la confrontación.

Es un partido que no pasará a la historia. Se recordará a los que marcaron goles, pero no al ballet con que fueron logrados. Cuando en el barrio nazca un Bacca, un Cuadrado, un Rodríguez, el anciano de los helados dirá que cómo no iba a ser de ese terruño de donde iba a nacer tremendo crack, si nunca dejó de rodar la pelota con un Peter, un Noval o una Tea magnífica que llegó a ser más importante que los mismos muchachos.

Así mismo es la literatura de la región.

¿Cómo pretenden los escritores de la ciudad y veredas vecinas saber si están jugando bien si carecen de una camiseta que les patrocine el juego? Aquí no se ha inventado el fútbol profesional porque no hay un sello editorial con un equipo técnico en capacidad de llevar al jugador a dar lo mejor de sí. Hombre, sí, hace un rato me dijiste que hay más de cinco proyectos editoriales en juego y varios portales literarios que van a ayudar a que exista ese “deporte”, como algo más elaborado del juego.

¿Qué a dónde quiero llegar? Para que el juego de la literatura pase a ser deporte necesitamos la figura del crítico. No, no el académico, no el profesor. Quiero pensar en las cosas importantes que dijo recientemente Diego Vélez Quiroz. Una de ellas, y como corresponde a un hombre que es poeta y novelista, además de profesor, es que habló de “ecosistema”. Como poeta, trasladó el concepto de una ciencia a otra, como novelista nos instauró en una narrativa y como profesor nos interpeló el papel que asumimos: jugamos o vemos el juego. Lindo, el chino ese.

Bibliotecario no es lo mismo que librero. Lector no es lo mismo que aprendiz. Maestro no es lo mismo que crítico. Editor no es lo mismo que mecenas. (¿Por qué no me ocupo del lenguaje incluyente? Porque el staff LGBTIQ+ nominará a alguien para que lo haga).

¿Separar al profesor del crítico no nos llevaría a crear una comunidad de lectores conformistas? Pues yo te devuelvo otra pregunta: ¿enseñar lectura crítica es lo mismo que formar a un crítico literario?

Te respondería, de no ser porque eso me quitaría la posibilidad que realmente me interesa. Antes que pontificar dogmas, tengo una propuesta que hacerle al ecosistema literario de la ciudad. ¿Por qué no describimos esa rara avis que consideramos extinta de nuestra biodiversidad? ¿Cuál es su lugar de enunciación real en nuestro entorno? No cuestiono que puede haber atravesado las aulas universitarias y que puede describir el juego en el peladero desde el ciberespacio. No me sorprende que sea una mujer en una ciudad donde el nombre más socorrido por fuera es el de Albalucía Ángel.

Mis queridos platónicos: les estoy proponiendo que describan la “idea” de crítico que tienen en sus cabezas. Mis queridos aristotélicos: ¿cuáles son los hombres, las mujeres, los sujetos-en-tránsito y los no-binarios en los que se materializa el oficio de la crítica?

¿Y que tal si luego de reunir sus experiencias al respecto, los nominamos como jurados para unos juegos literarios, así como los retos que llevaron a Tomás Carrasquilla a escribir la primera novela sobre Medellín, cuando sus amigos le dijeron que esa Villa no daba para una obra y él les contestó con Frutos de mi tierra? ¿O sea, la misma historia, que seguro conocen mejor, sobre esa noche en que se propuso una novela de terror?

Quizá después de torrentes de sudor, uno que otro raspón, algún madrazo, protagonismos individuales, jugadas en equipo, pitazos de jueces, celebraciones sin camisa, besos de ocasión entre jugadores del mismo equipo, performances de espectadores que corran desnudos por la cancha, intercambios de prendas como reconocimiento al juego del otro, narradores que exalten los ánimos y muchos espectadores – sin lectores somos el gato que cae en el armario o el ruido del árbol talado–; algún visitador ocasional que perfile, fiche y abra las puertas de las ligas para clubes y selecciones.

Si aceptas mi invitación, acepta mi primera condición: todas las corporalidades poseen el mismo valor, por lo tanto, debe asumirse sin sombra de duda que no se valen ataques fundados en la vida privada, familiar, en ejercicio profesional, ni titulación académica; tampoco en orientaciones religiosas, políticas. ¿Exagero? No. Créeme. Hemos estado demasiado expuestos a la desaparición, al desplazamiento, al modus operandi de guerrillas, paramilitares, narcotraficantes. Al blanqueamiento, a la colonización, al ninguneo, al chisme, al panfleto, al cisma, a la expropiación, a la esclavización, que lo que menos quiero es que en el ejercicio literario alguno de los nuestros no trace los límites de su credo.

¿Firmaré con mi nombre?

No. Aún no. Vélez Quiroz, el único para con quien tuve un calificativo, tendrá que perdonarme el exceso de confianza. Soy demasiado arrogante como para que no se ahogue esta propuesta antes de germinar, si la rubrico.

Mientras, seré… Lord Violeta.

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