No podemos dejar de preguntarnos, ¿qué pasaría si buscáramos en la historia lo que había antes de todo?, sí, antes de ese todo que nos vendieron como vida: la religión, el dinero, los edificios, las fronteras, las banderas. Seguramente muchas cosas serían distintas, tal vez dejaríamos de buscar nuestra esquiva identidad donde nunca la vamos a encontrar. Quizá veríamos nuestro propio rostro, el verdadero, reflejado en los ojos del abuelo que se aferra a su lengua nativa o lo poco que queda de ella, o en las manos de las abuelas cocinando el maíz o en los pies de los jóvenes caminando su montaña.

Fotografías / Santiago Ramírez Marín – Texto / Natalia Ramírez

Carnaval del perdón