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Texto y fotografías por Quinaya Qumir

Al recorrer las calles empinadas  de Marmato, el pesebre de oro de Caldas, queda una cosa muy clara, la minería lo es todo allá, es el oficio de todos porque sus casas son minas. Abuelos, hijos y nietos le trabajan al oro de la montaña, y cuando no es así, es porque hacen parte del curioso fenómeno de “los nuevos ricos” que vendieron sus minas a inversionistas extranjeros. Pero en un pueblo nunca falta el personaje. Ese que todos conocen porque es diferente; es el caso de Luis Gonzaga Díaz, quien se me presentó como el compositor del pueblo, un hombre sensible que resumió la experiencia de ser marmateño en una canción:

“Marmato se está acabando
Marmato ya quiere hundirse
porque le están desquiciando
la parte que tiene firme
y yo como estoy nervioso
ya voy a vender la mina
voy a salir de pobre
y a salir de la ruina
también eché una molida
me quedaron cien millones
me persiguen las sardinas
tengo amigos por montones
ya voy a vender la mina
no voy a joderme más
que más le pido a la vida
ya voy es a descansar”.

Originalmente en: https://goo.gl/7df1Ia