…¡No importa! orondos y descuidados, endeudados y de codo empinado, así viven felices la mitad de los queridos colombianos…

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¨La felicidad (del latín  felicitas, a su vez de felix, “fértil”, “fecundo”) es un estado emocional que se produce en la persona cuando cree haber alcanzado una meta deseada. La felicidad suele ir aparejada a una condición interna o subjetiva de satisfacción y alegría.¨

MATEO MATIAS1Por Mateo Matías:

En la región Noroccidental de América del sur cambia el concepto de felicidad, más no la felicidad:

La felicidad ( De la jerga criolla ¨Botello¨, a su vez de ¨Vaca¨; sí, la vaca para el botello) es el estado emocional, la cúspide de la República Colombiana, la exactitud austera de la plenitud -Ni más, ni menos-  de los Colombianos. Viniendo de bocas tan eruditas en el campo de la sociología como la de Erich Fromm: ¨El hombre moderno vive bajo ilusión de saber lo que quiere, cuando en realidad, desea únicamente lo que se supone socialmente ha de desear¨ se  contrapone con gran peso al colomsapiens ¨moderno¨ de la cuarta nación del territorio que conlleva América del sur. Los llamados ¨Colomsapiens¨ son una contraposición, el antónimo más voraz de los pasados Precolombinos. No es precisamente una ilusión bajo lo que viven, la mentalidad promedia es autarcía cuando se le conviene, es vivir por encima dé, sin importar lo qué; imponentes como Colón en la conquista de América.  Desean  el producto con mayor raking en el entorno social sin importar si el bolsillo va en picada.

¨¿En general, se siente muy feliz, feliz, ni feliz ni infeliz o muy infeliz?¨ es el traba lenguas de la firma Wingallup, que sin preámbulos y yendo al grano traduce: ¨Querido Colomsapiens promedio ¿Usted es feliz o vive de mala leche?¨  Corta, eficaz y directa, no toma más de dos minutos hacerle cara y responder.  Claro, no conlleva tiempo, los hombres patriotas, los seres con sangre tricolor y alma de colón; pero no de independencia, sino pachanguera y futbolera. Respondieron sin dudarlo y se declararon dueños de una felicidad que ni el gobierno les embarga.

Entre sesenta y cinco países, la gratitud, lo que es estar contento, la felicidad de parroquia -impregnada como agua bendita- vino a dar a un país subdesarrollado, con una deuda externa -no es que se haya prestado un pedacito de esa felicidad que se predica pero poco aplica- que impide un buen arranque para la inyección del propio capital. A esto se le da una importancia muy reducida, la más mínima atención; ¡No importa! orondos y descuidados, endeudados y de codo empinado, así viven felices la mitad de los queridos colombianos.

Innumerables actividades sociales, comerciantes y económicas tienen poca viabilidad y estrategia, no son similares a las aperturas de crecimiento Europeas (aunque ésta también anda en banca rota) pero no se asemeja con la república colombiana; a los colombianos se les rompe la banca y son felices. ¡Carajo! se les rompe la bandera con sangre derramada de una paz poco tratada y aún así la serotonina fluye en el cerebro con ímpetu ¡SON FELICES! pero aún más felices a la hora del partido; remiendan la bandera con suprema cautela y gritan como los hinchas del Boca Juniors y River Plate en el clásico de la Bombonera.  Da pena saber, que a la hora de un encuentro popular por ¨X¨ o ¨Y¨ razón de disgusto social, el colomsapiens tiene déficit de vista: ve y se hace el ciego. -Ah, qué pereza ome, después del canto futbolero se vuelve afónico y discreto.

Plagiando modelos de vanidad europea y no métodos viables de producción, así están contentos los compatriotas. De buenas pulgas, pero borracho mentando madres a diestra y siniestra. ¡Felices¡ como nos postulo Wingallup, como el encabezado de la revista Semana; ¡Sí! felices colándonos con ganas en el transmilenio, sonriendo a la foto de  algun periodista de El Tiempo.