Tampoco se trata de arremeter contra la constitución ideológica del Polo Democrático, pero lo que sí deja entrever es la fragilidad partidaria e institucional de ese movimiento, a causa de sus divisiones internas, pues donde no hay consenso ni trabajo en equipo…

 

JUAN CAMILO MENDEZPor: Juan Camilo Méndez Giraldo

Seguramente nos toman por sorpresa las nuevas jugadas, al mejor estilo de ajedrez, en los nombramientos ministeriales del Presidente Santos. Y no es de esperar menos en relación con la astucia y avaricia política del mandatario de los colombianos, pues a como dé lugar está convencido de alcanzar el logro de la Paz en su Gobierno, cuéstele lo que le cueste, gústele a quien le guste.

Por otro lado, hay quienes no están muy contentos, con dichos nombramientos, empezando por el Senador más votado del Congreso de la República, Jorge Enrique Robledo, quien manifiesta su disensión e inconformismo con la excandidata a la Presidencia de la República en 2014, Clara  López Obregón, y a quien posteriormente pidiera renuncia protocolaria a la Dirección Nacional del Partido.

Tampoco se trata de arremeter contra la constitución ideológica del Polo Democrático, pero lo que sí deja entrever es la fragilidad partidaria e institucional de ese movimiento, a causa de sus divisiones internas, pues donde no hay consenso ni trabajo en equipo, difícilmente, se va a sostener un legado contundente que genere credibilidad en los electores, con fines altruistas, y no destinados a la pauperización que al contrario han logrado otros sectores de la izquierda colombiana.

pantallaLo que no encaja de manera alguna, y lo que en una u otra medida nos genera cierta indignación, es esa incoherencia política e ideológica de algunas figuras de la política colombiana, que en medio de la exaltación emocional, en plena campaña  expresan  cualquier frase proselitista y demagoga, al mejor ejemplo de la nueva Ministra del Trabajo cuando era candidata (ver trino).

Lo que deja entrever, o las ansias de figurar en la intención de voto en un país que traga entero, o la manifestación opuesta a un gobierno “neoliberal” y politiquero, según la definición de algunos líderes de izquierda.

Que si derecha, izquierda, centro, o representantes de comunidades étnicas… no tanto, el meollo del asunto es develar con exactitud la conveniencia política de nuevos “talentos” a las necesidades concretas del país, sin omitir que no es más que una artimaña del estratega Juan Manuel, tal y como si estuviese de novato y su objetivo fuese el de hacerle jaque mate a la situación actual del país, pues si no le funciona, improvisa con otra lista, y así sucesivamente.

Al caso del Ministro de Transporte, Jorge Eduardo Rojas, quien en el año 2014 ocupó el tercer lugar entre los mejores alcaldes del país, con un 78% según el Centro Nacional de Consultoría, no ha generado indignación visible; mientras que las figuras más visibles  del PDA y la Alianza Verde, han manifestado su inconformismo, arguyendo de que ese  no es el ideal para la consecución de la paz, y de que ninguno de los hoy Ministros (Clara López y Luis Gilberto Murillo) representa en ninguna manera a esas colectividades, toda vez que dicha aceptación se hace a título personal.

Y si en la pluralidad política e inclusión pretende ampararse el Presidente, para justificar el origen de sus nombramientos, en el caso del nuevo Ministro afro Luis Gilberto Murillo valga la pena refrescarle la memoria, porque si hay alguien que está olvidado en este país son los afros e indígenas, y ni hablar de las minorías religiosas que en este país, que no tienen cabida,

Por tanto, pudo más la ambición del Presidente de alcanzar la firma de la Paz, al incluir líderes de todos los sectores políticos, que le faciliten la comprensión de los acuerdos de paz en sus adeptos y de esta manera ganar más popularidad. Se trata en fin de recuperar, porque aunque no sea más que una cifra, su imagen desfavorable, lo que sí aludió en su improvisado nombramiento, fue el de darle una lección de ego a su adversario Uribe Vélez en al menos intentar algún acercamiento con un miembro del Centro Democrático, que no exhiba su fanatismo ideológico, y esté dispuesto apostarle a una paz con condiciones.

Para finalizar, solo queda reiterar el sentido de alguna de las frases más coloquiales y cotidianas del colombiano: No digas de esa agua no beberé, porque bogando terminarás.