Distopía y distópico

Dicen los articulistas que las distopías clásicas son Fahrenheit 451 de Ray Bradbury, Un mundo feliz de Aldous Huxley, El cuento de la criada de Margaret Atwood, entre otras.

 

Por: Iván Rodrigo García Palacios

Distopía y distópico. Sí, ambos conceptos se pueden aplicar con tranquilidad y gusto para formarse una idea que ayude a comprender lo que está sucediendo en los Estados Unidos con el nuevo presidente, Mr. Trump, quien, por todos los síntomas, es el ejemplar preciso para un personaje distópico, así todavía no se pueda decir que lo que tiene en mente es la realización de una distopía, aunque aún es pronto para negarlo.

Empecemos por las definiciones. Dice el diccionario de la Real Academia de la Lengua:

Distopía: Representación ficticia de una sociedad futura de características negativas causantes de la alienación humana.

Para distópico, se puede decir que es la persona que ve el mundo y su vida como una distopía y la de Mr. Trump no es propiamente “el sueño americano”, es más bien otro tipo de “belleza americana”.

Lo otro que hay que decir, es que la literatura de distopías ha despertado una especial atracción en los últimos días y que las ventas de las novelas más representativas del género se han incrementado hasta en miles por ciento, como lo publica The Washington Post, en un par de artículos recientes (uno y dos). Dicen los articulistas que las distopías clásicas son Fahrenheit 451 de Ray Bradbury, Un mundo feliz de Aldous Huxley, El cuento de la criada de Margaret Atwood, entre otras.

Pero, en el caso de Mr. Trump, la que ha despertado la mayor atracción y temor ha sido 1984 de George Orwell, pero no tanto por el mundo que pinta, por ahora, sino por ese asunto del manejo de la información y la verdad (algo sagrado para los periodistas estadounidenses) que, como se ha podido constatar, tanto él como sus cercanos asesores manejan con orwelliana habilidad.

Por un lado, la necesidad imperativa de imponer la visión de un mundo falseado por medio de noticias amañadas y la obstinación, hasta la amenaza, de imponer una mentira, tal el caso de las multitudes inexistentes en la ceremonia de juramento. Por el otro, tal y como lo hace Orwell en 1984, el invento de la “Neolengua”, esa en la que se elabora y desarrolla el “doblepensar” por medio del cual se realiza “la mutabilidad del pasado” y, agregaría, del presente y del futuro, tal y como puede interpretarse aquello de “Alternative facts” que tanto escándalo causó el pasado domingo cuando Chuck Todd, el conductor del programa de televisión Meet the Press de NBC, confrontó a la asesora de Mr. Trump, Kellyanne Elizabeth Conway, al reclamarle firmemente que los “Alternative facts”, como ella decía, no eran otra cosa que falsas informaciones y noticias, mentiras.

Pero, más aterrador aun que la distopía orwelliana, es la amenaza palpable contra el futuro de la humanidad, cuando Mr. Trump y sus cómplices niegan y borran, para su propio beneficio pecuniario, las ciencias. Tal el caso del cambio climático y 60 años de investigaciones sobre el impacto de la acción de la humanidad sobre el planeta y, también, la creencia de que las vacunas son nocivas para la salud, pues provocan el autismo y otras enfermedades en los niños. En fin, para no hablar de los derechos de propiedad y explotación sobre todo lo descubierto y por descubrir, un sueño en proceso de realización como lo muestran Monsanto y los fabricantes de medicamentos

En términos generales, se puede decir que Mr. Trump sí sueña con una distopía y que la misma es la representación, para nada de ficción, del sueño de los caudillos, desde reyes, emperadores e instituciones ya muy antiguas como la Iglesia Católica, hasta los dictadores más recientes del siglo pasado, mejor conocidos por lo recientes y dementes. Pero es temprano para decir que, si Mr. Trump tiene ese sueño, lo exprese abiertamente, pues la sociedad estadounidense, que ya lo sospecha, se lo dejaría realizar. Un buen ejemplo fue el caso de Mr. Nixon.

Pero ese es el reto. Lo cierto es que Mr. Trump cuenta con una estrategia y unas herramientas muy poderosas de las que apenas se sabe algo y estas son la de la alienación y la manipulación por medio de las redes sociales y demás aplicaciones en internet, tal y como lo demostró durante su campaña presidencial y lo sigue haciendo, con lo que, para empezar, ha mostrado que las herramientas analíticas y estadísticas no sirven para descubrir motivar las bajas pasiones de las multitudes resentidas y que si es posible desarrollar métodos para alienarlas y manipularlas, tal y como él lo hizo con el apoyo de Putin y otros cuantos que ya irán apareciendo en el ambiente.

Pero lo peor es que Mr. Trump ahora tiene el poder y el pleno apoyo de los tiburones financieros de Wall Street a los que les prometió desmontar todas las regulaciones y controles a sus negocios y especulaciones, así como está cumpliendo con los fabricantes automotrices para borrar las regulaciones para los efectos medioambientales.

Así que, con dinero y con poder, la distopía está pintada y realizada. Que cada cual haga su propio cuadro o su propia novela de conspiraciones. Un buen material de lectura es el artículo de Pablo Gentili en El País: Trump y el sistema.

Que la fuerza los acompañe, pues la resistencia ha empezado. Primero fueron las mujeres las que se pusieron los pantalones. Segundo, Greeenpeace ya montó la pancarta de la resistencia sobre la Casa Blanca. Aquí, quiero acordarme que Albert Camus perteneció a la Resistencia francesa.

Felices sueños, como decía el señor Hitchcock en su famosa serie televisiva.

Definitivamente, “nada hay nuevo bajo el sol” y que el buen entendedor entienda; las conexiones abundan.