A propósito de los regionalismos

El vivir en la “civitas” era lo que legitimaba el ser civilizado, culto. Para no ir tan lejos, entre nosotros aún hoy se utiliza el término montañero para referirse de una manera despectiva al campesino.

Por: Víctor Zuluaga Gómez

El fenómeno de la territorialidad entendido como la defensa a ultranza de un espacio, hasta convertirse en lo que usualmente denominamos “regionalismo”, es un elemento que no conoce ni espacio ni tiempo. Los griegos, por ejemplo, fueron enfáticos en declarar que aquellos pueblos que no vivían en ciudades, estaban condenados a no desarrollar el “logos”, la razón. 

No es difícil entonces entender que el calificativo de “incivilizado” se aplicaba por lo mismo a todas aquellas comunidades que no vivían en ciudades. Es claro que los griegos tuvieron una época en la cual fueron nómadas y en donde el concepto de “polis” era aplicado al sitio en donde se encontraba establecida la comunidad. Pero ello implicaba que la “polis” era movible, no constituía un punto geográfico fijo. Era algo parecido a lo que ocurría con los incas del Perú: Cuzco no era un punto geográfico sino el sitio en donde se encontraba el Inca.

Si hacemos la revisión en el caso de Roma, bien es sabido que aquellos que en determinado momento eran parte de las bandas de asaltantes que atacaban a los comerciantes que llegaban al sitio en donde iría a fundarse la ciudad de Roma, consideraban a los pueblos vecinos como “bárbaros”, para poder hacer la distinción entre las comunidades que vivían en “ciudades” y la civilidad. El vivir en la “civitas” era lo que legitimaba el ser civilizado, culto. Para no ir tan lejos, entre nosotros aún hoy se utiliza el término montañero para referirse de una manera despectiva al campesino.

Caucanos y antioqueños

Ahora bien, para nadie es un secreto que en el Cauca y en Antioquia se consolidaron dos comunidades diferentes desde el punto de vista cultural. Grupos étnicos que estuvieron enfrentados durante casi todo el siglo XIX, cada uno intentando imponer unos modelos en el campo político, económico y religioso.

Podríamos decir que mientras los caucanos pertenecientes a la clase hegemónica eran liberales, federalistas, librepensadores; los antioqueños se caracterizaban por ser católicos, centralistas e individualistas. Naturalmente que hacer una caracterización simplificada es peligrosa y se incurre en generalizaciones que no son correctas. Las paradojas abundan: los caucanos  (la élite) fueron esclavistas, pero también fueron abanderados de la liberación de los esclavos. Casos para mostrar, muchos: Tomás Cipriano de Mosquera, José María Obando y José Hilario López. Igualmente paradójico es el hecho que siendo Antioquia una comunidad tan católica, apostólica y romana, fuese la que más se opuso a la liberación de los esclavos.

Todo lo anterior nos muestra de manera clara que las posiciones regionalistas son más posturas de impulsos, de instintos, que como resultado de un análisis racional. Porque la verdad es que cuando calificamos al otro, lo hacemos desde nuestra perspectiva cultural. Y nuestra perspectiva cultural nos señala que son nuestros valores los que se deben imponer sobre los que comportan los demás. 

O sino que lo digan los gringos cuando se han autodenominado los “gendarmes del mundo” y son los que tienen que decidir dónde y de qué manera hay democracia en cualquier parte del mundo. O también que lo digan los defensores de los “Derechos Humanos” cuando descalifican de una manera tajante la ablación del clítoris entre la mujeres emberas, desconociendo las motivaciones míticas que encierra dicha práctica. Esto para decir que es necesario conocer los fundamentos de los valores de los diferentes grupos étnicos que componen una región o un país, para poder tender los puentes necesarios de diálogo y construcción de unas relaciones más respetuosas y armónicas.

Hace pocos días recibí un ejemplar del periódico cartagüeño La Voz Independiente, y encontré dos artículos de Gustavo García Vélez en donde señala que los antioqueños llegaron a estos territorios caucanos debido a la infertilidad de sus suelos (por no morirse de hambre, dice). Pero dice también que los caucanos tenían un modelo económico casi feudal, mientras que los antioqueños practicaban un capitalismo salvaje. Pienso que la utilización de términos como “feudal” no enaltece a nadie, pues hace alusión a una clase social parásita que vivió a costa del trabajo y sudor de los siervos de gleba durante la edad media. Pero quisiera recordarle a Gustavo García que el régimen económico que existía en la Provincia de Popayán a finales del siglo XVIII no era precisamente el feudal, sino el esclavista, que a mi modo de ver, tampoco es motivo de orgullo para quienes estuvieron al frente de la esclavización de seres humanos.

No hay duda, como dice el escritor citado antes, que entre caucanos y antioqueños hay “dos talantes” bien definidos. Yo diría que son grupos humanos distintos, con sus vicios y sus virtudes.