GUSTAVO COLORADO IZQLo único que parece  hacernos  sentir parte de un destino común son las victorias de la selección de fútbol: personas que  ni siquiera gustan de ese deporte se ponen la camiseta, y se lanzan vociferantes a calles y plazas ante el mínimo triunfo.
Por Gustavo Colorado G.

Lo hemos repetido tantas veces que se volvió un tópico: somos sociedades al garete, carentes de un mínimo proyecto colectivo distinto al gestado por la manipulación de los caudillos, la publicidad y los medios de comunicación. Lo único que parece  hacernos  sentir parte de un destino común son las victorias de la selección de fútbol: personas que  ni siquiera gustan de ese deporte se ponen la camiseta, y se lanzan vociferantes a calles y plazas ante el mínimo triunfo. Pero se trata solo de reacciones emocionales y, por lo tanto, efímeras.

Las razones para ese estado de cosas son múltiples: desde la alienación propiciada por el mercado hasta el ejercicio de la política concebida como un negocio particular, sin vinculación alguna con un objetivo común. Por eso mismo no existen políticas de Estado sino actos de gobierno o, peor aún, intereses de gobernantes y grupos de poder.

Al no existir mirada de conjunto y a largo plazo, las administraciones se diluyen y despilfarran recursos en el más puro activismo. Una alcaldía pone en marcha una serie de acciones en las que se invierten recursos públicos y esfuerzos humanos muy importantes. Independiente de si los resultados fueron buenos, malos o regulares, una vez concluido el periodo de gobierno llegan otros grupos con sus propios intereses y desmontan lo ya consolidado. Vivimos así en una constante improvisación que solo puede conducir al desperdicio y el retroceso.

Sucedió con la Calle de la Fundación. Motivados por la celebración de los ciento cincuenta años de Pereira, varios colectivos de ciudadanos consiguieron que la administración de Enrique Vásquez respaldara la realización de actividades culturales y artísticas el último viernes de cada mes, como una forma de apropiación de lo público desde la creatividad y la lúdica. Eso implicaba la habilitación de las calles para artistas y peatones, lo que supuso de entrada la oposición de comerciantes y conductores. Los primeros argumentaban perjuicios para sus ventas, mientras los segundos hablaron del impacto negativo en la movilidad.

Ahí empiezan las dificultades: somos incapaces de priorizar, aunque sea durante una jornada, los intereses públicos sobre los particulares. A eso le sumamos nuestro pobre concepto de movilidad: pensamos que las políticas en ese frente se reducen a vehículos y conductores. Obviamos así lo más importante: que la movilidad demanda la participación propositiva de todas las personas que habitan o visitan una ciudad.

Desconociendo lo alcanzado, y argumentando factores normativos y operativos, la alcaldía de Juan Pablo Gallo decidió que no habrá más tomas culturales de la Calle de la Fundación. Eso, a pesar de los significativos avances registrados durante la experiencia. El simple hecho de disminuir los niveles de ruido, congestión y consiguiente agresividad representaba ya una ganancia. De modo que habrá que reiniciar de cero o levantar carpa en otro lado.

Lo más delicado es que eso sucede en una ciudad que ha despilfarrado durante décadas la oportunidad de vigorizar sus parques como punto de encuentro entre quienes la habitan. Solo la iniciativa de algunas instituciones culturales y unos cuantos artistas ha conseguido recuperar espacios tan valiosos como los parques Olaya Herrera o Rafael Uribe Uribe.

Como no se trata aquí de atizar una confrontación, extendemos la invitación a la alcaldía de Pereira, sobre todo a los responsables de aspectos tan vitales como el tránsito, la cultura , el comercio, la convivencia y la gestión del espacio público. De igual manera se hace necesario que los gremios vean la ciudad más allá del impacto en sus cajas registradoras. Los artistas y gestores culturales deberán estar atentos a la conciliación sin retrocesos y los medios de comunicación tendrán que enjuiciar menos y reflexionar más. Por esa ruta podremos alcanzar un punto de encuentro, una coincidencia de intereses que, al menos en cuanto a la concepción y uso de lo público, haga de la nuestra una ciudad un poco más amable.

PDT . les comparto enlace a la banda sonora de esta entrada