No soy un ambientalista, pero desde aquel momento empecé a tomar conciencia del valor del agua como fuente de vida; dadora de felicidad matinal con la ducha fría y de angustia para tantos cuando el invierno la trae sin limitación

Por: Édison Marulanda Peña |

La primera vez que fui al Chocó era diciembre de 1987. Aquel viaje, que duró ocho días y abarcó tres municipios, me dejó sentimientos divididos por la situación de sus ríos. A unos la explotación del oro a nivel industrial por compañías extranjeras les arrebató para siempre su pureza y a la palabra diáfanos la exilió en la retórica. Era una práctica que coexistía con la extracción artesanal efectuada por mujeres y hombres. No conocían otra forma de ganarse la vida, salvo la búsqueda obsesiva  de un tomín, un castellano o unas onzas de oro. Y la contradicción palpable: una geografía bañada por ríos y de cara al Océano Pacífico como Nuquí, pero poblaciones enteras carecían de acueductos, de agua potable, un atraso que costaba vidas de niños inocentes.

Una mañana en una salida a la zona rural, que exponía a los caminantes a reconocer su estado físico en la temperatura alta de una región húmeda y sin árboles altos en el trayecto que regalaran sombra, un  afrocolombiano de unos 30 años que servía de guía se detuvo y profirió una frase espontánea: “tengo una sed milenaria”, dijo sin darse cuenta de que estaba haciendo poesía y, de paso, resumía el drama del desarrollo negado a sus coterráneos. Gente buena que conservaba una vida sencilla, sin las ambiciones, el consumismo ni mezquindades que han colmado el corazón de la mayoría de citadinos.

No soy un ambientalista, pero desde aquel momento empecé a tomar conciencia del valor del agua como fuente de vida; dadora de felicidad matinal con la ducha fría y de angustia para tantos cuando el invierno la trae sin limitación; agua como posibilidad de generar condiciones de igualdad o desigualdad entre los pueblos de  la tierra.

El próximo 22 de marzo es el Día Mundial del Agua, coordinado por la Organización de las Naciones Unidad para la Alimentación y la Agricultura, FAO. Esta vez el tema del agua está ligado al de la seguridad alimentaria como una prioridad en la agenda del 2012.  Las cifras llevan a reflexionar sobre las dificultades de proveer alimentos y agua suficiente, pues se calcula que para el año 2050 el planeta tendrá 9 mil millones de habitantes.

En fechas significativas como esta hay que recordar a quienes han sido defensores de la vida a través de la formación de una conciencia por los recursos naturales y han alertado sobre las amenazas contra el planeta que nos acoge, pese a ser unos necios.

Uno de ellos fue el hombre de radio Hammer Londoño, quien creó la emisora virtual OCÉANOS, pero que desapareció cuando aquel murió en septiembre de 2010 en EE. UU. Unos meses antes su gran amigo y colega Melkin Buitrago le hizo un regalo: produjo un conmovedor audio para la identificación de la estación radial, con bellos efectos y cortinas, que hoy vale la pena transcribir: ‹‹Cuando el hombre salió del mar se llevó el océano consigo. Aquí está el hombre que escucha los sonidos de los mares de la tierra: Océanos, el corazón azul de la tierra. Océanos, agua-madre de todos los seres, agua viva de nuestro frágil hogar, agua de mar de mis células que me recuerda que soy mar. Océanos, aquí está el hombre que escucha tu llamado. Desde el mundo virtual transmite, Océanos, una expedición ecológica por la conciencia del agua y de la vida. Océanos, el corazón azul del planeta››.

[audio:http://www.traslacoladelarata.com/wp-content/uploads/2012/03/Océanos.mp3|titles=Océanos] (Audio de identificación de la emisora Océanos, en la voz de Melkin Buitrago)

Este es el lazo espiritual que une a la generación de Hammer y Melkin con los jóvenes comprometidos de hoy, por el reconocimiento del agua para todos como un derecho fundamental.