En política no se puede mostrar vulnerabilidad de ningún tipo. Como se dice coloquialmente, dar papaya. O si no, recordemos cuando Mockus, en plena campaña a la Presidencia de Colombia, reconoció su mal de Parkinson, hecho que fue tomado por sus contrincantes para desprestigiarlo.

Por: Jonaz

Durante y después de superar en parte su crisis de salud, el vicepresidente de la República, Angelino Garzón, suscitó una serie de conjeturas de diferentes sectores. Mejor dicho, dio de qué hablar.

Dentro de toda su situación hay que entender un elemento -su nombramiento- que para muchos fue una hábil jugada política de Juan Manuel Santos, para acercarse a la clase popular y a algunos sindicalistas, en momentos que era candidato a ocupar la Casa de Nariño. Pero hoy, ¿será que el Primer Mandatario estará seguro de su vice? Solo Santos lo sabe. Eso es como el o la que se casa sin estar convencido o por oportunismo, al tiempo termina de una u otra forma arrepentido(a).

Y es que para nadie es un secreto que Angelino ante diferentes medios de comunicación ha cuestionado ciertas decisiones del Gobierno. De una u otra forma, Santos debe sentir que en su vice no tiene a un funcionario amigo, sino a un contradictor. Este es el caso del hijo rebelde, que de vez en cuando se le sale de las manos al papi y le genera más de un dolor de cabeza.

Otro segmento de la opinión pública, cree que lo mejor para Garzón es solicitar una licencia, para que por un lado él se recupere y por otro, acompañe a su esposa, quien también se encuentra en delicado estado de salud. Pero parece que no quiere ceder el poder. ¡Por algo será!

Pero todo hay que decirlo, hay que recordar algunos recientes episodios del “díscolo” Angelino. Uno, que no se siente muy cómodo con la llegada de otro Garzón al Gobierno, es decir, el ex-alcalde de Bogotá, Lucho y para mayor inconformismo del vice, el otro Garzón, entró a coordinar aspectos relacionados con diálogos sociales. Será un mecanismo de presión por parte de Santos.

Ahora bien, en otra oportunidad habló con un sector de los jubilados y generó cierta alarma, un hecho que para nada benefició al ministro de Trabajo Rafael Pardo. Dar a conocer en este acto y ante los medios que no fue elegido para decir lo que los castos oídos del Presidente quieren escuchar, no sonó para nada conciliador. También se refirió a la necesidad del acercamiento entre Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos, algo que más que un anhelo, sonó como a un mandado. Será que esto Angelino se lo expresó en privado a su jefe. Por qué gritarlo a los cuatro vientos. No, no, no Angelino, qué falta de confianza con su superior. Esto se convirtió en otro argumento para que los contradictores del vice pensaran que estaba haciendo política o no se encontraba en sus cinco sentidos. ¡Pobrecito!

Sus cuestionamientos públicos, aunado a su enfermedad que no fue un simple resfriado y de la que hay secuelas visibles, fue una perfecta excusa para que aquellos personajes cercanos al Gobierno Santos, empezaran a opinar sobre el futuro de Garzón. Lo negativo de la situación no es que expresaran soterradamente su poca o casi nada credibilidad por Angelino, sino que aprovecharan a que estuviese vulnerable de salud para hablar de su salida. Al caído, caerle.

Sumando a lo anterior, que en política no se puede mostrar vulnerabilidad de ningún tipo. Como se dice coloquialmente, dar papaya. O si no, recordemos cuando Mockus, en plena campaña a la Presidencia de Colombia, reconoció su mal de Parkinson, hecho que fue tomado por sus contrincantes para desprestigiarlo.

Regresando a Garzón, para muchos, es cuestionable su proceder, debido a que desde su cargo puede adelantar políticas sociales, pero ha preferido el micrófono. Falta de estrategia.

Para cerrar, desde lo ético, nuevamente salieron algunos como aves de rapiña a esperar  dónde caía la presa herida, para bajar desde el firmamento, beneficiarse de la maltrecha víctima y caerle con todo. Actitud muy propia de aquellos que dejan ver su cerebro de reptil. Ahí les dejo.