Pero eso sí, no se menciona ni informa a los ciudadanos de los despidos que se van a ejecutar entre personal administrativo, músicos, artistas, etc., para poner un grupo burocrático a llenar informes, y a volver tedioso el desempeño cultural en la ciudad.

 

DIEGO FIRMIANO

Por: Diego Firmiano

El alcalde de Pereira, Juan Pablo Gallo, está actuando impulsado bajo intereses difusos con el tema de la transformación del Instituto de Cultura y Fomento al Turismo en Secretaría. Su actitud de “oigo, pero no escucho”, o de intentar endulzar a los gestores culturales con un puesto en la nueva Secretaría es una falta de respeto a la ciudad, que, a propósito, ha progresado culturalmente sin tanta reforma de última hora.

Intereses extraños que seguro ha concretado en escenarios privados, y que las personas que votamos por él y confiamos en su gestión no llegaremos a darnos cuenta, porque según parece, o cree, el pueblo aun conserva el instinto gregario y no es necesario que sepan. Su insistencia, o mejor, su inconsistencia en tomar a la fuerza esa decisión municipal que afecta a miles de personas y familias de Pereira es evidente:

Primero convocó a voceros, representantes y activistas culturale (quienes le habían enviado una carta previamente) para escuchar sus puntos de vista sobre el tema y conciliar, pero al final, la tal reunión se trató de eso, de escuchar las propuestas o inconformidades de cambiar el Instituto de Cultura por una Secretaria de Cultura y nada más. Reunión que resultó una fachada además del retoque mal hecho del alcalde diciendo que propusieran un nombre para postular como secretario o secretaria de la nueva dependencia cultural.

Segundo, se actúa con dolo recogiendo firmas de importantes promotores culturales para intentar frenar la obstinada decisión del alcalde de liquidar el Instituto y vergonzosamente la revista virtual Risaralda Hoy publica como noticia fidedigna que los activistas culturales de la ciudad le manifiestan todo el apoyo al alcalde: “habíamos pensado que lo mejor sería reestructurar el instituto, pero respetuosos de su decisión, las organizaciones culturales por nosotros representadas deseamos manifestar nuestro respaldo a la alternativa institucional que usted propone”.

Tercero, para acelerar el convencimiento (aunque en realidad Juan Pablo Gallo no está tratando de convencer a nadie sino actuando en contra de la mayoría) dice que si el Instituto de Cultura de Pereira recibía tres mil millones como aporte, ahora renovada en Secretaria recibirá 6.000 millones de pesos para su “normal” funcionamiento y no se reestructurarán los procesos artísticos vigentes.

Pero eso sí, no se menciona ni informa a los ciudadanos de los despidos que se van a ejecutar entre personal administrativo, músicos, artistas, etc., para poner un grupo burocrático a llenar informes, y a volver tedioso el desempeño cultural en la ciudad, ya que inicialmente se esbozaba 13 personas que iban a salir del Instituto, ahora, en una carta solicitada como derecho de petición emitida por la concejala Carolina Giraldo, se confirma que son casi 40 personas.

¿Es que nos cree bobos el señor alcalde? ¿O es que (con todo respeto y pregunto a los pereiranos) somos bobos? La cultura no se liquida y el poder es del pueblo, y el pueblo debe ser escuchado y obedecido por sus mandantes.